Capítulo Uno

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Travesía a tu corazón

Paula

Al cumplir 11  años de edad pensé que toda mi vida era perfecta, vivía en una casa cálida a pesar que se situaba en la serranía, estudiaba en una buena escuela y tenía excelentes amigos, con los cuales me gustaba hacer pequeños campamentos en la sala de mi casa. En esos campamentos improvisados nos encantaba imaginar que protagonizábamos una película de terror, mientras mirábamos desde la ventana la neblina que se acumulaba en la carretera. Todo iba bien, hasta que un día mi padre consiguió un nuevo empleo en otra provincia, la paga era muy buena y los beneficios que dicha empresa daba no eran fácil de resistir. Así que mis padres tomaron la decisión de mudarnos a otra ciudad sin consultarlo con sus hijos, solo nos dijeron que: " Un cambio siempre es bueno" y "La familia siempre debe estar unida"

Quizás no fueron sus palabras exactas, pero al menos así lo quise ver yo. Sólo tenía 11 años y no era conflictiva, así que puedo imaginar otros sucesos en mi cabeza ¿No creen?, porque la realidad es que nuestro padre ese día nos gritó y nos dijo: "EL QUE NO QUIERE VENIR, PUES SE QUEDA AQUÍ EN CUENCA VIVIENDO CON SU ABUELA PETRA, Y NI DE BROMA SE VAYAN ARREPENTIR, PORQUE YO NO REGRESO" les juro que podía ver que le salía espuma por la boca, y que una vena en su frente palpitaba y palpitaba a punto de estallar de su cara color tomate. Así que sin replicar todos corrimos a nuestros cuartos a recoger nuestras cosas, no porque nos fuera abandonar, sino porque nos dejaría con la abuela Petra. Preferíamos escalar el Cotopaxi en plena lluvia de granizo, nadar en el océano rodeados de tiburones o lo menos exagerado pedir limosna en la calle para comer, pero ir con la abuela Petra es algo inimaginable. No me pregunten porque, esa es otra historia que después les contaré, solo les adelanto que a ella se la conoce como: "Sargento retirado de la guerra Nazi" y ni siquiera estuvo en esa guerra.

Prosigo con la historia, a pesar de los sucesos mis dos hermanos mayores seguían fúricos. Mi hermana Belinda de 14 años no podía entender porque papá suspendió la fiesta de quince años de ella, era algo que había estado esperando por todo un año y creo que hasta un novio tenía, por eso hizo una rabieta y pidió quedarse con la tía Duchis. Mis padres obviamente no aceptaron dicha petición. Ella sabía que si se quedaba seria en casa de la abuela Petra. Así que tuvo que aguantar su coraje y resentimiento a nuestros padres. Por todo el camino lloró y lloró, y dijo que jamás los perdonaría, pero con el tiempo se le pasó su malcriadez.

Mi hermano Paulo de 13  años, ya se dieron cuenta que se llama como yo. Y no...no somos gemelos, ni nada por el estilo, pero a mis padres les dio flojera buscar un bonito nombre para mí y decidieron ponerme igual que mi hermano Paulo, solo cambiaron una vocal y listo... problema resuelto.

A Paulo le molestaba perder sus amigos. El cambiarse de ciudad no le importaba mucho, sólo no quería ser el nuevo en una nueva escuela. Recuerdo que le dijo a papá que esperaba que ese lugar sea espectacular, y la verdad así fue.

Nuestra nueva casa según nuestros padres tenía 2 pisos, con habitaciones para cada uno, y sobre todo un espacioso jardín en donde harían grandes fiestas de cumpleaños, graduaciones y todo evento que a ellos se les ocurriera.

El viaje fue sumamente largo y llegamos casi al atardecer. El camión de mudanza y nuestro auto ingresaron en una ciudadela, no les voy a mentir la ciudadela era grande y a simple vista bonita, formada por muchas villas de igual infraestructura y pintadas con colores parecidos. Se veía un buen lugar para vivir.

Tan pronto estacionamos el auto me saque el abrigo, porque a diferencia de mi lugar natal aquí no hace mucho frio a pesar que ya faltaba poco por anochecer. No crean que soy nueva en la Costa, porque con mi familia hemos visitado sus hermosas playas cuando estamos en vacaciones, pero si es mi primera vez en Guayaquil. Al bajarnos del auto pude ver a un grupo de niños jugando pelota, aunque la verdad no me llama la atención ver a niños corriendo atrás de un balón como tontos. Lo único importante para mí en ese momento era el enorme libro que llevaba en mis manos, pasé todo el trayecto leyendo para distraerme. Siento como una brisa levanta mi cabello y mis rizos se mueven de un lado a otro, imposibles de controlar.

PAULAWhere stories live. Discover now