Capítulo 1 ¿Qué soy quién?

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Una bruma muy espesa cubría casi la mitad de mi cuerpo. El lugar era totalmente oscuro, pero podía verme a mí misma, algo perdida, caminando hacia la nada. Unos pequeños susurros generaban un gran eco y eran totalmente incomprensibles, por más que intentase no lograba rescatar una sola palabra. Ahora miraba desde mis ojos, aunque no había mucha diferencia, el sitio seguía completamente igual de negro y lleno de humo. De un momento a otro mi nuca comienza a erizarse, y mi cuerpo siente la obligación de darse la vuelta, por más que no quisiera.

A mi espalda, un hombre, algo más alto que yo, vestía de un fino traje blanco. Jugueteaba con lo que parecía una pequeña bolsa de monedas y portaba una sonrisa digna de un ser creído.

-Bienvenida June al mundo de los sueños – Se inclina dándome una pequeña reverencia-. Me llamo Hermes, encantando.- Miro a este hombre sin saber qué decir, él solo me mira, esperando a que pueda pronunciar algo.

-Hola.- suelto. Pestañea un par de veces, algo irritado, como si esperara más. Al ver que sigo sin decir nada vuelve a hablar.

- Bien. Te preguntarás ¿Quién soy? –Hace un gran ademan con las manos- o ¿Qué hago aquí?- coloca sus brazos a los costados, señalando el lugar. Yo solo vuelvo a mirar alrededor y nuevamente a él. Baja los brazos bruscamente algo frustrado junto a un bufido -¿Nada? ¿En verdad? ¡Por Zeus! Solo espero que Atenea no esté equivocada-Habla más para sí mismo que para mí mientras que yo sigo sin expresión, él solo rueda los ojos y continua- ¡Soy Hermes! ¡Dios mensajero! Y he venido a tus sueños a traerte un mensaje del mismísimo Dios Zeus.- Frunzo el ceño.

-Estamos en pleno siglo XXI, pensé que la mitología griega era eso, un mito.

-¡Hasta que por fin hablas!-al parecer, suele gritar mucho- No, no somos un mito, gobernamos los cielo y los cuidamos a ustedes, los humanos.- sonríe. Esto se pone cada vez más raro.

-¿Y qué desea "El Gran Dios Zeus" de mí?- él se acerca un poco más y como si susurrara dice:

-Quiere verte.

Doy un salto en la cama, me siento cansada. Me llevo la mano a la cabeza, nunca más miro Percy Jackson antes de dormir, hace que sueñe idioteces.

-Oh no, no fue un sueño.- Apenas diviso a un hombre al lado de mi cama me tiro al piso al ver que me habla mientras me arrastro hasta que mi espalda toca el placar.

-¡Voy a llamar a la policía!- grito furiosa y saco mi teléfono tratando de marcar rápidamente el número.

-Oh, claro que no lo harás- ríe y lanza en el aire su bolsita de lo que parece monedas, la miro unos instantes hasta que la atrapa nuevamente-. Porque tengo aquí tu teléfono.- Bajo la vista a mi mano y solo veo una pequeña barra de chocolate, la cual estaba en mi mesita de noche hace unos segundos. Mi corazón da un vuelco.

-¿Cómo hiciste eso? ¿Qué quieres de mí?- vuelve a reír.

- ¡Soy Hermes! El ladrón más astuto. Y creo que ya te dije qué necesito de ti. El Dios Zeus quiere verte.

-¿Entonces no fue un sueño?- Miro el suelo desconcertada.

-No- suelta-. Eres lo que llamamos hermaoin.- tuerzo la boca.

-¿Un qué?

-Un hermaoin, un hallazgo afortunado, te lo explicarán cuando estemos en el olimpo.- Se acerca a mi e intento retroceder nuevamente, aunque lo único que hago es pegarme más al placar.

-No ¡No! No pienso ir a ningún lado.- digo furiosa y vuelve a reír.

-¡Pero si ya estamos aquí!

Y como si fuera una ilusión, en un pestañear, el cielo celestino ocupa toda mi vista, brillante y adornado con grandes nubes. A unos cuantos metros diviso un gran edificio blanco, con grandes pilares colocados uno a lado del otro con cierta distancia entre ellos, también dejando espacio a una enorme escalera que se extendía a lo largo hasta la entrada. Todo parecía hecho de mármol, mientras que en la parte de arriba, en el frente, figuras de ángeles estaban talladas en oro de un color amarillo brillante. Entre tanta ostentación, tardo en darme cuenta que estoy sentada en lo que son nubes. El pánico toma todo mi cuerpo y mi primera reacción en colgarme por el tal Hermes.

-¡Por Dios!- A él parece divertirle la escena.

-Por Zeus, mejor dicho, y tranquila, no caerás, únicamente los mortales traspasan las nubes.- Suelto una risa irónica.

- ¿Y qué rayos crees que soy?- Siento como me empuja de su espalda haciéndome caer y soltar un grito. Pero no voy más allá de esa niebla que tapa mis pies.

-Tú dímelo.

Las miradas se posan entre nosotros, por ser un lugar de Dioses portan muy buena elegancia. Una gran mesa de madera brillante –Qué sabré yo qué clase de madera- se dobla haciendo una gran media luna, está algo elevada, al punto en que debo inclinar un poco la cabeza para ver a todas las personas detrás de esta. Me siento observada, juzgada. Al centro de todos, notoriamente más grande que todos los otros Dioses –O al menos creo yo que eso serán- se encuentra un hombre barbudo, vestido con una gran túnica blanca, caía en pliegues y en los hombros parecía tener algo que parecía pin de oro. Él era la mismísima imagen que se me venía a la mente al pensar "Zeus". 

Cum DaemonsWhere stories live. Discover now