Prólogo

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"Y los niños que jugaban afuera, ahora, huérfanos de guerra" Con letras grandes se veía el titular en todos los periódicos de aquel día en el que mi realidad empezó a desmoronarse.

Tokio se sumía en caos. De un momento a otro la pelea había comenzado. Las tropas salían de todos lados; helicópteros, tanques y los soldados, con sus trajes de batalla tomaban la ciudad. La gente corría desesperada, había disparos y explosiones, muchos morían de un instante a otro. Todo era muy rápido. Las personas, con miedo intentaban escapar y esconderse a como de lugar.

En un callejón, un pequeño sentado en el suelo, recostado contra la pared, temeroso de los destellos y estruendos que inundaban el lugar, abrazaba a su madre como si su existencia dependiera de ello. Lloraba con desesperación. La madre, igual o más asustada retenía sus lagrimas y sollozos, también, como si su vida dependiera de ello. Se mantenía firme y lo abrazaba, ahora ella debía ser la fuerte, como nunca antes. 

Los estruendos eran cada vez más intensos y los destellos, que a momentos lo iluminaban todo, y el suelo temblaba. Era violento, casi como un golpe, con mucha ira. 

Ella lo levantó, corrieron lo mas rápido que pudieron, atolondrados, y con mucho terror. Lograron salir del callejón hacia un parque. Un poco aliviados. Aún así caminaban con prisa. La madre se tropieza y cae, empuja a su hijo y con desesperación le grita que corra. Observa hacia abajo unos segundos y luego al chico, que ya estaba un poco lejos. Se alegra, por lo menos el estará bien piensa, y cierra los ojos. Ella explota, volando en pedazos. El niño da su última mirada hacia atrás. Siete años tenía. 

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Casi cinco años de guerra. Los gobiernos parecían querer negociar después de la estrepitosa caída de la casa blanca. Un par de meses más tarde, el conflicto entre naciones se calmaba. Por fin la guerra termina, otra más que termina.

La gente intenta acomodarse, volver a vivir pero, el mundo a quedado en desastre. Las cosas poco a poco empiezan a moverse en las calles, la economía devastada por la guerra intenta reactivarse, algunos comercios importantes vuelven a aparecer, la ciudad comienza a reconstruirse, lentamente. Pero, hay algo, algo que resuena en las calles, de boca en boca. 

Se habla bastante sobre cierto grupo terrorista, la brigada del caos. Supuestamente conformado por demonios que aún sirven al que ellos consideran como el verdadero rey demonio, sangre de la sangre del original Lucifer, su hijo Rizevim Livan Lucifer. Unidos a algunos ángeles caídos que no estaban conformes con la alianza de las tres facciones y su acuerdo de paz, un dragón misterioso y leyendas de otras mitologías, incluso algunos humanos. 

Ningún gobierno lo decía pero el pueblo no es estúpido. Corría el rumor de que la brigada del caos habría influenciado e impulsado a las naciones humanas hacia una guerra de gran escala, una guerra mundial. Infiltrándose y moviendo sus hilos habían logrado, en poco tiempo, poner a los humanos unos contra otros. Por alguna razón no me sorprende. 

Nos tenían miedo. Después del descubrimiento de lo sobrenatural, y billones de dólares invertidos en tecnología militar, se encontró una forma eficaz de luchar contra estos seres. Al principio nos limitabamos  Mantenerlos a raya. Incluso nos aliamos con el cielo. Aunque en realidad, simplemente no nos metíamos con ellos. Creo que fue el sentido común ¿quien se metería con Dios? Irónicamente, Dios había muerto -aunque la mayoría no lo sabía- durante la guerra de las tres facciones. Ahora, con San Miguel Arcángel a la cabeza en el cielo, manteníamos el acuerdo con los ángeles a pesar de eso. 

Cómo siguiente "aliado", estaban  los Yōkais. Son espíritus que habitaron la tierra desde el comienzo y que controlan los aspectos de la naturaleza. Naturalmente el alto mando eligió tenerlos de aliados, aún así podrían considerarse neutrales más que nada -en realidad se les dio un ultimátum: se aliaban o morían-. Solo nos comunicábamos con ellos y nos encargabamos de eliminar a los demonios y ángeles caídos que se escondían en la tierra.

Cuando Dios se fue y las tres facciones llegaron a un acuerdo, nosotros también nos encaminábamos a una posible paz con todos estos seres, donde un mundo nuevo en el que todos podríamos convivir juntos nacería, y por un tiempo se logró. Hasta que la brigada del caos apareció.

La alianza de las tres facciones pendía de un hilo. Siendo atacada por todas partes, esta ya no recibía ayuda de su aliado más poderoso (y potencial enemigo). La humanidad estaba ocupada matándose entre si. Todo era un caos. 

Aún así, en el final no todo estaba perdido. La tercer gran guerra que padecían los humanos parecía terminar y la influencia de la brigada del caos sobre algunos gobiernos se extinguía, poco a poco. Pero el costo fue demasiado alto. No se sabe con exactitud cuantos fueron. Millones de muertos. Niños, niñas, hombres y mujeres. El odio no escatima en gastos. 

Ellos buscaban derrumbar la supremacía armamentística de la humanidad, haciendo que nos matemos entre nosotros con las mismas armas que construimos para defendernos de ellos. Y dejar la vía libre para destruir a la alianza, sembrando muerte y desesperación. Pero no morimos del todo, y lo que no te mata, te fortalece.

Otro período de "paz"  se acercaba y los humanos, apretando los dientes y puños con fuerza, con odio, nos decíamos, mirando a los cuerpos de nuestros hijos quemándose en los campos, jurándonos, que la próxima no será una guerra, será una masacre. 

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Los interesados, pues... manden un mensaje.                                       

                        

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⏰ Last updated: Feb 23, 2020 ⏰

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Dystopia: Arquitectura del odioWhere stories live. Discover now