Miradas.

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Respiro hondo después de sentarme en la cama, pongo mis pies sobre la suave y cálida alfombra que hay debajo,  reconfortante como siempre, miro por la ventana que por regularidad dejo abierta, me encanta respirar el aroma de la mañana y que los primeros rayos del sol me acaricien el cuerpo y el alma. hoy parece ser un día especial como cualquier otro, porque así son todos los días para mí, especiales, desde que empecé a descubrir las pequeñas cosas bellas de la vida, cosas que trato de retratar cada vez que tengo oportunidad, con palabras o pinturas.

 Acabo de cumplir la mayoría de edad, pienso, pronto debería decidir que hacer, por mis buenas calificaciones tengo ofertas de becas para distintas escuelas superiores de artes pero no me decido, he hecho los exámenes de admisión a casi todas, pero es como si quisiera tener todas las escuelas en una sola, antes de que acabe el verano debo decidir, una nueva etapa empieza y seriamente comenzaré a ser un adulto, miro el calendario, 23 de marzo, hay brisa fresca y parece que será un día soleado, perfecto para salir a pasear en bicicleta  e ir a retratar algunos paisajes.

Mi madre me saca de mis sueños vagos al llamarme, como siempre alguien debe sacarme de ahí porque soy capaz de irme bastante lejos, me dice que baje a desayunar y después de ponerme una sandalias bajo en pijamas, pensando seriamente en que haré con mi día, no me considero un  poeta, ni artista pero pienso que alguien debe retratar la belleza, simplemente eso y es a lo que me dedico últimamente.

-Qué planes tienes hoy?- pregunta mi mamá

-Pienso ir a dar un paseo en bicicleta y dibujar un poco- digo algo pensativo.

Mi mamá me sonríe en silencio y me invita a que coma cuando pone en frente de mi unos huevos revueltos, panecillos, algunas frutas y jugo recién exprimido y es mi momento favorito del día, sentarme con mamá a desayunar y hablar de todo y de nada, o cuando me acaricia el pelo con esas manos suaves, sin dudas es lo que más extrañaré cuando tenga que irme a estudiar, las maneras tan diversas y bonitas en que mi madre expresa su amor hacia mi. Aún me trata como a su niño pequeño y no hago comentarios al respecto, porque realmente me hace feliz.

Reparo en que quizá sea alguien más sensible de lo que pueda admitir, la gente siempre ha dicho que soy muy amable pero son cosas diferentes o por lo menos eso creo y aunque no lo niego, simplemente pienso que todo el mundo debería ser así por lo que me encuentro esas declaraciones, extrañas. Desayuno sin prisa y cuando ya he terminado, ayudo a recoger la mesa,  me levanto y voy a  mi cuarto, me doy una ducha, larga y relajante y me visto rápido, tomo mi cuaderno de dibujos, mi lápices, mochila y bicicleta y salgo después de despedirme de mi mamá quién dentro de poco saldrá a trabajar.

Mi mamá es socia en un pequeño restaurante, su nombre es Alicia, siempre he admirado la fortaleza y el deseo de domar a la vida que tiene, me ha criado básicamente sola y nunca pude entender como mi padre dejó ir tanto, aunque es un buen hombre y siempre ha estado pendiente de mí,  me he preguntado cuál fue la causa de su partida cuando tenía 11 años, porque para mí, ella es perfecta, amorosa, atenta y bondadosa, pero la vida está llena de misterios como este y a menudo trato de no pensar mucho en eso y disfrutar la limonada tan dulce que a pesar de todo me regalan los años. 

Vivo en la pequeña ciudad colonial, en Santo Domingo, un pequeño apartamento para mi mamá y para mí,  soy muy privilegiado, vivo en el centro del crecimiento y de la belleza si me permiten decirlo, voy en mi bicicleta sintiendo el aire peinar mi cabello, sintiendo el sol calentándome la sangre, veo a las personas transitando por ahí, paseando sin prisa, observando y maravillándose con los antiguos y bellos edificios construidos en ladrillos y piedras, después de un rato lo veo, está allí, el sitio perfecto para retratar, el lugar perfecto para dibujar, veo el cauce del río ozama y como un barco va alejándose, la inspiración me basta y me detengo para rápidamente sacar mis lapices y cuaderno de dibujo. 

No sé exactamente cuánto tiempo habrá pasado hasta que una señora de unos 30 y tantos con una mirada amable y sonrisa sencilla, y una miniatura a su lado, idéntica a ella pero como con 25 años menos, se me acercó y me dijo:

-Hola, qué hermoso dibujo, crees que puedes retratar a mi pequeña?

Me sorprendí y me sentí halagado y asustado a la vez, nunca había hecho algo como eso, pero ya que me lo pidió de la manera en que lo hizo, no pude negarme, realmente nunca puedo negarme a nada.

-Claro le dije, sienta a la niña por aquí- le hice ademanes para que supiera donde, y yo me situé frente a ella-.

Empecé lento, quizá hasta con manos temblorosas, pero pronto me alegré por lo fácil que se me daba, fue gratificante ver lo pronto que había terminado y lo mucho que le había agradado mi trabajo a la señora, en serio voy a dedicarme a esto, pensé, y cuando ella trató de pagarme por el retrato, le dije que lo tomara como un regalo, me dio un gran abrazo, su niña también y así se despidió, con una sonrisa en su rostro que fue más para mí que todo el dinero que ella pudiera ofrecerme.

Miré a todos lados  frotando mi cuello con la palma de mi mano derecha, como tratando de ubicarme, es lo que pasa cuando se está muy inmerso en el arte, muy absorto en otro mundo, hay que ubicarse y salir de la magia por un momento. Entonces la vi, como un rayo de sol, tenía la piel canela, casi como yo, pero más bella y tersa, una larga y hermosa cabellera negra

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⏰ Last updated: Dec 04, 2019 ⏰

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