Es posible que muchos piensen que no es TAN importante, así que dejame contarle una pequeña historia. Mi historia. O al menos parte de ella.
Esta es mi historia, no es la peor, no es la mejor, no es la única, no es especial, no es perfecta y no está completa. Hay muchas más historias. Demasiadas. Esta es sólo una más. No te tiene que gustar, el tono o la forma de contarla te puede disgustar o incluso puedes juzgar que es inadecuada. Si es así por favor ignórala.
Mi infancia fue muy feliz. Mis problemas llegaron a los 12 años, cuando comencé a ser consciente de que no era como los demás. Supongo que esa sensación la hemos vivido todos, por diferentes razones, pero es mi historia así que cuento la mía. Me gustaban las chicas, sí, pero también los chicos. Por aquella edad yo sabía que te podían gustar las chicas o que te podían gustar los chicos, pero no las dos cosas. Imaginaos esto en la cabeza de un niño de 12 años. Pensaba de todo. Yo sabía la discriminación que existía hacia gais y lesbianas, y más a esas edades. Yo, con mi homofobia interiorizada, asumía que otros fueran así pero no que yo lo fuera. Tenía miedo de lo que otros pudieran pensar o hacerme.
Pensaba cosas como: “No soy normal”, “Se me pasará”, “Me fijo en los chicos guapos sólo porque quiero ser como ellos, pero nada más”, “Soy gay”, “Que bah los chicos no me gustan”, “Decídete” y un largo y doloroso etcétera. No supe hasta muy tarde lo que era ser bisexual y que existiera algo así. O te gustaban las chicas o te gustaban los chicos, punto. No hay más. Y claro, con esas premisas, yo no entendía que me pasaba a mí. Así estuve más de 3 años, sin escuchar ni una sola vez la palabra “bisexual”.
La primera vez que escuche la palabra bisexual fue en una conversación no muy agradable sobre el tema que prefiero no recrear. Lo que me hizo sentirme aún peor.
A partir de ahí me fui informando más, sin recibir ninguna información en el colegio o en casa (GRACIAS INTERNET!). En el momento en el que supe que lo que me pasaba era real, que era algo “valido” lloré. No lo digo por darle dramatismo a esta historia. Lloré de verdad. Recuerdo el momento, pero no recuerdo muy bien que sentí, era una mezcla de miedo por lo que venía y alivio por saber que había más gente como yo ahí fuera, que no estaba solo.
Desde ahí, he pasado por muchas etapas, y muchos momentos que me han marcado. Como la mala reacción de la primera persona a la que se lo conté, siendo todavía un niño, y que se ha traducido en una increíble inseguridad en mí mismo y que considero que ha arruinado gran parte de mis mejores años. Esa inseguridad que me ha hecho ocultar mi orientación sexual. Esa inseguridad que me ha hecho pensar que no era normal, que tenía que elegir.
Esas frases de amigos, que tal vez sin mala intención, han hecho más difícil que yo fuera yo mismo. Ese miedo a tener cualquier tipo de relación. A abrirme a otras personas. El miedo a querer o a que me quieran. Si queda bonito escrito es porque tengo algo de habilidad para ello, pero les prometo que esto no ha sido nada bonito. Nada.
Muchos momentos de sentirme solo, de pensar que jamás sería capaz de contárselo a nadie, de pensar que no merecía la pena porque total me gustan las mujeres. Salgo con mujeres sólo y problema resuelto. Pero no. No era capaz ni de eso. Me lo he impedido siempre.
Que un día te guste mucho un chico y pensar que eres gay y te estas intentando engañar. Que al día siguiente te guste una chica y pienses que eres hetero y te estas intentando engañar. El cansancio mental es real.
Medir mis palabras para poder hablar de mujeres, pero no de hombres, no vayan a pensar que… Escuchar comentarios homófobos y bifobos de tus amigos que por lo general pueden pasar desapercibidos, pero que tu recuerdas palabra a palabra cada vez que, más tarde, has tratado de contarles tu “secreto”. Tener miedo a mostrar tranquilamente tu apoyo al colectivo LGTBIQ+, no vaya a ser que mucho apoyo se entienda como ser miembro de él. He hecho cosas de las que me siento muy avergonzado para evitar que alguien sospechase nada. Y son sólo culpa mía y aunque no hable de ellas las cargo como una losa.
Fue con Instagram y las redes sociales donde empecé a seguir y leer a otros bisexuales y, dios mío, literalmente me salvaron. He llorado y sigo llorando con historias de otros en las que me veo reflejado, o no, pero las siento como propias.
Siento que se me han robado años. Y no puedo evitar sentirme culpable.
Tal vez alguien que no haya pasado por esto no lo entienda. Tal vez aun habiendo pasado tiene otra percepción y cree que esto no es TAN importante. Por eso quiero dejar claro que esta es mi historia e independientemente de la nuestra espero que la entendás.
Cuando he empezado a decir a la gente que soy bisexual mi miedo no era el rechazo, bueno, en parte sí, claro, pero uno de mis mayores miedos siempre ha sido la indiferencia de la gente. Sí, es verdad que la orientación de una persona no nos debe hacer percibirla de manera diferente, ni cambia a esa persona. Se la teoría. No me debe importar lo que piensen, si tienen algún problema es su problema y no mío, es natural, etc. Pero joder, el salto es muy grande y las reacciones de la gente muy poco previsibles.
Muchas veces pensamos que el paso que está dando esa persona la primera vez que sale del armario es sencillo, pero le aseguro que para una persona que lleva mucho tiempo encerrado en una habitación oscura, el camino no ha sido fácil. El desgaste emocional habrá sido brutal y que nos lo cuente significa que nos quiere mucho y se está permitiendo ser vulnerable con nosotros. No nos está contando que es gay, lesbiana, transexual o bisexual, nos está contando una historia, no estoy contando una historia. La historia de gran parte de lo que soy y que, a mí, me ha condicionado enormemente.
Por eso, aunque seguramente compartamos que la orientación sexual de una persona no es importante, quiero que entendás que este momento cada uno lo vive de una manera diferente, y que todas las maneras de vivirlo son válidas.
Cada persona es diferente, algunos salen con más comodidad del armario y puede que todo esto les parezca una exageración, a otros nos cuesta horrores y tenemos miedo no sólo de que se nos rechace si no de que no se entienda la importancia que tiene para nosotros este momento. Puede que pienses que no hace falta decirlo, que seas tú mismo y que la gente piense lo que quiera. Lo puedo entender, llevo pensando eso durante mi vida pero de verdad, si lo digo no es por los demás, es por mí, lo necesito. Puede que no lo entiendas, siento decirte que no escribo esto para explicártelo, simplemente, por favor, apóyame. No sé, a veces pienso que estoy solo y que no puedo contar esto a nadie, que sólo puedo escribirlo y esperar que algún día tenga el valor para contárselo al resto el mundo.
Por eso es importante el día del orgullo bisexual. Para visibilizarnos. Para decirte que eres valida. Para que otras personas que estén pasándolo mal sepan que hay otros que hemos estado ahí, que pueden contar con nosotros, que les entendemos, y que no están solos.
Si estas en una situación similar, me gustaría que supieras algo que yo tarde en descubrir. No hay una “única” manera de ser bisexual y sea cual sea la tuya, es correcta y valida. No tienes que ser como yo me he descrito aquí, ni cómo has leído a otros, ni cómo te han contado. Está bien que lo vivas de una manera diferente, está bien que tu concepto de tu bisexualidad sea diferente. No te pasa nada malo.
Por lo general no es fácil salir del armario, por mucho que estemos en 2019. No conocés las circunstancias personales de los demás, no sabés porque han esperado tanto o porque no quieren hacerlo, no juzgués. No forcés nunca jamás a nadie a salir del armario si no se siente seguro. Jamás. Pero por favor, si alguien te cuenta, con miedo, que no es hetero, por favor, dale mucho amor, porque nos quiere un montón. Como yo a mis amigos.
Y ya de paso, por favor, nunca, nunca, nunca, asumás la heterosexualidad de nadie
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Confundido
Short Storyse trata sobre un chico bisexual aunque nadie lo crea si existe los CHICOS BISEXUAL
