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| prologo |

El colectivo frenó en la siguiente parada y una ola de pasajeros subieron a éste, me dediqué a mirar por la ventana, hasta que sentí cómo el asiento de mi lado se hundía. 

De reojo pude ver a una morocha de tez blanca y ojos marrones, que con el sol se veían más claros de lo que suponía que eran. El cabello ondulado y unos lentes que servían como vidriera para aquéllos ojos, que de tan comunes que eran podian llegar a ser únicos. 

La chica al sentir, ahora si, mi mirada posada en cada uno de sus movimientos; decidió devolvermela tímidamente y solo por segundos. Le sonrei y ésta corrió un mechón de su cabello para colocarlo tras su oreja, y me sonrió de lado y sin mostrar sus dientes.

Dejó de prestarle atención a mi presencia y de su mochila sacó un manual, por lo que llegué a leer, Psicología volumen 1. Comenzó a leer las páginas que se encontraban subrayadas en éste, encontrandose con cartelitos hechos a lápiz que decían ¡Importante Parcial!. 

Cada movimiento que hacia era más delicado que el anterior; y al sentir mi mirada nuevamente sobre ella, posó sus ojos en mí. Le sonrei y sus mejillas se enrojecieron, haciéndome reír -debo parecer un acosador, ¿te molesta que te mire?

Negó con la cabeza y acomodó su cabello hacia un costado, asentí y miré su libro -¿hoy rendís un parcial? 

Asintió y por primera vez desde que subió al colectivo mantuvo un contacto visual conmigo, aunque solo hayan sido segundos -el primero de la carrera en realidad- Contó con, se podría decir, la voz más dulce y tierna que escuché hasta el día de hoy.

-seguro te va a ir re bien morocha- Ella me miró y sonrió, aunque solo por segundos -¿cómo te llamas?

-Sofía- Contó nerviosa, y sonreí por eso -¿y vos?- Aún más nerviosa que antes.

-Valentín- Asintió con su mirada baja -¿alguna vez te dijeron que sos muy linda Sofi?

Y por lo visto la tomé por sorpresa, y aprecié como sus mejillas volvian a tomar ese color rojizo que aumentaba cada vez más su intensidad, y no voy a negar que me encantaba verla así.

Negó con la cabeza y me miró, reí por la ternura que me causaba que se ponga así solo por mantener un contacto visual o porque le hagan un cumplido.

Por la ventanilla pude ver que mi parada era la siguiente, y tomé mi mochila -¿dónde te puedo ver otra vez morocha?

Ésta me miró y con uno de sus dedos levantó sus lentes, se hundió de hombros y sonrió de lado -supongo que de lunes a viernes, estudiando en el bondi.

Reí y antes de bajar completamente del colectivo le grité -éxitos en tu parcial morocha.

Por primera vez la vi reír, y no voy a negar que es una de las risitas más tiernas que escuché. 

Te vi y perdí el calibre.

Bondi - Wos.Where stories live. Discover now