Nilfheim

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De entre los 9 reinos, Niflheim era el más cruel de todos. Se trataba de unas tierras heladas y desiertas, en cuyo horizonte únicamente se podía divisar un entramado de cordilleras. Todas ellas, estaban coronadas por cavernas infestadas de seres inmundos, que se devoraban entre sí , cíclicamente, día y noche en una orgía tenebrosa.
Aquel, era el Reino donde residían los condenados al exilio, pues años atrás habían sido repudiados por los mismísimos Dioses. Sus crímenes les habían llevado a vivir en celdas por la eternidad, muriendo de hambre una y otra vez, y lo que resultaba más tortuoso: muriendo en completa soledad. Sin embargo, en mitad de aquel panorama desolador, un único preso había sido bendecido con la compañía de una mujer, que le había respaldado durante los últimos 2 años. El nombre de este preso era Cyriak, y en aquel mismo momento, trataba de librarse de su cautividad.-Cyri, ya lo hemos intentado muchas veces-Sugirió la fina voz de su compañera de celda-¿Acaso crees que esto hace que los Dioses se compadezcan de nosotros? Al contrario, los enfurecerás-Argumentó cruzándose de brazos en su rincón de la celda. El cabello, propio de las de su raza, largo y negro como el carbón, ocultaba una buena porción de su porcelánico rostro-Lo único que obtuvo por respuesta, fue un gruñido que rozaba lo gutural y que hubiese sido más propio de un coyote hambriento que de un hombre como Cyriak. Sí, era cierto que habían intentado salir deallí más veces de las que pudiese recordar; pero en aquellas circunstancias rendirse no era una opción. Cyriak llevaba ocho años en aquella celda, y desde el día en que su compañera había aparecido, se había jurado sacarla de allí como fuere. Sin duda, ella había sido lo único que le había procurado al alma en pena del robusto chico, la esperanza suficiente como para no agazaparse en una esquina de la celda y resignarse a morir y revivir por la eternidad.Para procurar que aquel ciclo de muerte se mantuviese intacto, en las paredes de la celda se dibujaban cientos de runas. Estas, emanaban una luz irónicamente celestial y devolvían la vida a los presos cada vez que estos desfallecían de hambre o enfermedades.-Eres un cabezota-Se quejó la joven con cierto tono infantilón-¿Tienes idea de lo que nos harán si nos encuentran?-Insistió quejicosa, animándole a dejar su tarea.Librarse de aquella prisión no era tan sencillo como podría parecer. Las inclemencias del tiempo no debilitaban las bisagras o las cerraduras; las paredes eran demasiado gruesas como para derribarlas; cualquier golpe que el enorme chico pudiese asestar a la puerta , le era devuelto con la misma fuerza y el suelo del tugurio no podía ser erosionado bajo ningún concepto. Sin embargo, las runas inscritas en las paredes (A pesar de conjurar la celda) no contaban con ninguna protección, y tras años de lijar con sus propias uñas, quebrándolas y sufriendo hasta desfallecer, Cyriak estaba a punto de desdibujar la última runa de la celda.-Ya está, ya lo tengo-Aclamó él con la voz tintada de un ánimo inusual-Vamos a salir de aquí-Añadió entre dientes mientras arañaba dolorido el único símbolo arcaico que le quedaba por eliminar.Tras estas palabras, toda la celda emitió un cegador resplandor que obligó a sus ocupantes a cerrar los ojos. Cyriak se cubrió con el antebrazo y trató de mantenerse en pie, pues fuerzas mágicas estaban impulsando el cuerpo del joven hacia atrás , y ella escondió el rostro entre las palmas de las manos, profiriendo un gemido lastimero y agazapándose contra las paredes. Fueron unos segundosinterminables, en los que los pechos de ambos se henchiron de angustia: Aquel podía ser el final.Afortunadamente, este solo era el comienzo de un viaje que les llevaría hasta el mismísimo Valhalla.

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⏰ Last updated: Feb 16, 2020 ⏰

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