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Había despertado con un súbito pavor que me recorría todo el cuerpo y me presionaba el pecho con fuerza. A mi lado, el cuerpo de mi jefe yacía tranquilo, ajeno a todas las desagradables sensaciones que se acumulaban en mi garganta y me impedían respirar.
Él dormía placido, inmaculado. Con su soberbio y magnifico cuerpo desnudo siendo apenas iluminado por el reflejo de la farola en las blancas cortinas.
Me llene de temor. ¿Y si algún día ya no podía tenerlo más junto a mí?
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Había quedado prendado de él desde el primer día en que lo vi en aquella entrevista de trabajo. Sentado tras un escritorio con su desaliñado traje negro.
Era fuerte, enérgico, con sus rizos desordenados y un agradable sentido del humor. Las formas de sus brazos se marcaban aun a través de su oscura chaqueta y los músculos de su cuello brillaban tensos bajo su resplandeciente piel.
Quedé fascinado.
Me esforcé como nunca en aquella entrevista, solté algunos chistes nerviosos y logré arrancarle una profunda carcajada que retumbo por toda la habitación. A veces aún puedo escucharla dentro de mi cabeza.
Al principio me conformaba con solo verlo. Era común topármelo en los pasillos durante los descansos, con un cigarrillo entre los labios, el semblante serio y un aura imponente que llevaba a los demás a querer estar cerca de él. Me imaginaba a mí mismo sobre su cuerpo, repasando con las yemas de mis dedos cada detalle de su atractivo rostro; tocando sus pómulos marcados y rozando con suavidad las pequeñas y casi imperceptibles pecas sobre sus mejillas, besando la curva de su mandíbula y mordiendo con suavidad su marcada manzana de Adán.
Me encantaba. Todo en él me encantaba y me ponía frenético.
Amaba verle ir de una oficina a otra, de un cubículo a otro, desplegando su excéntrico humor y su extraña forma de interactuar con otros. Era tan sagaz, tan inteligente, tan libre...
Escucharle reír durante las horas de oficina, con esa boca un poco mágica y desvergonzada era la mejor de las melodías.
Pronto, el solo ser un empleado comenzó a parecer poco. Estaba volviéndome más y más egoísta. Quise ser cercano a él, como el resto de los chicos del departamento.
Comencé a llevar su itinerario en mi mente y a percatarme de sus pequeños hábitos que para los demás ya eran obvios; era brusco al hablar, tomaba café cargado sin importar la hora, pasaba demasiado tiempo en el baño y casi siempre había un cigarrillo entre sus labios, incluso aunque no estuviera encendido.
Intentaba aparecer en los lugares que él estaría, siempre tratando de seguirle el ritmo. Iba a la terraza cuando él fumaba, corría a la cafetería cuando él estaba allí, me quedaba horas extras cuando sabía que él tenía más trabajo de lo normal.
Fue allí cuando comenzaron los problemas, cuando los desconocidos sentimientos salieron a la superficie, hinchándose en mi pecho cada que me topaba con él, removiendo mis entrañas de una forma desagradable hasta hacerme sentir nauseas.
Jamás estaba solo, siempre había alguien acaparando su atención.
Sentí celos.
Celos de ese chico castaño llamado Ryan que traía a Josh cada mañana a la empresa, porque sabía perfectamente que aunque se las daba de casanovas era adepto a pasar las noches con él.
Celos de esa chica pelirroja que siempre comía con él en la terraza, porque Josh le tenía un cariño especial.
Pero sobre todo sentía odio. Odio hacia el hombre de ojos oscuros y cabello azabache que visitaba la oficina de Josh cuando creía que nadie estaba cerca.
La furia se removía violenta dentro de mi pecho, golpeándome con fuerza las costillas cuando veía a Josh besarle con avidez, sosteniéndole por las caderas en cada embestida, susurrando guarradas mientras el hombre jadeaba su nombre con el semblante apenas descompuesto.
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ENOUGH || JOSHLER
Fanfiction¿es posible que estemos los dos al mismo tiempo; en un mismo instante, en un mismo cuerpo? ni siquiera la muerte podría separarnos. ¿eso sería suficiente?
