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PESADILLAS

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Todo comenzó una noche en la que me encontraba en mi alcoba apunto de conciliar el sueño, era tan pequeña y todo me atemorizaba. Cuando apagué las luces y me encontraba sobre mi cama sentí una extraña fuerza negativa. Como la presencia de alguien o de algo que me observaba. Esa vez no le tome importancia y decidí cubrirme con las cobijas. Cuando por fin pude quedar dormida soñé con  un rostro que me dejó perturbada hasta la fecha. Era el rostro de un hombre que tenía unos ojos que te transportaban a un infinito vacío de oscuridad y sufrimiento. Su soledad eran esas cejas tan enormes y pronunciadas que parecían postizas. Tras haber visto esto me levanté de inmediato de la cama, me encontraba muy horrorizada porque aun podía sentir como su mirada se clavaba en mí. Pero al cabo de un rato decidí que solamente había sido una pesadilla.

Después de haberme tranquilizado volví a conciliar el sueño y no ocurrió nada fuera de lo normal.

Dormí un poco inquieta pero ésta no sería la última vez que lo soñaría, ya que a la semana siguiente lo volví a ver. Esta vez estaba tan cerca de mí que podía sentir su respiración sobre mi piel. No encontraba la razón o el motivo de volver a ver esta cara tan espantosa, pero cada noche que lo veía, sentía un gran sentimiento de tristeza y agonía que me paralizaba. La primera vez que le sostuve la mirada, sus ojos me transportaron a un lugar oscuro lleno de maldad, de tranquilidad.

Pero la última vez que lo vi fue diferente porque no desperté, estaba atrapada en mi sueño con ese hombre viendo fijamente a la nada. De repente avanzó hacia mí, mi cuerpo se paralizó por completo. yo sabía que sólo era un sueño y quería despertar pero mi cuerpo no respondía, Por más que me movía no despertaba seguía atrapada con ese hombre ahí entre lo oscuro y lo helado que era el maldito ambiente.

Con todo el esfuerzo del mundo logré rodar un poco mi cuerpo lo suficiente para caer por el borde de la cama. Esto me salvó después de aquella noche, no pude conciliar el sueño durante mucho tiempo después de aquel incidente. A la mañana siguiente decidí hablarlo con mi madre,  la cual me dijo que hace muchos años le había sucedido algo similar, cuando era más joven. Suceso que había decidido omitir; ya que para ella había sido demasiado traumático. Pero al haber escuchado lo que me sucedió, decidimos indagar más a fondo. Y para nuestra gran sorpresa descubrimos que no habíamos sido las únicas personas que habían visto al Señor de los Sueños.

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