Prólogo

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-8 años atrás-

Comencé a subir las escaleras de manera apresurada mientras sentía que la emoción me recorría por todo el cuerpo. Claro, no era la gran cosa pasar a cuarto grado de primaria, pero cuando se tienen 8 años, todo parece tan interesante.

Llegué al salón que me habían indicado hace poco más de dos minutos, y desde la puerta comencé a evaluar a todos mis compañeros de curso con la mirada. A casi todos los conocía. Me sabía sus nombres, sus caras y sus formas de ser. La mayor parte de ellos me desagradaba, pero también estaba Ángela, mi única amiga. Le sonreí y entré por fin. Comencé a buscar mi nombre entre los asientos y me sorprendí de que por primera vez no me tocara después de ella, ya que como nuestros apellidos eran con la misma letra siempre nos tocaba sentarnos juntas, y eso sólo podía significar que había entrado algún niñato nuevo.

Miré adelante y me encontré con un chico con la piel clara, cabello revuelto y lunares por toda la cara. Aunque lo más característico de él eran sus gafas, casi no conocía a nadie que las usara. Su cabello era del mismo color que el de Ángela, un marrón claro, mientras que él mío era más oscuro. Sonreí y pensé que podría negociar con él para que le dejara el lugar a mi amiga.

Sin embargo, antes de que pudiera acercarme a él y preguntarle si podía moverse, el timbre sonó y las clases comenzaron. La maestra, que por supuesto no conocía, nos amenazó con castigarnos si se nos ocurría cambiar el lugar y presentó al chico a toda la clase. Era el único nuevo en todo el grupo. Su voz era suave y casi de niña, pero al verlo sonreír, lo hice yo también. Decepcionada, acepté que debíamos quedarnos con aquel niño entre Ángela y yo.

Más tarde, llena de curiosidad arranqué un pedazo de hoja de mi cuaderno de matemáticas y escribí apresuradamente en él. Lo doblé hasta dejarlo bastante pequeño y con mi lápiz llamé la atención del chico. Él volteó a verme confundido y yo le mostré el papelito. Lo tomó con desconfianza y se volvió a su pupitre. Un minuto más tarde me lo devolvió casi de la misma manera. Lo abrí y me encontré con una letra desordenada, pero que nunca olvidaría.

"¿Cómo te llamas? ¿Quieres ser mi amigo?"
Mathew, ¿cómo te llamas tú?

Me apresuré a contestar y le volví a pasar el trozo de papel que él devolvió de manera rápida.

"Mi nombre es Jun"
Mucho gusto Jun, ¿amigos?
"Amigos"

Sonreí tontamente y le pasé el papelito. Lo leyó rápido y me sonrío de la misma forma. Qué fácil era conseguir amigos.




Historia original (2014-2015)
¡Actualmente en reconstrucción!

Septiembre.Stories to obsess over. Discover now