Y con un suspiro se fue... Yo estaba a su lado, sujetándole la mano, hasta el último segundo él me la apretaba con la poca fuerza que le quedaba. Pero en cuanto noté que la relajaba sabía lo que vendría a continuación. Estaba asustado, no quería comprobarlo, no quería asegurarme de que mi padre se había ido.
-Papá...- creo que es la palabra que más me ha costado decir en mi vida, sobre todo porque sabía que no me iba a responder.
Y lloré, lloré como nunca lo había hecho.
Pensé en los momentos que había pasado con él, sus bromas, sus consejos y los momentos que había pasado junto a él. Dudé en si volvería a ser feliz, en si alguien llenaría el vacío que tenía en ese momento en el pecho.
...
Un día después tuvo lugar el funeral. Todo Avonlea vino, pero no me importaba nada de eso, no podía ni mirarlos a la cara.
-Que vuestro corazón no se aflija. Creed todos en Dios, creed también en mí. En la casa de mi padre hay muchas mansiones, sino fuera así os lo habría dicho. Voy a preparar un lugar para vosotros y si me voy, preparo un lugar para vosotros, volveré de nuevo y os recibiré en mí. Porque donde yo estoy allí estaréis también- nada más acabar de leer, el ministro se fue, y poco a poco todos lo hicieron. Yo simplemente me quedé ahí, mirando directamente hacia la tumba.
¿Qué sentido tenía ahora creer en Dios? Me había fallado, nos había fallado. Y yo en ese momento me sentí la persona más solitaria del mundo, me sentía abandonado... No culpaba a mi padre, nunca podría estar enfadado con él, simplemente estaba solo.
Miré al cielo, dándome cuenta de que estaba empezando a nevar, me quité uno de mis guantes, notando como el frío me congelaba la mano y esperé a que un copo cayera en mi mano, el cual se derritió al instante.
Unos minutos después decidí volver a casa, donde estaban todos los invitados, bueno, finalmente no entré. Me quedé plantado delante de la puerta unos segundos, y tras un rápido pensamiento, me di la vuelta y me dispuse a irme. No quería entrar en la casa, todo me recordaba a él y no podría soportar a tanta gente apiadándose de mí.
-Gilbert- segundos después alguien salió por la puerta gritando mi nombre, y siguiéndome. En seguida comprendí que era Anne, por un microsegundo olvidé todo lo que había pasado, pero no duró mucho, así que ni me giré a mirarla. Ella me acompañó mientras andaba. – Un servicio precioso, y muy apropiado... Todo estaba muy... Blanco y tranquilo. A mi entender el ministro reza de un modo funerario, así que le ha quedado muy bien. Sus bautismos deben de ser tristes– no sabía qué responder, así que simplemente no lo hice-. Ser huérfano tiene sus retos, pero tú ya tienes tantas ventajas que se te irá mucho mejor que a mí. Y... Yo... No conocí a mis padres, murieron cuando yo era pequeña, yo no podía defenderme como tú podrás y no recuerdo nada a mis padres, pero tú siempre podrás recordar a tu padre. Y oye, si lo piensas bien tienes mucha suerte.
¿Mucha suerte? ¿Acababa de decir eso de verdad?
-¿Crees que tengo suerte? – la miré dolido.
-Comparado conmigo sí- sonrió. Y ahí estaba, el victimismo que esperaba.
-¿Y qué tiene que ver contigo?- dije sin tapujos.
-No... Nada... Es que sólo quería...- no quería oír más.
-Nos vemos- dije interrumpiéndola y me fui.
...
Habían pasado varios días. Tenía que comprar algo para la casa y durante el camino oí de nuevo cómo alguien me llamaba.
-¡Que hay Gilbert! - seguí caminando esperando a que la persona en cuestión se pusiera a mi altura-. ¿Cómo estás Blythe? – dijo el idiota de Billy Andrews a mi lado, nunca me había caído bien.
-Bien- mentí.
-Tienes que volver a la escuela, esa huérfana fea está descontrolada- me molestaba que dijera eso, incluso cuando ella había sido tan poco empática.
- ¿Y a ti qué?
-Alguien tiene que demostrarle que no es tan lista.
-Es lista- admití, siempre me había gustado esa competición que teníamos en la escuela, así que al recordarla pude sonreír mínimamente-, asúmelo- negué con la cabeza en modo de desaprobación.
-¿Por qué eres así, amigo?- ¿Amigo? ¿desde cuándo? Suspiré totalmente enfadado.
-¿Por qué no abres un libro y te ocupas tú mismo?
-Sí... Vale... Buena, amigo- el muy idiota cree que lo digo en broma.
-Te diré una cosa, ¿vale?
-Sí- me pare delante de él.
-No soy tu amigo...
-Sí, vale...- él río.
-Como vuelvas a meterte con ella... Lo lamentarás- lo amenacé. El volvió a reír.
-Vale- se encogió de hombros.
-Ya... Vale- quise darme la vuelta para seguir con mi camino, pero volvió a hablarme.
-¿Cuál es tu problema?
-Pregúntalo otra vez- lo reté, estaba cada vez más enfadado- No, en serio, adelante.
-¿Por qué tienes que ser así?
-¡Pregúntame! -exigí.
Como vi que no lo iba a hacer me volví a girar para seguir mi camino, pero no se iba a quedar así.
-Vamos chico, no te entiendo... En serio, ¿cuál es tu problema?- me di rápidamente la vuelta para tirarle el saco que llevaba en mi hombro, este lo cogió al instante. Y como tenía las manos ocupadas aproveche para pegarle un puñetazo en la cara.
El se levantó enseguida, y se me abalanzó, tirándonos a ambos al suelo.
No os voy a describir la pelea por completo, porque realmente no merece la pena hacerlo. Simplemente os diré que es lo que me hizo decidir mi partida de Avonlea.
...
Lo primero que hice fue viajar a Charlestown y empezar a trabajar en el muelle, quería un nuevo destino para mí, al fin y al cabo, nunca había querido ser granjero, por lo que cualquier trabajo me parecía suficiente. Necesitaba huir de mi vida, no olvidarla, nunca lo haría, pero sí escapar. Quería ver mundo.
Incluso me encontré con Anne, al parecer estaba vendiendo todas sus cosas, ya que su familia estaba pasando por una mala racha. Para ese entonces ya no estaba para nada enfadado con ella, entendía que quería ser amable, pero a veces no se le daba muy bien. Realmente esperaba me diera alguna razón para quedarme, que dijera algo, cualquier cosa, que me retuviera en Avonlea, pero no lo hizo.
Porque sí, si Anne me hubiera dicho que me quedara lo hubiera hecho.
ESTÁS LEYENDO
Te necesito- Gilbert Blythe
FanfictionTras la muerte de su padre Gilbert Blythe, un chico humilde de Avonlea, Canadá, decide huir de su propio pueblo para recorrer un aventura. Durante el camino conocerá a mucha gente, tanto buena como mala, pero una de ellas se convertirá en alguien d...
