Dudas de un ciego

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Que día es?
Qué hora es?
Cuanto tiempo llevo en lo mismo?
Cuantos días llevo sin bañarme?
Cuantas horas dormí?
Cuantos trabajos llevo acumulando?
Cuanto llevo ignorando los mensajes de mi vieja?
Cuantos días llevo sin comer una comida?
Cuanto tiempo llevo mirando el techo?
Será esto un dejavú o realmente el tiempo sigue corriendo?

Constante pero tortuosamente las mismas incógnitas nadaban a través del vacío mar de mis enredados y complejos pensamientos. Cuando percibo una fría y lamentable voz bastante familiar, que reclamaba mi atención. Como náufrago en medio de una tormenta, se divisó cual rayo que me intentaba hundir el barco. Con un tono suave pero severo y rencoroso a la vez, un: "es tu culpa" se anuncia ante mis pequeños y delicados oídos. Extrañándome, aunque, dándome cuenta al instante de que quien se trataba, el remitente se esas dolientes palabras, no era ni más ni menos que mi propia mente. Recalcando lo ya dicho, lo obvio, lo repetido ya tantas veces, cual stand de Koichi, parecía un disco rallado que se quedó trabado en la grabadora de mis pensamientos, haciéndome afirmarlo más aún de lo que ya lo tenía claro.

Luego de un pequeño, pero pesado suspiro, como si intentara arrancar a pedazos, esa constante pesadez que la cual llevaba en mi pecho que me asfixiaba y torturaba cada día más. Como si pudiera llegar a sacarme los órganos y dejar de sentir nada. Con una suave voz ronca y somnolienta, respondí, en voz alta, llena de cansancio y melancolía, sensaciones cuales mientras entrecerraba los ojos, harta de todo, me penetraban profundamente en mis entrañas quemando todo a su paso. Deje caer como un resoplido hacia mi misma en forma de réplica ante la renombrada voz un: "..ya se...". Para luego caer de nuevo rendida ante mi realidad, escapando y evadiéndola, cual batalla del dark souls.

Me obligue a dormir, para salirme por la tangente de todo, al igual que normalmente hacía. Como un círculo vicioso, se repetía diariamente. No parecía tener fin este laberinto de oscuridad, sobre el cual me encontraba. En el que, mi pereza e ignorancia ganaba completamente la prometedora batalla del no volver. Con la esperanza, de que un día de estos, una heroica pero hipócrita mano prometedora y suave, llenándome de promesas y de mentiras, me tomara del hombro. Mostrándome así, un fraudulento intento de sacarme de ese paraíso de engaños y verdades. Pasando por alto, desde el principio, que realmente este era un muy profundo poso. Del cual, no había una salida predeterminada y abandonando, eventualmente, la escena cuando vea que va no hay una salida fácil. Y entre excusas y pretextos se valla alejando. Ciclo, que de por si, no había cambiado con un antes y un después con la, tan amada como odiada por muchos, dichosa cuarentena.

Como levantarse de la camaWhere stories live. Discover now