Pʀᴇsᴇɴᴛᴀᴄɪᴏ́ɴ

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— Para ser un buen Omega de esta reconocida familia, ustedes descendientes deben de destacar lo más posible en cada campo que un Omega es reconocido. — comenzó a hablar una mujer que aparentaba tener no más de sesenta años mientras en una de sus manos llevaba una fina varilla de roble, golpeándola contra la palma de su otra mano. — ¿Cuáles son esos campos, queridos niños? — preguntó con una sonrisa mientras se paseaba en la sala, mirando cada retoño de la familia Kim que se habían presentado como Omega en aquel año. La familia Kim, orden Lunar, era una prestigiosa dinastía que se caracterizaba por tener los mejores y delicados omegas en el país oriental. Cada Omega que nacía en aquella cuna de renombre, debía aprender muchas materias y resaltarse en el ámbito de la belleza, delicadeza y conocimientos.

— En la estética, en la Belleza, en la gastronomía... — respondió una de los retoños que yacía en aquella sala, atrapando la atención de sus demás compañeros.

— ¿Qué más pequeña? — preguntó con una amplia sonrisa la mujer con pequeños surcos atravesando a lo largo de su rostro, señal de los años que llevaba encina.

— En el bordado, en la danza y en la música. — continuó la joven Omega de trece años mientras ahora se sentía más segura en cuanto a la positividad que presentaba la añejada dama.

— Muy bien, Roseline — exclamó la maestra del arte de ser un Omega mientras miraba a todos sus estudiantes, cuyo nicho prodigioso venía desde su nacimiento. — Otra pregunta mis queridos retoños. ¿Qué características tiene esta familia? — preguntó soberbia y orgullosa por estar enseñándoles a las próximas generaciones.

— Gracia, belleza, simetría, buenas proporciones, razgos delicados... — respondió un Omega de pelo castaño oscuro mientras alzaba una de sus manos.

— Muy Bien TaeMin — elogió la maestra mientras seguía desplazándose en aquella habitación. — Lo más importante para un Omega de esta familia es el aspecto, si uno no tiene el aspecto delicado como una fina muñeca de porcelana, algo está mal. — añadió con una voz severa y prosiguió con su enseñanza.  — ¿Qué más?.

— Finos modales, recatados y delicados. — respondió otro joven Omega mientras alzaba una de sus manos. Con un poco de temor a la hora de dar su respuesta.

— Perfecto, aparte de preocuparnos por nuestra apariencia, debemos apoyarla con nuestra delicadeza, por nuestros modales. — comenzó a dictar su enseñanza mientras miraba a cada uno de sus nuevos aprendices. — Uno no puede ser de seda, si todavía nos queda lo bestia en el interior. — añadió haciendo referencia de “Mona que viste de seda, mona siempre se queda” aunque ellos no eran simple monos tratando de aparentar algo hermoso, sino ellos eran las mismísimas mariposas de seda, elegantes y perfectas. — ¿Qué más? — volvió a preguntar.

— Mientras más claro es el color del lobo, más pureza demuestra. — respondió una Omega de pelo rubio mientras miraba con orgullo a su maestra.

— Muy bien. Esta familia se destaca por tener a los lobos blancos tan puros como la misma nieve, muy pocos a comparación a la gama de colores que existe en cuanto a los lobos. — sonrió con orgullo. — Nuestra familia fue bendecida por Gaia y por la madre Luna, por darnos la bendición de engendrar lobos tan inmaculados, tantos que se puede observar en nuestros pelaje el destello plata o dorado por nuestras deidad. — explicó con una voz conmocionada al relatar una parte de su historia familiar, haciendo sentir orgullosos y admirados a sus discípulos.

— Maestra YangMi ¿Qué sucede si un Omega nace con un lobo marrón claro o miel? — preguntó temeroso un Omega varón mientras acariciaba sus manos de forma nerviosa. — ¿Es una ofensa para nuestra familia?.

— Es nuestra familia también han sido bendecidos por el Padre Sol, es por ello que algunos hijos de nuestras ramas nacen con el vivo reflejo del imponente Sol, así que no tienes nada de que preocuparte. De hecho tú familia es de igual reconocida como si fuera un lobo albino. Nuestros lobos de aspectos blanco, marrón miel hasta rubios muestran señal de pureza de nuestra naturaleza. — explicó con suavidad la maestra mientras veía a cada uno de sus retoños. — Si bien a sus cortos trece años ya se han presentado como un Omega, recién a los quince conocerán a su compañero interior, así que estaré muy ansiosa hasta que aquél bello día llegué. — añadió mientras sonreía ampliamente. — ¿Algo más que decir?

— Los Omegas de esta familia manejan el arte de autocontrol y equilibrio con su compañero interior, no son bestias a la hora de que el celo llegue. — dijo de forma automática otro retoño mientras hacía memoria lo que su madre le había dicho aquella mañana.

— En efecto, tanto como Omegas y alfa de nuestra prestigiosa familia nos podemos controlar a la perfección en el momento del celo, ya sea experimentándolo o sintiéndolo. — respondió orgullosa. — Nosotros tenemos la capacidad de reaccionar y no caer al instinto primitivo del acoplamiento. Estamos tan bien entrenados en cuanto al alma y espíritu, que al momento de sentir el celo de otro individuo, no caemos la tentación de ir en búsqueda de su feromonas. Somos fuertes como un roble en cuanto a los placeres de nuestra naturaleza. — explicó y sonrió.

— Maestra YangMi, disculpe. — intervino la clase una joven Omega no más de treinta años mientras era acompañado de un pequeño niño con una expresión seria en su rostro.

— ¿Qué sucede Sally? — preguntó la maestra mientras veía al escuálido niño que observaba a su alrededor de forma minuciosa. A la  vieja Omega le trajo una mala espina al tal callado niño.

— Él será su nuevo estudiante, hace poco se presentó como un Omega y necesita de su enseñanza. Él es JongDae. — presentó la joven Omega mientras empujaba con una mano al recién mencionado para que diera un paso hacía adelante. — Saluda JongDae.

— Buenas tarde. — saludó a la mujer mayor mientras hacía una venia y luego se ponía observar los surcos que tenía aquella mujer. Haciéndola sentir incómoda bajo la atenta mirada del pequeño retoño.

— Pensé que tenía el registro de todos los omegas. ¿De dónde apareció éste pequeño? — preguntó mientras alzaba una de sus cejas y veía los razgos todavía no definido del nuevo retoño.

— Es el hijo menor de HaNeul, él que se supone que sería un alfa. — dijo lo último en un susurro y luego hizo que el pequeño niño fuera a tomar asiento, ya que necesitaba hablar con la maestra de aquel tema delicado. No era de extrañar que a los cachorros de diez años le hacían una prueba, ya sea física, cognitiva y actitudinal para estimar quienes iban a ser omegas y quiénes iban a ser alfa. Aquellas pruebas daban el 99,9 % de exactitud, pero lamentablemente para aquel reciente Omega fue todo lo contrario. Él estaba siendo entrenado para ser un Alfa y terminó siendo un Omega.

— ¿Me estas diciendo que la prueba tuvo un fallo con aquél cachorro? — preguntó incrédula YangMi mientras veía de reojo al pequeño retoño, sin gracia. Ya que no presentaba un cuerpo que fuera a madurar como un delicado Omega. HaNeul fue una de sus mejores creaciones en cuanto a sus enseñanza, la chica se había transformando en una de las omegas más reconocidas y solicitada en la familia. Tanto por su belleza como actitudes. Le extrañaba que tuviera ese error en uno de sus hijos.

— Si, la gran madre Chise me mandó para que lo incorporara en su clase. Ya que como es un Omega, debe aprender como tal y espera que usted lo pueda trasformar de un feo patito a  un lindo cisne — comentó Sally mientras le hacía la entrega de una carpeta, en donde contenía los datos de aquel cachorro, como también las pruebas que había rendido a los diez años y además de las médicas que verificaban que era un Omega 100%.

— Dile a la gran madre Chise, que éste pequeño será un gran Omega. Uno de los más hermosos y cotizado como lo fue su madre. — agarró la carpeta y  confiada aceptó a su nuevo estudiante.

°Feel Love° | XIUCHEN || OmegaverseStories to obsess over. Discover now