¿Quién de aquí es tan valiente como para decir que no usa Instagram? ¿Habrá alguien aún a día de hoy que no instaló Twitter o lo abrió en un navegador para cotillear un poco, leer noticias y como no: enterarse de cómo piensa ese "crush" por los "retweets" que hace. Yo tengo cuenta en prácticamente todas las redes sociales; en mi móvil utilizo Facebook, Instagram, diría también que Telegram con sus cientos de grupos para enviar info a todas horas, y, sería hipócrita no decir que tengo algunas para los ligoteos como Tinder y alguna más... Normalmente, la que más utilizo es Instagram llegando a analizar las mejores horas para subir fotos y tener más "mg's" y ¿por qué no, comentarios? Pues, en uno de estos ajetreados días en la oficina esforzándome con las redes, estaba con Instagram viendo "memes" y "momazos" (Un "momazo" es un "meme" tan, pero tan, tan, tan...., bueno, que hace llorar de la risa o se te queda ahí, en el corazoncito), me guardé unos cuantos y me impactó especialmente uno de ellos. El meme (a partir de ahora las palabras anglosajonas que todos ya conocemos irán sin las dobles comillas ) o momazo hablaba sobre la figura del crush, llegando a definirlo casi a la perfección. Tú, sí, tú: ¿sabrías decirme qué es un crush? Todos, absolutamente todos los que usamos internet, incluso si le preguntas a algunos padres y tíos, posiblemente sepan decirte lo que es un crush. Es una palabra que está de moda, y aunque las modas cambian y lleguen cuatro palabras rusas, alemanas o caracteres chinos para nombrarlo, el meollo del asunto seguirá siendo lo mismo: "Un crush, crush on someone, amor platónico... es una persona a la que amas y, ojo, por las que tus hormonas se revolucionan con tanta fuerza, que, cuando descubres que ese amor es incorrespondido, se te rompe el corazón en mil pedazos y, el ruido que emite es lo que define el término. "
Comencé el año creo que de la mejor forma con la que se inicia, o termina, cualquier fiesta: en el Hospital. Sí, a la una y poco de la madrugada estaba en un Hospital; no fui allí por alguna enfermedad sino para ver al que sería sin saberlo, mi crush. Yo iba vestido con un traje azul oscuro pero no mucho; la camisa era de color blanco, slim fit y bastante fina por que se me marcaba todo el cuerpo. Esta vez, en vez de cinturón me puse unos tirantes azules un poco más oscuros que el traje y para terminar, unas bambas blancas. No quise gastar dinero ni en una pajarita, ni en una corbata que me acabaría quitando. Mis amigas estaban babeando conmigo, y, mi ahora crush, puede que también. Resulta que la camisa la tenía desde hacía 6 meses y que me quedaba más ajustada que en aquel momento; a mi madre le decía que era el agua caliente de la lavadora pero, ella y mi tía, me aseguraron que yo estaba creciendo, que el gimnasio estaba notándose en mi cuerpo y, aún por encima, que pronto debía parar de crecer porque no iba a entrar por la puerta. Para situarnos: mido metro ochenta y siente y por mi espalda tengo que usar la talla L o XL de ropa; en los pantalones por las piernas y los glúteos rondo la cuarenta y la cuarenta y dos. Vuelvo al tema: al quedarme más ceñida la camisa, sin darme cuenta se acabó rompiendo el botón Made in China by Inditex. Poco antes o después de las uvas, tendría que mirarlo en WhatsApp, le pasé mi ubicación porque tengo conocimientos de que vive cerca de la casa en la que estaba; mi propósito era que me dijese que pasase por su casa a saludarlo y así me daba unos buenos morreos. Estaba trabajando, una guardia eterna de veintitantas horas. Unos minutos más tarde intenté pasar a saludarlo con una excusa un poco cutre: un botón de camisa roto. Funcionó. Allí estuvimos unas cuantas horas y, entre broma y broma, llegó ese primer beso. Primer beso, primeras horas del año, primera persona que, con la que físicamente no había conectado, llegó para cambiar los esquemas mentales que estaban rigiendo el diario de mi vida. Todos tenemos una figura idealizada de prototipo de persona a la que queremos amar. Algunos son altos, con una piel perfecta, que beban lo justo y necesario, con un buen cuerpo de gimnasio o incluso que sean cariñosos y nos quieran. Pero, también otros tienen prioridades distintas y suelen venir marcadas por experiencias no muy llevaderas en el pasado y que certifican gracias a la Universidad del aprender a golpes, que entre todas las personas que te van a querer, seguramente el físico no va a influir para encontrar a la que siente un amor real hacia ti. Mis esquemas mentales varían según la época y normalmente ese cambio viene compañado por la entrada a mi vida de alguien un poco diferente. Tras una pequeña pero intensa temporada sexual, creí con mucho miedo entre mis carnes que, posiblemente, el mejor árbol al que arrimarse no es el que te cobija de la lluvia sino aquel, que te da de comer en la más ardua sequía. Yo no quería, no, no quería.
Existen millones de formas de parar una relación y superar una ruptura, tanto por el hecho de no querer a tu ex, no haber vivido todo el tiempo en un mundo de colores y flores o, incluso, aún queriéndo a esa persona, quererte más a ti mismo. La forma que apliqué tras mis dos últimas relaciones anuales fue la misma: follar, por lo común con gente desconocida, hasta que tus testículos no sean capaces de generar tanta corrida pero seguir disfrutando de los orgasmos. Prometo que puedes llegar a pasártelo muy bien. El problema de esta solución es que no encuentras en nadie los abrazos y los mismos besos que te llenaron alguna vez. Es una forma fría de atiborrar con gente y corridas el vacuo hueco que la confianza dejó cuando se marchó o, la obligaste a marchar.
En esa cama de guardia no lo percibía. El rechazo incluso se apoderó de mis pensamientos por el hecho de haber estado en muchas camas, haber hecho infinitas cosas y seguir allí, solo con manos sobre nuestros cuerpos y labios entrelazados jugando con un par de lenguas. Los polvos estándares lo máximo que aportan de cariño es un masaje por todo el cuerpo o dos caricias por la nuca. Se aseguró de que la puerta quedara medio bloqueada con la mochila gris y me pidió (o me ofrecí a darle) uno de esos masajes, ya sabéis. Justamente ahí me di cuenta de que yo no estaba en una situación incómoda, era un mini paraíso. Comencé acariciándole toda la espalda, viendo algunos lunares y rebuscando para ver los tatoos que tiene. Mis manos son grandes y creo que para los masajes son perfectas. Yo las usé por cinco minutos y luego pasé a usar mi boca. El aliento acelerado de un cuerpo excitado rozando la piel tiene que ser lo más sabroso que le pueden regalar a alguien. Se lo regalé. Besé cada uno de los rincones de su cuello hasta casi sus glúteos. Mis manos volvieron a estrujar toda su espalda. Terminamos por acurrucarnos. Él abrazándome y buscando contacto entre epidermis, formando una cuchara inversa, apretándome con sus piernas; yo, disfrutando de ese momento como de ningún otro. Una hora después yo marché. Quince minutazos me valieron para simular: "Ninjas: el sigilo contra el despertar" y todo para dejarlo descansar el poco tiempo que le quedaba antes de bajar a ocupar el sitio de guardia.
Al ser primero de enero, tenía una entrada para la fiesta de todas las fiestas con barra libre y amistades esperándome para bailar. Conseguí estar a punto con mi ropa de fiesta, ese traje azul y camisa blanca. Busqué el ascensor más próximo y me perdí entre tantos pasillos. Puede que haya sido una señal de mi subconsciente para no marchar de allí. Volví una planta más arriba y creo que todos los que en aquella noche se estaban entregando al cuidado de los más vulnerables, habían visto pasar a un jovencito que subía acompañado y bajaba a las horas solo. Al día siguiente alguien fue rápido para informar del sitio en el que había estado de aquella noche: mi hermana había recibido un mensaje para saber si yo estaba bien, si necesitaba algo del Hospital la noche del 31. Me habían pillado.
Yo pregunté en otro momento si existía alguien más. Su respuesta hizo que siguiera adelante con mi propósito. Descubrí esa noche que posiblemente había tardado mucho en ofrecerle tomar un café. Acepté, como una bombilla que tarda en encenderse, también con la gracia de los cubatas y los gintonics, que las relaciones tóxicas son las más difíciles de terminar y por las que más facturas tienes que pagar. A veces echas tantas esperanzas en el vaso que esperas por arte de magia que la persona cambie. A veces echas tanto alcohol en el mismo vaso, que esperas que de golpe se te soluciones los problemas; problemas que ahí están, no desaparecen. Problemas que se convierten en conversaciones pendientes, persiguiéndote a todas y cada una de las ciudades a las que viajas o dentro de los rincones en los que te escondes.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.