Las manos de Federico se deslizan por mis muslos desnudos. La pared la cual estaba antes congelada ahora ardía en llamas. La pasión desbordaba de todos lados reflejada en cada uno de nuestros movimientos. Los gemidos se escapaban de mis labios y gruñidos salían desde la garganta de Fede. La dulce melodía del pecado nos estaba envolviendo completamente. Pero no me detuve. Era ya incapaz de hacerlo. La necesidad de tener nuevamente a Fede dentro de mi me consumió. No quise detenerme.
-Eres deliciosa -susurra en mi oído. Gemí cuando su lengua roso el lóbulo de mi oreja. Aferre mi cuerpo mucho mas hacia el suyo desesperada por el contacto físico. Mis piernas aun entrelazadas en su cintura. Una de sus manos estaba aferrada a mi trasero y la otra en uno de mis pechos masajeándolo mientras que su boca hacia maravillas desde mi cuello hasta mi cabeza. Si estaba sumida en la excitación- Tan suave, tan bonita. Toda mía -ronroneo. Cansado ya de sostenerme entre sus brazos, me dejo en el suelo. Beso mis manos sonriendo- Donde está tu cuarto -una sonrisa picara se forma en mi rostro y si ya había caído a sus pies. Perdí el poco juicio y orgullo que tenia pero dios si no valía la pena. Caminamos ambos con nuestras manos entrelazadas hasta mi habitación.
Al pisar mi alcoba, los brazos de Fede me tomaron para luego depositarme delicadamente en la cama. Se subió encima de mi cuerpo. No hizo ningún otro movimiento. Solo me miraba. Pero no de la típica manera, era como si solo yo existiera para él. Como si fuera algo único e inigualable.
-En que piensas -dije al fin solo para saber qué era lo que se le venía a la mente a Fede
-Pienso en lo malditamente hermosa que eres y cómo fue posible que ahora estés en mis brazos
-Bueno. Para empezar tu me chantajeas para alejarme de mi novio o ahora mejor dicho ex novio, así el se hace responsable de sus actos en este caso cuidar de su futuro hijo con Annabelle la cual odiaba o puede que aun odie un poco, por ser tan perra conmigo pero la respeto y me pongo un poco en su lugar. Todo había sido iniciado por Deán y bueno para terminar me gustas, yo te gusto y ahora vamos a tener sexo. En si eso fue lo que sucedió.
Negó con la cabeza.
-Nosotros no tendremos sexo. Sexo tienen las personas que no se quieren, sexo es para las personas que se ven solo una noche o tal vez quince o treinta minutos pero nosotros no seremos como ellos. Haremos el amor Ludmila. Eso es lo que pasara entre nosotros. Pero. Antes que nada quiero que no estés nerviosa ni pienses que cuando despiertes no estaré junto a ti. Yo lo estaré. Solo quiero que esto sea oficial. ¿Quieres ser mi novia? -aguante la respiración. O quise morirme en ese mismo instante. Mi corazón viajo a otro universo paralelo. Si el estaba hablando enserio. Su mirada me lo decía. La respuesta estaba clara.
-Claro que quiero serlo -devore sus labios consciente de que eso lo había tomado por sorpresa, pero no me importo. Nada de eso. Me fascino. El me había pedido ser su novia. Ahora tenía novio. Uno que realmente valía la pena. Uno que me quería tanto o incluso más de lo que yo lo quería a él.
Fede tomo posesión de mi pecho derecho apretándolo con fuerza.
-Ah -gemí.
La ropa desaparecía lentamente. Cada rose, cada suspiro. Cada gemido. Todo se sentía tan irreal. Pero era real. Tan real que me asustaba. Nadie me había tratando de la manera en la cual Fede lo estaba haciendo. Delicadamente. Tomándose su tiempo. Siendo cariñoso. Amándome. Ni Dean lo había hecho de esa manera. Ahora que lo pensaba el jamás se preocupaba de mi placer solo el de él. Yo siempre le di lo que él quería. El jamás me dio nada a mí. Ahora es cuando la venda que tenía en mis ojos cayó. Dean era un chico totalmente egocéntrico, egoísta y malhumorado, solo se preocupaba por él. Por nadie más. No sé cómo me había fijado en el. Bueno tal vez sí. Yo solo había visto su físico y rostro. Todo lo que el reflejaba exteriormente. Que equivocada había estado. Me sentía un poco tonta al recordar todas las beses que estuve con él. En comparación con Fede. Dean no era nada.
