Pido perdón de antemano por la tristeza, tal vez innecesaria, de esta entrada. Pero me parece inconcebible no hablar de ellos.
Los abuelos eran la figura más alta en la jerarquía matrimonial de mi familia; no por la edad sino por el estilo familiar que siempre tuvimos.
Recuerdo un cumpleaños mío donde ambos entraron a mi cuarto cantándome una canción que no era el feliz cumpleaños pero transmitía el mismo tipo de alegría. El de: "te queremos y te deseamos que los cumplas muy feliz" pero diciendo otras palabras.
Cuando se fueron a vivir al sur, mandaban cajas. Y tengo un recuerdo ilógico de una caja que había llegado con bombones congelados - cuando era físicamente imposible que hubieran mantenido ese estado durante todo el viaje -, bizcochitos de la abuela y una carta escrita de puño y letra por el abuelo Jaime.
No sabía bien qué decía esa carta. Era para grandes (en verdad para papá) pero hace poco, cuando vaciamos el departamento viejo, la encontramos (o yo creo que era esa carta). Encaja con la historia perfectamente porque estaba fechada en plena crisis; Diciembre 2001. Y en mis recuerdos abrimos esa caja enorme en el departamento de Heredia, que tuvimos que dejar un par de años después, porque no alcanzaba la plata para pagar las expensas.
La carta no hablaba de crisis, no con esa palabra al menos. Hablaba como en código. Estaba claramente escrita por el abuelo Jaime. Y lo que más me guardo de esa carta es que fomenta la idea de construir cada uno su "refugio", como puede ser para mí la escritura. Hablaba de crear un refugio para uno mismo y para los seres queridos, y habla de que ése fue el motivo que lo instaba a escribirnos. "Les queremos mucho. Estamos lejos, nos extañamos, hay problemas, pero superaremos todo, porque nos queremos y nada puede vencer este refugio".
Firmaban las cartas juntos, no importaba quién la escribía. Eran un conjunto, un equipo "Rebeca y Jaime". "Los abuelos".
El abuelo llevaba las cuentas de toda la casa. Y cuando digo "las cuentas" me refiero a todo tipo de cuentas. Incluso cuando se juntaba toda la familia (al menos la parte de Buenos Aires) y jugábamos a las cartas. Fuera Carioca o fuera Podrida, siempre anotaba él.
- Si anoto y pierdo estamos en problemas; no sé jugar, pero tampoco sé anotar. - decía entre chistes, guiñando el ojo, cada vez que una nueva ronda terminaba y volvía a ganar. Pero nunca hacía trampa. "Trampas afuera, menos aquí" decía la abuela.
El abuelo hacía ritmos musicales con los dedos sobre la mesa, pero sólo un ratito, como un mantra para pensar qué carta jugar en la siguiente mano. Si alguno de mis primos o yo nos copábamos cantando o haciendo ruido él fruncía el entrecejo sin enojo con los labios como diciendo "sh" pero sin emitir sonido. Agitaba la mano con la palma hacia abajo, casi sonriendo, y asentía con la cabeza.
El abuelo no se enojaba mucho, como abuelo. Tal vez como padre haya sido toda otra historia, tal vez incluso con sus nietos mayores haya sido otra historia. Pero en mis recuerdos no se enojaba mucho. Usaba el respeto que le teníamos para edificar a nuestros padres.
Cuando no queríamos comer, cuando queríamos seguir jugando, cuando hacíamos cualquier cosa que excediera las "leyes de la mesa" o que contradijera a los adultos, siempre se nos advertía: "mirá que si el abuelo se enoja... ¡tiemblan las paredes!" y en ese momento era su voz la que temblaba.
Nunca en los 13 años que compartí con él vi una pared temblar, pero creo que nunca nadie quiso que el abuelo se enojara, por las dudas.
Él era el rey de la casa. No porque alguien le sirviera, ni mucho menos. Sino porque era el que controlaba y manejaba todo. Qué se hace, qué no se hace, que si la tele prendida o apagada y a quién más esperamos para empezar a comer. Lo escribo y lo siento como muy autoritario. A veces me pregunto cuán distinto hubiera sido todo con el abuelo en las épocas feministas que vivimos hoy. Pero pongo las manos en el fuego que nunca nadie tuvo ese nivel de autoridad o de poder impregnado de tanto amor. Creo que ésa era la parte admirable.
KAMU SEDANG MEMBACA
Mis abuelos
NonfiksiPerder abuelos es triste cuando significaban tantas cosas juntas para una familia entera. Éste es un reconocimiento a mis abuelos por todo el amor que me transmitieron siempre, y un "gracias" eterno por cada momento compartido. Para que en vez de pe...
