Prólogo

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[Capítulo 00]

Juguemos

(...)


—¿Me escuchas?—procedió en su mente una voz fémina, dulce y clara.
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—¿Me recuerdas?—en eso se le sumó la voz de un hombre joven, resonando en las cavidades auditivas de la muchacha.
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¿Me ves?—ahora ambas se unieron mezclando sintonías más fuertes y voluminosas,  queriéndose adentrar en profundidad a su cabeza; aunque antes de que aquellos pasase, un gélido viento tambaleo aquel hilo de voces llevándolas hacia algún lugar de su tan misteriosa mente.

El silencio, frío y confuso la atormentaba. Sus entrañas dolían, su estómago parecía retorcerse en aquel lugar.
Por más que fuera su mente sabía que algo andaba mal, lo presentía, lo suponía; sabía que ni siquiera en su cabeza podría encontrar paz y esa tan clara suposición no pudo más que convertirse en la realidad.

Eva.

Atrapada en el laberinto pensante, observada por los huecos de su mente; una voz mucho más imponente como clara y armoniosa era la única que hacia aparición en ese sitio.

—Eva—con más resonancia. El eco de las paredes mentales ampliaban cual altavoz la misteriosa voz, haciendo retorcer a la joven en su lugar; sus tímpanos iban a estallar por tal presión ejercida.

Suspiro, uno cálido tras su nuca la hizo amagar con desespero hacia atras; fija a la figura de tan penetrante cuerda vocal.

—Tu...¿quien eres?—sin descifrar «aún» su apariencia espero a que hablase.

—...Quien—después de lo dicho río en un tono dulce.—¿Quién crees que soy?,mí Eva—por fin, dio a mostrar algo de su rostro tras esa túnica que se confundía con la penumbra del sitio. Ojos; notables ojos color violáceos, despampanantes amatistas de lujuria se fijaron en la mirada inocente de la heroína.

—¿Que?...¡Ahg!—se inco de manera rápida, pues fue el reflejo de una punzada puesta en su pecho. Dolía; como si millones de agujas dieran a relucir en su interior, en ese instante su cabeza retumbaba cual golpe propinado por una pared o de si, una pelota rebotara continuamente en su cerebro.

___Dolía___

—Mja...—sonrió, y al igual que antes una risa breve brotó de sus labios indistintos por la cubierta de la tunica.—Mi Eva—miro atentamente desde la perspectiva de arriba; para más tarde bajarse a la altura de la adolorida protagonista.
Despierta, mí Reyna—ahora eran sus manos«con aires delicados pero robustas al mismo tiempo» las que se dejaban ver y se acercaban peligrosamente a su rostro.—Que la noche opaque tu luz, uniendo nuestras almas en esta danza eterna de oscuridad.—la blonda negó y con afán«emitido del miedo»retiro su cara para que esté no la tomase; sin embargo para él«quien quería que esas rosadas cuencas le dieran una visita a su fría alma»no fue difícil colocar su rostro en la posición de hace poco—Eva...yo no soy Adán—con sus ojos; tan rosas como el cuarzo viéndolo, acarisiaba sutilmente su rostro de porcelana; mientras que, con un gesto de negación puso énfasis en lo dicho.

¿Tu?...¡Pero yo no soy Eva!trato de librarse, forcejeo para todos los lados que disponía; notando como su cuerpo quedaba fijo en el suelo, en un trance atribuido de seguro por su inquilino no deseado«o al menos para ella» este mismo la acalló, depositando un dedo en sus rojizos labios. Un dedo que mostraba una afilada y casi gatuna garra sobresaliente.

Recuerdos permanentesWhere stories live. Discover now