Cuando ya tenía la edad necesaria para ir al jardín de niños, mi mamá me anotó y yo estaba listo para mis primeros días de clases. Era un mundo nuevo, una etapa nueva, todo nuevo, desconocido para mí. No sabía que cosas podía haber en ese lugar, no sabía más nada que lo que como niño imaginaba. Pensaba que podían haber juegos y parques de diversiones, muchos dulces y juguetes esperándome, amigos con los que jugar. Estaba un poco ansioso y nervioso, un poco asustado y tímido. Recuerdo que mi abuela hizo que me perfumara y lavara mis dientes como 3 veces, también me peino y me puso brillo y gel para peinar. Fue la parte más aburrida de ese día.
Cuando llegué al jardín de niños, todo lo que había imaginado se fue volando muy pero que muy lejos, y la realidad vino corriendo hacia mí. Todo era poco colorido, habían niños y niñas gritando y llorando, padres alterados, maestras con voz muy aguda tratando de cantar canciones de la granja, en fin, un caos. Mi primera semana fue eso, y poco a poco todos nos acostumbramos a esta nueva etapa. Luego de la primera semana, donde parecía que todo marchaba bien, mi abuela decidió que debía arrancar esta segunda semana con otros cuidados. Me llevó al baño, puso una toalla en mis hombros, dijo que cierre los ojos y... vacío media botella de vinagre de alcohol en mi cabeza. Esto lo hizo con el argumento de que era un piojoso pues en el jardín hay muchos piojos dando vueltas por la cantidad de niños que hay en ese lugar.
¡Ay, que cosa! Estaba absolutamente confundido, yo creía que era un niño pero en realidad soy un piojoso. Mi mamá decía que era el niño más lindo del mundo... ¿hasta cuándo iba ocultar mi verdadera identidad?
Mi abuela nunca me había dicho nada sobre que era un piojo, sólo dijo que era un piojoso y que en el jardín había mucho de eso. Yo me sentía súper extraño, confundido y un poco triste porque la manera con la que me lo dijo me hizo sentir algo sucio.
Ese mismo día, lunes, que vacío media botella de ese líquido apestoso, en el jardín había una actividad donde todos los niños íbamos a salir al patio trasero a jugar entre todos y con todos. Yo fui con mis juguetes favoritos para compartir con los demás, eran dos dinosaurios. Cuando llego al lugar mi maestra me saluda con su mano mientras se acerca para abrazarme, en esos segundos que se inclina para darme su amoroso abrazo su cara dulce se transforma en una de desagrado. Fue el abrazo más incómodo del mundo.
Oh, no... ella también sabe que soy un piojoso, no? O tal vez sólo respiro todo ese olor a ¡vinagre!
Antes de comenzar con una actividad todos los niños y maestras nos quedamos en el salón para cantar y dar el saludo. Cuando terminamos con ese protocolo, fuimos al patio trasero a jugar, ¡por fin!
Las maestras habían organizado increíbles juegos, súper divertidos, yo quería jugar a todos. Pero hubo un pequeño problema... si, exacto, el vinagre para curarme de mi piojosidad. Todos los niños y niñas sentían ese apestoso olor que salía de mi cabeza, nadie quería jugar conmigo, se alejaban. Yo decidí irme a jugar solo, hasta mis dos dinosaurios me dejaron, se fueron a jugar con otro nene.
Me sentía solo, raro, extraño, diferente, aislado, confundido, triste, me sentía mal. Cuando llegó la hora de volver a casa, mi abuela me vino a buscar. No dije nada, todo estaba mal.
Pasaron los días y el olor se había ido, ya estaba limpio. Los niños querían jugar conmigo, se acercaban y todo parecía normal. Yo seguía pensando en que era un piojoso, que estaba condenado a vivir así, que nunca más iba a ser un niño y que tenía que ir a un zoológico a vivir por el resto de mi vida...
Estaba condicionado por una mala interpretación de algo, había pasado un momento malo y eso había marcado mi personalidad en ese periodo. Estaba convencido de una mentira sin argumento sólido.
Yo no sabía lo que era un piojo, ni porqué era piojoso. Sólo sabía que lo era y que nadie iba a querer estar conmigo. Y a pesar de que todo había vuelto a la normalidad los niños querían estar cerca mío, no había olor y mi abuela me había dicho que ya el vinagre había hecho efecto y que ningún piojo se iba a acercar yo seguía sintiéndome condicionando por mi destino... ser piojoso (era muy dramático cuándo era un niño, si)
Pasaron unas semanas y le expliqué a mi abuela que esto de ser piojoso era raro, que quería ser otra vez un niño. Mi abuela me dijo, mientras contenía su risa, que ser piojoso es tener piojos y que los piojos son unos bichitos que se te esconden en la cabeza y hacen cosas y te pica. Ahí entendí todo, seguía siendo un niño, no era un monstruo. Todo era culpa del vinagre y de su fuerte olor, y de que no tenía idea de lo que era ser piojoso o tener piojos. Es más, yo no tenía piojos, mi abuela sólo me vacío media botella por las dudas...
Esa fue mi pequeña anécdota sobre piojos, ahora vamos al punto.
Eso que viví de niño me hace pensar en algunas cuestiones de la vida cotidiana, como creyentes e hijos de Dios.
De niño pensaba que ser piojoso era una condición, una forma de ser, algo que me hacía diferente, para mal, a todos los demás niños. Eso me costó autoestima pues pensaba que nadie me quería, que no valía y que todos eran mejores que yo. Todos eran niños menos yo, yo era sólo un piojoso con olor a ensalada sin verdura en mi cabeza. Y hay gente que vive espiritualmente como si fueran pijosos: tristes, solos, sin propósito seguro, sin fe, aislados, resignados a vivir encerrados en un zoológico, piensan que no valen nada y que nunca lo van a valer...
Claro, esos son algunos de los sentimientos y puede que tengas algunos, no todos, eso ya sería ser súper piojoso. La cuestión es que es hora, como hijo de Dios, que renuncies a todas esas mentiras sin argumento sólido que te impiden crecer espiritualmente. Jesús ya venció todas esas mentiras con su verdad, es hora de que veas que todo ya pasó: no hay olor, no hay piojos, no hay etiquetas. ¿Sabés cuánto vales? Vales muchísimo, la sangre del hijo de Dios, eso vales...
Esas mentiras que retrasan tu crecimiento espiritual en Dios son vencidas con la verdad de Dios. No vivas espiritualmente como un piojoso, si ya Cristo te limpió con su sangre y bebió ese vinagre. Estás limpio y libre para poder ir a jugar todo lo que vos quieras.
Esas mentiras sin argumento sólido son las mentiras que arrastramos desde hace mucho y ocultar estaban, pero hoy son expuestas y derrotadas, pues en Efesios, la carta de Pablo a los Efesios, podemos ver algunas de las características con las cuales debemos formar nuestro carácter. Algunas de ellas son que somos bendecidos, intachables, adoptados, elegidos, aceptados, herederos, amados... ¡Que maravilloso!
(Efesios 1:3-14)
¡Que bueno y hermoso es vivir de acuerdo a lo que somos gracias a Cristo Jesús!
Querido piojoso,
querida piojosa,
es hora de dejarte limpiar una vez más por Jesús para vivir de acuerdo a lo que gracias a Él somos.
ESTÁS LEYENDO
Mostacitas del Reino
EspiritualEncontrarás breves capítulos, reflexiones, sobre lo que Dios tiene para nuestra vida y también conocerás a Jesús en varias situaciones, momentos, increíbles. Te invito a zambullirte en estos escritos que serán de gran bendición para tu vida. Somos...
