Uno

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Siempre tuvo un ánimo travieso, pese a que era muy callada. A la geste por eso le era un poco extraña. Tenía los ojitos color de miel y el cabello de un café rojizo. Su piel era como un papel y su figura un poco escuálida. Se pasaba las horas entre cuerdas de violines y guitarras,historias de viejos libros que leía en voz alta para un gato viejo que era su mascota. Por un tiempo muy largo,su cuarto fue su mundo entero,pues como nació con la frágil salud heredada de su madre,desde muy pequeña tuvo que abstenerse de muchas cosas. Como una muñeca de porcelana se percibía así misma,pues era linda,frágil e inútil en aquella condición. Ese tiempo estuvo muy triste y acechada por las penas de la prematura perdida de seres muy importantes. La muchacha se sentía desdichada y sola. Indigna de una caricia de tibias manos. 

Pero de un mundo distante, fantástico e intangible;un dios la veía en ocasiones. Más que verla, la contemplaba y era la soledad de la muchacha lo que al dios cautivaba. No es que ella estuviera sola realmente,es que dentro de su entorno era ella como un oasis de descanso para todos. Ella dulce,gentil comprensiva y el mundo hambriento de ser oído y consolado,pero en sus afanes desesperados la descuidaban  dejándola sola en su habitación,
haciendo mundos como crisálida de las que nunca nada emergía en ese plano,pero en otros si y es allí donde él habitaba como una insignificante sombra que la espiaba en un afán desprovisto de morbo,pero lleno de deseos.

¿Serían sus manos,que tocaban las cuerdas de esos fríos instrumentos ,suaves y cálidas? ¿Era su regazo la almohada mejor? ¿Eran su ojos el espejo más honesto y dulce donde se podía ver? ¿Era su voz tan fiel a su aspecto de niña,la música que le brindaria consuelo? ¿Querría ella recibir el consuelo de sus manos o sus palabras de aliento? ¿Querría ella tenerlo como única audiencia? La miraba y suspiraba,la miraba y soñaba con tenerla en su morada para colmarla de gracias y vestirla de flores. La pondría en una alcoba blanca,cómoda e iluminada mientras estuviera con él. Le daría la inmortalidad, la juventud eterna,lo que ella pidiera. Todo su ser.Pero luego de entregarse a su fantasía, sacudía la cabeza y desechaba esas ideas impropias de un ser de su estatus,mas no podía evitar verla y sentirse hambriento de ella. Era la frágil mujer, el antojo de un dios de cabellos plateados.

El Antojo de un dios.Stories to obsess over. Discover now