- Todo fue demasiado rápido - declaro cansada, solo quería dormir.
- Veronica debes intentar recordar algo más. - insiste el fiscal.
Miro a mi madre a través del cristal que nos separa. Aún llora, se me cae otra de las innumerables lágrimas que ya he derramado. Me la seco y vuelvo a mirar al hombre que tengo al frente.
Abre la boca y la cierra, se piensa lo que tiene que decir. - Si estas en condiciones ¿me lo podrías repetir otra vez, por favor?
Asiento al fiscal lentamente.
- Estaba de fiesta con mis amigos, dejamos la casa a las cuatro y veinte de la mañana y nos fuimos en taxi hasta mi casa. - hice una leve pausa. - Iba con mi novio James Holland. - vuelvo a mirar a través del cristal, sentado en una silla y traumatizado está James, se sujeta la cabeza con las manos, como si sola no pudiera aguantar. - Llamé al timbre, Thomas el portero no abrió. Como no abría tuve que abrir yo con mi llave. - cogí aire. - Las luces estaban apagadas. Las encendí y me... me encontré con... - empece a llorar otra vez al visualizar la imagen. Decidí calmarme para así irme a casa de una vez por todas. - Con el cuerpo de Thomas el portero lleno de sangre y... y grité, James se quedo atónito y llamó a la policía, los dos nos quedamos en shock.
- Muy bien Veronica. ¿Puedes seguir?
Vuelvo a asentir.
- Empece a llamar a gritos a mi... mi padre. - suspiré. - Me puse histérica ya que no me contestaba, James me decía que me tranquilizara, que ahora venia la policía, que no me moviera. Corrí al salón principal y en el sofá... estaba... estaba mi padre. - cerré los ojos, en mi vida podría quitarme esa escena de la cabeza. - Estaba mu-muerto. - abrí los ojos. - Me acerqué a él y empecé a agitarlo y también a a-abrazarlo...
- ¿Cuando viste... ¿como supiste que tu padre estaba muerto?
- Por el ba-balazo en el pecho, su traje estaba lleno de sangre. - solté.
- Bueno, ya está bien por hoy. - me tajó el fiscal. - Gracias por tu tiempo Veronica.
Me quedé sentada en la silla, quieta. El fiscal salió de la habitación y dejó entrar a mi madre.
- Cielo. - los ojos de mamá estaban rojos de tanto llorar. - Cielo, marchémonos.
Me levanté. - No pienso volver a casa.
Ella tembló y me miró cómplice.
- Tranquila, nos vamos. - me cogió de las manos. - Nos vamos de aquí.
- ¿Que dices? - pausa. - ¿Donde iremos?
- Nos marchamos a Durango, en Colorado.
- ¿Con la abuela? - la abuela Joseline vive en esa pequeña ciudad.
- Con la abuela.
La tía Theresa nos acogió en su ático el tiempo suficiente para que la policía nos investigara y nos quitaran de sospechosas. Al ya haber echo el funeral de padre y aún no haber encontrado al asesino decidimos empezar a decidir la data para irnos. Después de que el FBI limpiara y acabara su trabajo en nuestra antigua casa, mamá y yo fuimos y hicimos las maletas, despedimos a todos nuestros sirvientes. Cogimos lo más importante para nosotras y nos fuimos de New York, dejando atrás nuestra vida.
El viaje en coche fue muy largo.
- ¿Como esta James? - me pregunto mamá al aparcar para comer unos bocadillos.
- Bien, hemos cortado, pero somos amigos. - le conteste.
¿Porqué? ¿Estabas metido en algo? ¿Quien? ¿Fue intencionado? ¿Te lo merecías? ¿Que hiciste? Las preguntas no dejaban de volver a formularse en mi cerebro durante el trayecto.
