La luz de una nueva mañana invadía lentamente la penumbra de aquella habitación, el olor a alcohol de un bourbon barato, mezclado con la pestilencia de un puñado de cigarrillos apagados en un cenicero del escritorio, la ropa sucia tirada por todo el piso, daba un toque poco atractivo a la decoración tétrica y deprimente de aquel dormitorio. Un televisor viejo pobremente trataba de mostrar las noticias matutinas.
-Ayer por la noche se le a informado a las autoridades de otra desaparición de una joven muchacha de unos 22 años llamada Carolina Giantomaso, siendo esta ya la sexta desaparicion en lo que va de tan solo dos meses, los familiares de la desaparecida le ruegan a todo aquel que allá visto algo que por favor se le haga saber, cualquier información sera de gran ayuda.
El detective Jose Pacheco abría lentamente sus ojos. El efecto de los somníferos mezclado con el wisky seguía molestándolo. Miro sueño lento el reloj que tenia en su mesa de luz el cual marcaba las 7:30. Ya era tarde, pero hace tiempo dejo de preocuparse por el tiempo. Sentado sobre su cama suspiro lentamente, como agotado.
- Otro dia...- Buscaba la palabra correcta para motivarse a si mismo.- A quien quiero engañar?-
Torpemente camino hacia el baño. Abrió el grifo, dejando correr un poco el agua, lavo su rostro lentamente. Se observo en el espejo por unos minutos mientras el agua seguía fluyendo. Volvio a suspirar, asqueado de lo que el cristal le mostraba. Pelo desalineado, sus ojos verdes enrojecidos y contorneados por las ojeras, labios llenos de grietas por culpa de tanta bebida. No era mas que la imagen de un ebrio común, uno mas del montón, sin mas consuelo que ahogar su angustia en alcohol.
Una vez vestido miro su reloj de pulsera, 9:00. Encendió un cigarrillo, y sin importar cuanto le diera vueltas en su cabeza, no encontraba las fuerzas para continuar un nuevo dia.
Una vez llego a su oficina, no miro ni saludo a nadie, simplemente se encamino a la maquina de cafe, para poder matar la resaca que carcomía sus sentidos. Los alaridos de los agentes resonaban entre las paredes del departamento, el tecleo de las computadoras taladraban los oídos, el repugnante olor a piso encerado el cual tanto detestaba, le daban ganas de vomitar.
-Buenos dias Pacheco.- La voz de una mujer.- Otra vez tarde, ¿porque no me sorprende?, en fin, el Jefe esta como loco buscándote.-La mujer era Maria Espinosa, desde que él entro a la fuerza fue su rival, hasta entonces compitieron por ser los sucesores del jefe de la jefatura.
-¿Porque sera que sigues cada uno de mis pasos, acaso estas enamorada de mi?- Comento José en tono burlesco y de pocos amigos, mientras se vertía cafe en vaso de telgopor.
-Por favor, ni en mis peores pesadillas.- En un momento una voz ronca resonó entre los gabinetes del departamento de investigación forense.
-PACHECO, TE QUIERO EN MI OFICINA, PERO AYER.-
-Tal vez me darán el puesto.- Le indico Jose a Maria con una sonrisa burlesca dibujada de punta a punta. Tomo un trago de su cafe y su rostro se retorció del asco, tomando el cubo de basura para poder escupir el mismo que estaba helado.- ¿ Que es esta porquería que tomo?
-Cafe.- Corto en seco Maria.- Debiste probarlo hoy temprano, estaba esquisto.-
Pacheco camino lenta y des preocupadamente hacia la oficina de su jefe, mientras la mirada de todos sus compañeros se posaban sobre el. Silenciosos y expectantes ante la que podría llegar a ser la escena mas divertida en mucho tiempo dentro de la oficina.
Aclaro un poco la garganta, se acomodo el cabello, y justo antes de golpear la puerta se oye nuevamente el estruendo de una voz gruesa.
-Ya pasa de una puta vez.- José se quedo un momento inmóvil, paralizado por el imponente resoplido de su jefe.
-Carajo, creo que esta vez estoy en problemas de verdad.- pensó en alto
Abrió lentamente, haciendo rechinar las bisagras, propagando un eco ensordecedor por toda la oficina. Un hombre robusto, con brazos tan gruesos como ruedas de autos, piel morena, su cabeza rapada lo cual le daba un aire mucho mas aterrador. Con su mano derecha, tan grande como un libro, le indico que se sentara en un pequeño sillón tapizados con cuero negro, que tenia justo en frente del escritorio.
Al acomodarse en el mismo, el tapizado rechino debajo de sus pantalones. Pacheco lo miro al los ojos, los cuales eran tan marrones como un árbol de quebracho. Ninguno de los dos emitió ni un solo sonido, dejando que el tic de un reloj de pared sonara al compás de su respiración agitada, producto de los nervios y obviamente de un año de tabaquismo descontrolado. El aire lentamente se volvía denso, difícil de procesar.
Tratando de relajarse, puso una pierna encima de la otra, a la vez que su haciento volvía a crujir, mientras el oficial superior seguía estático mirándolo fijamente. No rindió frutos. Cambio de posición sus pies, pero esta vez con una mano en su mentón, repitió esa acción una y otra vez, hasta que su la otra presencia cerro los ojos hastiados, mostrando una mano en señal de alto.
Decidido a cortar en seco el silencio el oficial José Pacheco suspiro, emanando un leve aroma a alcohol.- Me estaba buscando, según me entere.- Su tono burlesco pero nervioso irritaba aun mas.
-Como puede ser que el mejor investigador, que estas instalaciones deplorables puedo a ver conocido, se allá trasformado en el peor desastre, después el efecto invernadero, dos meses llegando tarde, sin falta alguna.-
-No se de que me esta hablando señor, yo estoy aquí desde antes que muchos.- comento tratando de no reírse de si mismo.
-Ambos sabemos que eso no es verdad.- Resoplo enojado por la nariz, como un caballo.- Estuve tratando de localizarte toda la mañana, pero tu apareces a las diez de la mañana, como si esto se tratara de un estúpido juego sin sentido.- Frustrado miro hacia un lado.- Experto en todo tipo de armas, artes marciales, y sin duda alguna la persona mas analítica, con la que he trabajado.- Nuevamente suspiro, buscando como continuar.
José comenzó a retorcer el rostro, sabiendo lo que se aproximaba.
-Todos los días llegas con resaca, un olor a wisky, que podría embriagar al papa en persona. Quisiera poder decirte, que se lo que es perder a una persona cercana, como lo era tu esposa, pero no puedo. Pero no puedes seguir lamentándote por lo que paso aquella noche, no fue tu culpa, quiero que lo entiendas.- Su tono lentamente se tornaba mas amable.
El atosigado hombre solo miro hacia el suelo, tratando de no ponerse triste, recordado aquella fatídica noche en la que perdió a su mujer.
-No me dejas mas opciones, que degradarte, y reducir tu paga.- parecía que la voz se le entrecortaba.- Es la unica manera de que aprendas tu lugar, ahora vete.-
Pacheco se levanto lentamente, con un nudo en la garganta, a causa de la impotencia, camino lo mas lento que pudo hacia la puerta.
-Sabes que Victor.- Se detuvo antes de retirarse.- Tienes razón, no sabras jamas lo que es perder a una persona tan maravillosa como lo fue Julieta.-
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La casa de las muñecas muertas
Mystery / ThrillerEsta va a ser una novela detectives, o algo mas o menos parecido.
