Ely

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Tras la oscuridad y el frío que se encerraba en la ciudad de Londres una única flor brilla,entre una ciudad de maleza y de malas hierbas. Aunque algunos taparla quieren, su luz no para de relucir.
En el rincón de una nevada calle, una pequeña chiquilla, sin aún una década a sus espaldas. Una niña de dorados cabellos y con ojos pintados con el azul de la noche. Una niña, Ely, que en un barril descansaba.
Al llegar el alba, sus ojos de azules pintados despertaron. Estaba soñando que en un gran palacio estaba y que a ella nada le faltaba, con unos padres se encontraba, con unos padres que la amaban.
Despertar de este sueño le produjo una gran tristeza y soledad. Al ver que la realidad a su sueño no era igual. Pero aunque era muy pequeña, era fuerte de corazón y salió aún así de su astillosa cama y saludó al blanco mundo que ante ella se encontraba.
Ese día hizo el mismo ritual de todos los días. Fue a la panadería de Javier, un palillo andante que hacía los mejores panes de la ciudad y quien siempre le daba a Ely los bollos que no tenían una forma perfecta o que se habían calentado de más. Después iba a pasear por las calles más concurridas de Londres pidiendo monedas a las bondadosas personas que compartían con ella una miseria de su inmensa fortuna. Y veía a los niños, aquellos con los se quería cambiar. Aquellos que estaban con unos padres que los cuidaban y que los querían.
Ella siempre se había intentado imaginar el aspecto de sus padres, ya que no los había llegado a conocer. Todos sus recuerdos transcurren en el orfanato de Miss Caroline. Un lugar que era mejor no recordar.
Evitando el pasado que le perseguía para saldar cuentas por sus actos, siguió andando y llegó a una pequeña plaza por donde poca gente transitaba y se quedó allí sentada en el banco de siempre mientras miraba en el reloj de una iglesia como las horas pasaban. Ella imaginaba que tras el reloj había un gigante de noble corazón, pero explotado por un malvado cura que le obligaba a trabajar allí encerrado, tocando las campanas siempre que fuera necesario. Y que un día el gigante se rebelaría contra el malvado cura, se escaparía y la vería a ella es ese banco sola sentada y se la llevaría al lugar de donde él provenía, donde todos eran felices y nada le faltaba a nadie. Pero este gigante nunca llegó a salir de la iglesia, ni pudo rescatar a la pobre Ely.
De pronto el gigante tocó las campanas y Ely se dio cuenta de que ya se había pasado la hora de comer. Así que fue corriendo al restaurante de Robert, un rechoncho hombre que tiraba toda la comida que sobraba o había sido mal cocinada. Aprovechando esto Ely para comer las sobras que acababan en el contenedor. Pero tenía q tener cuidado, ya que si Robert se enteraba de que rescataba esos sabrosos tesoros, él se enfadaba y soltaba a Max para que fuera tras ella. Max era un inmenso perro entrenado para dar caza a todo lo que su amo le mandara.
Así que Ely rebuscó entre los restos en absoluto silencio y se sentó en un banco cercano a comer lo que había rescatado. Después de ese pequeño, pero delicioso festín fue al Támesis a intentar bañarse en sus frías aguas para poder así quitar toda la suciedad de su cuerpo.
Unas horas más tardes, tras haber    intentado recaudar más dinero volvió a dicho restaurante a por su cena. Pero cuando estaba en plena excavación, Robert salió con una bolsa con comida para tirar y se encontró a Ely inmóvil, por si el simple hecho de quedarse quieta producía que no la pudiesen ver. Pero sus deseos no se cumplieron y un silbido salió de los enfadados labios de Robert. Max fue a cazar.
Ely corrió todo lo que pudo aunque sus pasos no fueran certeros por la nieve acumulada en las calles. Corrieron por una amplia calle, evitando a todos los que se cruzaban en su camino. Max fue acercándose poco a poco a su presa. Mientras la presa evitaba mirar hacia atrás por miedo a encontrarse al perro saltando encima suyo. De pronto a Ely se le ocurrió una idea. Giró rápidamente a un callejón que daba a una mansión abandonada. Ely corrió hacia allí, Max seguía ganándole terreno, pero Ely fue más lista, escaló una gran reja que separaba la calle de la mansión y se quedó abrazada a un hierro, esperando a que Max se fuera. Pero el perro no se marchó. Se quedó ladrando y saltando, intentando coger con sus babosos dientes uno de los pies de Ely.
Así que ella tomó la decisión de explorar la mansión.
La puerta estaba entornada y los ladridos del perro aún se oían en la lejanía. Se dispuso a entrar y una nube de polvo le dio la bienvenida. La casa estaba totalmente a oscuras Ely solo pudo ver un sofá iluminado por luz de la luna, que era una intrusa más como ella, ya que se colaba por un agujero del techo.
Ely decidió pasar allí la noche y se acostó sobre el sofá y una manta de polvo la cubrió del frío y le deseó buenas noches.

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⏰ Last updated: Jan 23, 2020 ⏰

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