¿Donde vas ratoncita?

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Cantabri

Me llamo Arania hija del caudillo Yurde y Skila ,perteneciente al Gens Alistela del clan de los Pembelos de Salaeni .Mi aldea Iphlin Salaeni, es de esas en las que
todos somos como una gran familia, todo el mundo se entera de todo, todo el mundo habla de todos, es más probable que los cerdos volaran a que una tuviera privacidad.
En muchos aspectos formábamos una pequeña comunidad que se podía considerar un pequeño pueblo y no era raro encontrarse a viajeros de paso de otras aldeas haciendo alto en nuestro territorio para aprovisionarse .De hecho ,una vez al mes ,solíamos organizar un mercado bastante grande como para poder intercambiar productos con la gente de otros clanes de la costa y con los de las aldeas limítrofes que se acercaban a buscar algo en concreto .
Los quesos salaenos hechos a base de leche de burra eran realmente famosos así como los productos artesanos y capas de pieles de venado con las que comercializábamos.
Éramos un pueblo humilde acostumbrado a trabajar la tierra ,cuidar el ganado y vivir de aquello que nuestros ancestros nos habían dejado en herencia.
El día que yo nací toda la aldea se vistió de luto. Si es que por muy raro que parezca el nacimiento de un niño es motivo de tristeza y en mi caso no podía ser de otra manera .La aldea entera lloró de pena por todas las dificultades por las que tendré que pasar a lo largo de mi vida. Hasta Virón ,el gran druida, se retiró en el santuario donde al son de los tambores suplico a Lugh y a la Diosa Madre que no me abandonaran y guiaran mis pasos hasta el día que felizmente abrazaría la inmortalidad. Lloraron mis padres, lloraron mis tíos, lloro hasta la luna que se tiñó de sangre en señal de que las suplicas fueron escuchadas y un momento la luna ocultó al sol, y el día se hizo noche.El hecho de que fuese niña a mi padre no le importó, lloro con la misma intensidad como si hubiera sido un niño y hasta a día hoy me ha cuidado, mimado y protegido como al más valioso de sus tesoros.

- ¡Ara,date prisa! -escuche volviendo a la realidad para descubrir la enfadada cara de Saja, mi amiga de toda la vida.
¿Qué decir de ella? Es una de las mejores personas que he conocido en mi vida; honrada, inteligente y preciosa. La inconfundible chica que ves y la odias por lo perfecta que es.
Saja era de una inaudita belleza ,con el pelo azabache y largo hasta la cintura ,ondulado y salvaje que enmarcaba un rostro de ojos negros,su tez morena contrastaba con sus dientes blanquísimos .Su rostro puntiagudo y fino se remataba con una naricilla pequeña y respingona coronada por un puñado de graciosas pecas que le daban más personalidad a sus rasgos armoniosos y singulares.A su lado me sentía un patito feo.

- ¡¿Otra vez soñando despierta ¡?las chicas ya están en la pradera, cámbiate que te espero junto al rio-me apremio-presiento que esta noche por fin soñare con mi prometido-dijo dando saltitos de alegría mientras aplaudía.

-Que si...respondí con una apatía monumental.
Que puedo decir de mí, tengo el cabello prácticamente blanco de la claridad que este tiene, algo insólito en mi aldea, mis ojos de un verde topacio con motas doradas que al sol parecían piedras preciosas según dice padre, resaltan en contraste con mi palidez. Soy bastante menuda y destaco bastante entre mi gente...no sabría decir si era guapa o no,más bien un bichito raro.Padre dice que soy especial, pero eso no cuenta.
-Saja,cuando contemplas el horizonte ,¿no te preguntas qué hay más allá?
-No hay nada más allá del horizonte .-respondió contrariada-Sólo existe este mundo,nuestro mundo.Lo que hay más allá pertenece a otras personas ,no a nosotros.Aquí está nuestro corazón ,aquí es donde ansía vivir nuestra alma.
-Tu alma ,Saja,no la mía .
Aquellas palabras la golpearon con tremenda fuerza pero le restó importancia y se alejó apremiándome a que me diera prisa.
"Soy yo la única que escucha el canto de los árboles cuando el viento susurra entre sus hojas?¿Soy la única cuyo corazón responde al escuchar el canto de los jilgueros ?
Con estos pensamientos entre en casa y me dirigí al cofre donde madre guardaba nuestros trajes festivos. Escogí un vestido verde oscuro que resaltaba mis facciones y un fajín que me gustaba mucho, adornado con flores coloridas que yo mismo borde. Cuando no tenía que ayudar en el campo o con los quehaceres caseros, pasaba los gélidos días de invierno bordando junto al fuego.

Un paseo por el destinoStories to obsess over. Discover now