Introducción.
"El mundo es oscuro y repulsivo como para dejar que un ángel viva en él, por ello decidí enviarlo al cielo. Hice lo correcto y obtendré mi recompensa al cruzar las puertas de la muerte."
Repasaba sin cesar las palabras anotadas en aquella novela barata que encontré husmeando en la alcoba de mi hermana, imaginar que alguien es capaz de asesinar a la persona que ama simplemente no entraba en mi cabeza ¿Eso es amor? Naufragando en mis pensamientos me topé con una enorme cuestión, ¿Qué es el amor a fin de cuentas?
Salí de esa alcoba teñida de rosa para ir a la cocina, no tenía ánimos de romperme la cabeza con preguntas absurdas.
En aquel entonces solo tenía trece años y era natural hacerme esa clase de preguntas, sobre todo con el dilema que me atormentaba por esos días ¿Querer a otro chico sigue siendo amor? La pregunta surgió cuando nos mudamos de Texas a Louisiana, donde pasé el resto de mi vida y también donde conocí a Eliot.
Era mestizo de madre francesa con padre latino, su piel morena resaltaba con sus hermosos ojos azules. Nuestro encuentro fue el primer día de mi estadía en aquella nueva residencia de colores cálidos, mientras esperaba a que mi resiente viuda madre descargara las cajas más livianas pude observar en la calle de enfrente que cierto niño llamativo me observaba. Solo fue contacto visual, pero las descargas que recorrieron mi infante cuerpo fueron tan fuertes que mi respiración se volvió pesada, era una sensación nueva y emocionante.
Con el pasar del tiempo naturalmente nos volvimos inseparables e íntimos, muy íntimos. Mis sentimientos hacia aquel chico eran maravillosamente correspondidos, inconscientemente mantenía una relación sentimental con él ¿Cómo podría saber que era una relación amorosa con una madre fanática que asociaba todo con pecado? Los besos eran pecados, los abrazos eran pecados, verse era pecado, ni hablar del sexo. Mi pobre educación sexual y emocional condujeron al trágico accidente que ahora llamo "sexo ciego".
Tenía quince años cuando mi inseparable amigo Eliot me robaba besos de forma juguetona, tomaba mi mano, mientras veíamos películas rodeaba mi cuerpo con el suyo. Yo no era consciente de lo que significaba sin embargo me gustaban las sensaciones que provocaba, esto llegó tan lejos hasta al punto de tener mi primera relación sexual con Eliot, sin saberlo.
Fue mientras estábamos en su casa, estábamos con una película y seguíamos nuestra rutina de besos, pero uno de esos besos se volvió fogoso, húmedo, caliente. Las manos de Eliot bajaron hasta mi pantalón donde se escabulleron al interior de mis boxers, no entendía porque mi cuerpo tenía reacciones tan fuertes con eso.
Las cosas siguieron hasta quedar los dos totalmente desnudos, en la soledad de esa habitación perfumada a canela, después de llegar hasta el final recuerdo lo que dijo.
- Lo hicimos- Mi cara mostró total confusión – Tuvimos sexo.
- ¿Cómo?- Jamás me habían dicho como se hacía, así que la sorpresa era enorme para mí.
- Todo lo que hicimos, no son cosas que hacen normalmente los amigos, estuve mintiéndote porque de otra forma no podría haber hecho nada de lo que me moría por hacer. Te amo.
Amor, eso da miedo, había sido engañado porque alguien sentía amor por mi ¿Eso es amor? Lo había disfrutado, ¿Yo también lo amaba? En ese momento solo podía pensar en el pecado y en mi madre.
- Si mi madre se entera, me matará.
- No lo hará.
El pecado no podría ser borrado fácilmente de mi mente, sobre todo porque pecar se sentía tan bien. Pasé una semana sin poder ver a Eliot, estaba molesto pero a la vez mi cuerpo necesitaba desobedecer la palabra de dios.
Era de noche, mi cuerpo estaba muy caliente, no podía soportarlo, necesitaba calmarlo de alguna forma. Recordando como las manos del moreno recorrieron mi cuerpo, mi mano bajó hasta mi miembro y comencé a masturbarme a la vez que estimulaba mi entrada. Seguía sin ser suficiente, necesitaba que me tocaran, quería que las manos de Eliot me tocaran. Necesitaba pecar, quería fundirme en el infierno si eso significaba ahogarme en placer.
En un inconsciente impulso caótico escapé de mi casa para ir a la del moreno, crucé lo necesario hasta llegar a su ventana en el primer piso. Abrió confundido pero en cuanto observó mi estado inmediatamente me dio acceso a su alcoba, me besó sin chistar y esa noche no dormimos.
La desgracia cayó sobre nosotros por las acciones imprudentes, su madre se dio cuenta de lo que hicimos para lógicamente llamar a mi progenitora.
Fui a un campamento de rehabilitación gay y a mi regreso Eliot ya no estaba.
____________________________________
This is a DEMO.
YOU ARE READING
Himmelsk
Teen FictionLa obsesión no es un pecado, es una bendición poder amar tanto.
