Quien diría que una simple falla eléctrica, revolucionaria algo tan fascinante. La luna, la única testigo de nuestro ferviente deseo, los vidrios empañado por nuestra respiraciones agitadas, me hace olvidar mi agonizante trabajo, sumando a un cerdo...
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No puedo creer lo imbécil que puede llegar a ser mi jefe "El moja braguitas". Piensa que solo por el hecho de ser un hombre realmente atractivo estaré tendida a sus pies. No me importa el hecho de que sus ojos sean verdes como las hojas de los árboles en primavera, pestañas largas, piel morena clara, ni el cabello rubio, semi-rizado que le caían por la cara cual cascada, junto con un cuerpo esbelto y ejercitado de un gran deportista. No me importa absolutamente nada de él.
Pues me hayo aquí en la oficina a altas horas de la noche por un hombre que no acepta para nada bien el rechazo, aunque el hecho de que le impacte la lámpara de su oficina en la cara dejándolo aturdido y desconcertado en el suelo tiene mucho que ver con su actitud tan arisca conmigo. En mi defensa el sobrepaso la convivencia de jefe con empleado, al frotar su miembro sobre la fina capa de la falda ceñida a mi cuerpo, en mis glúteos.
Termine todo el excesivo papeleo que se amontonaba cada vez que escaseaba en mi escritorio, acomode rápidamente mis cosas para poder irme, la silla crujió al levantarme delatando mi salida. Unos cuantos pasos se precipitaron en dirección a la puerta de la oficina en la que me encuentro, que por inercia casi automática, me hace observar de quien se trata.
- No he autorizado tu salida- Escupió con autoridad el tipejo de mi jefe. Se dejó caer su cuerpo en la puerta mientras cruzaba sus brazos, la mirada clavada fijamente en mí con un aire intimidante, pero el momento en el que desviaba su vista a mis pechos u otro lugar con su asquerosa mirada lasciva, me colmo toda la paciencia que le he tenido todo este tiempo a este idiota.
- Mi hora laboral termino, más bien se prolongó por el papeleo que me encargo- Dije un poco alto, siempre y cuando con el respeto necesario, tome mi bolso para colocármelo, el celular comenzó a sonar, en el instante que vi quien trataba de contactarme, mi coraje salió a la luz, al recordar las centenares de veces en las que me aconsejaba el dejar este trabajo, ciertamente tiene razón - Ya son la una de la madrugada, eso será un gran incremento de un pago extra y en mi contrato no está estipulado tener que aguantarme sus miradas guarras, con todo el respeto que no se merece ¡Vaya al demonio! Voy a irme a mi casa
Su expresión cambio por completo, la empleada callada, cohibida y un tanto nerviosa no hizo presencia, el agarre de sus brazos se oprimió más a su pecho, la mandíbula se abrió un poco de la impresión y su lengua se deslizo por la mejilla creando un pequeño bulto rodeándola por unos segundos, los ojos tan abiertos como platos sin quitar su expresión de asombro.
- Soy tu superior, por lo tanto, soy dueño de tu hermoso trasero, querida. Yo decido lo que harás en esta empresa todo el tiempo y puedo hacer todo lo que se me dé la gana contigo- Dio una risa socarrona, con su mano derecha acomodo su cabello en el que no se había movido ni una sola hebra, dándole poco sentido del porque lo hizo, frunció el ceño para después subir una de las cejas, seguido de su voz llena seguridad.
Se acercó a mí con lentitud y calma, el asqueroso olor que emana su piel inundo mi respiración, cada vez estaba a centímetros de mi espacio personal, alzo su mano tratando de acariciar mi mejilla, pero en un manotazo la aleje con furia.
- ¡Ja! ¿Superior y dueño?- reí amargamente lleno de sarcasmo- ¡Y un cuerno! Acaso me vez cara de un perro faldero con el que haces lo que se te da la regalada gana. Pues te voy a aclarar unas cuantas cosas ¡chato!
Deje mis cosas en el escritorio con fuerza causando un estruendo que resonó en todo el lugar, amarre el cabello en una cola alta un tanto mal acomodada, aunque eso no es de gran importancia en este preciso instante y remangue las mangas de los brazos lista para dejar sacar toda mi ira.
- Trabajo en esta empresa arduamente, nunca llego tarde, entrego el trabajo a tiempo, no falto en nada en lo que necesite y nunca le he faltado el respeto a nadie, ni por el cargo que tenga. Pero lidiar con idiotas como tú, me tienen ya cabreada hasta el cansancio- Apuntaba con mi dedo su pecho por cada frase que emitía mi boca mientras decía esas palabras, a la velocidad de una locomotora sin frenos, salgo de la oficina en dirección a los empleados de tiempo nocturno llevándome a hacer una locura, aparte de él que me seguía los pasos.
- Ven al imbécil de allí- Señale a mi jefe, logrando que todos se fijaran en donde apuntaba, como también el hecho de algunas caras sorprendidas por mis actos, ya que soy una de las más calladas en todo el lugar a la hora de mis labores en dicha empresa, además de murmureos entre los mismos empleados que presenciaban la locura que voy a ejecutar y del cual no estaré arrepentida en ningún momento de mi vida, la decisión está tomada.
- Ese es el "Jefe" que muchos admiran- realice comillas con mis dedos anular y corazón para proseguir- El que le ha dado bonos gratis a muchas que trabajan aquí por solo frotar sus pieles con un pene inservible, por cierto. ¡Hola Emma! Como la lleva tu esposo sobre la felación con el jefe- Mire a Emma con una sonrisa llena de inocencia apuntándolo por segunda vez, otra zorra más de la que me calle humillaciones, la cual tiene una expresión de querer ser enterrada bajo tierra, los pómulos de un rojo carmesí, con el habla entrecortado.
Pequeñas risas de asombro, bullicios dieron presencia, dándome ánimos para seguir con tantas cosas que guarde como "buena empleada"- Pero como no fui una golfa de sus encuentros, me peto de trabajo excesivo toda la semana, además de salir a altas horas de la noche, porque según él, soy de su propiedad. Te vengo diciendo algo ¡tuya, ni de coña! Búscate a Carlos, está ansioso por enterrarse en tu culo otra vez en el cuarto de contadores, me lo comento el otro día en la cafetería con estrellas en los ojos. Si señoras y señores, el jefazo la da de pasiva.
A lo lejos visualice a Carlos coqueteándole descaradamente al jefe sin pena o pudor alguno, creando un remolino de risas. Quería seguir con muchas más de las que guarde silencio, una fuerte voz cargada de ira provoco que dejara un silencio atemorizante, sin darme tiempo a nada.
-¡Basta! A mi oficina ¡Ahora!- Grito el jefe chipiándole los ojos, la mandíbula tensa, al igual que los brazos con los puños cerrados, se encuentra atrás de mí con la furia de mil demonios, aunque yo tengo la de un millón de demonios más.
Me cruce de brazos dándome la vuelta encarándolo con la mirada más atemorizante que puedo llegar a gesticular- Contigo no voy ni a la esquina, hoy Fred te batió la mierda por mucho tiempo, esa oficina debe ser un asco. Si tienes algo que decirme, guárdatelo, no he terminado de decir lo que me falta- Un leve sonido de asombro se pudo escuchar por el silencio tan tenso, nadie emitía ni un mísero ruido, trataban de parecer que seguían en su trabajo, se con certeza que están al pendiente de todo lo que está ocurriendo.
- Te aconsejo que pares, la sanción será mucho peor- Trato de tomarme el brazo para llevarme a no sé dónde, en un hábil movimiento me zafo, alejándome de él, sin mantener mi posición de firmeza. No logró lo que quiere y se le ve frustrado.
- Me vale mierda tu sanción ¿sabes por qué?- Dije sin esperar una respuesta, ya que de igual manera lo voy a decir, con el objetivo de decir por fin lo que tanto tiempo ansié, gritarlo a los cuatro vientos y nada mejor para hacerlo, delante de todos los trabajadores- Renuncio, no voy a renovar el puñetero contrato, por lo tanto, no tendré que calarme la parda de chorradas que dices al hablar fingiendo interés alguno, ni ver tu asquerosa cara, que me da un puñetero asco, solo verla a través del espejo, mientras el conserje Sam tiene sexo contigo me produce nauseas ¡hombre, que tiene 66 años! Un poquito de conciencia que ese cuerpo no tendrá tanta vitalidad que uno más joven. Si me permite iré a recoger mis cosas.
Con la rapidez de la velocidad de sonido me dirigí al lugar en el consideraba antes mi oficina, cerrando la puerta con seguro, saque las dos cajas que tenía reservadas para una situación de emergencia, que al parecer fueron de gran utilidad en este preciso instante, guarde todas y cada una de mis cosas, aunque no eran tantas pertenecías, que solo utilice una caja.