Nunca lo había sentido pero sabía que estaba ahí, escondido en alguna parte, en un lugar remoto donde no lo habría podido encontrar ni el más perspicaz de los exploradores. Aguardaba agazapado esperando un desliz de mi mente consciente para florecer. En un momento, no se cuando, ni en donde, apareció, mostró todo su esplendor y hallose refulgente de brío, carente de biguedad, segando con su hoz a todo aquel que se le opusiera. Mientra reinó en mí experimenté sensaciones que nunca antes había podido ni imaginar, algunas veces intenté poner resistencia a sus designios pero fue en vano, quien puede luchar contra un enemigo tan formidable, porque cuando te enfrentas a él no sólo luchas contra ti mismo, una versión de ti carente de objetividad y razosinio, sino q te enfrentas también a algo que trae la experiencia de toda la humanidad, a un demonio que surgió desde que adán mordió la manzana. Cuando se trata de amor la lógica se desvanece, la objetividad se automutila y la parte consciente de tu ser se desconecta y entonces solo queda un ente con tu rostro y tu alma que no es capaz de romper las cadenas del amor, porque se encuentra en un dulce infiero del que nadie quiere escapar. El amor no es como lo pintan en los cuentos, todo rosa y finales felices. El amor es la tortura más placentera jamás experimentada por algún mortal y una que otra deidad. En tirano con el que me enfrentaba no era derrotable, simplemente por el hecho de que no quería pelear no importa cuanto me provocará o cuan injusto fuera conmigo, estaba embriagado por su dulce ponzoña y no sentía la necesidad de pelear. En este mundo nada dura para siempre y como todo lo que empieza era hora de que terminara, hace poco fue encontrado el temible monarca, muerto en sus aposentos, nadie conoce la causa de su muerte y todos están consternados. Es la hora de la independencia, es la hora de que mi mente consiente tome el control de nuevo y erradique todo remanente de amor que halla quedado en mi, los secuaces de mi efímero rey, el amor, se esconden en lugares muy profundos dentro de mi pero no parare hasta erradicarlos a todos no puedo permitir que el amor regrese al poder tengo que destruir todo aquello que implantó y así en medio de una nuevo yo libre e incapaz de amar se alzará la llama de la razón una vez más. Esta llama sólo se extingue cuando el amor la lleva desde una llamarada incontrolable hasta una lánguida y trémula chispa en decadencia
