Suzanne siempre decía que la vida te daba muchas palizas hasta que ya no lo soportaras más. Hasta que el dolor sea tan grande que tu alma sólo cediese ante el fatídico final de la naturaleza, desprendiéndose del cuerpo en una sola tirada. Yo sabía que ella hablaba de otras cosas específicas, pero no podía evitar pensar en el amor.
Estiré mi cuerpo despertando y viendo a mi lado al chico que conocí hace un año.
─¿Listo para otra ronda? ─sonreí. Él también lo hizo pero negó. Me dió un beso y se levantó de la cama.
Se fue al baño y regresó ya vestido.
─Te veo en la noche. Tengo que apurarme, mis padres regresarán en menos de... ─echó una mirada al reloj y maldijo─ ¡Mierda! Cinco minutos.
Me dió un beso rápido y se fue corriendo hasta la puerta.
─¡Ey, No te olvides! ─le dije moviendo en mí mano su inhalador.
─Cierto, ¡Gracias! ─lo agarró y le robé un beso de pasada.
Adrián, tenía ese aire romántico a su alrededor; Siempre andaba por las nubes. La vez que se olvidó del inhalador fue estando conmigo en mí habitación después de una ronda de sexo. Ambos estábamos espantados pensando en qué hacer porque el ataque de asma se iba haciendo cada vez más fuerte en él, así que salí lo más rápido que pude a una farmacia y cuando llegué con el inhalador Adrián estaba muy rojo y el corazón le latía a mil. Tuve mucho miedo de perderlo.
Desde entonces cada vez que ibamos a tener sexo le preguntaba si lo traía consigo, y él se molestaba conmigo por cortarle el rollo sexual. Así que él empezó a enseñarme su inhalador incluso antes de entrar a mi departamento.
Ví el reloj de mesa y aún eran las cinco de la mañana, me dispuse a dormir un rato más y cuando sonó el despertador a las seis ya estaba alistándome para la escuela.
Mi vida se basaba en trabajar, ir a la escuela y, una última que me gustaba más, ver a mi novio.
Entré temprano a clases. Todas las mesas estaban vacías pero me fuí al final. Me puse la capucha y dormí otro poco hasta que llegara el profesor.
Siempre tenía los mismos sueños, y no me quejaba. Porque en todas aparecía él. Adrián era para mí lo que la coca para un drogadicto. Él siempre me ha dicho que no usara esos términos, porque eran "poco románticos" y siempre me causaba risa. Y él terminaba enojándose conmigo.
Lo curioso de todo es que conocí a Adrián debido a su enfermedad. Lo había visto en la calle usando el inhalador que se había acabado, él seguía sin rendirse agitando el frasco para conseguir siquiera unas pocas gotas del aerosol. Si no hubiera sido por eso, yo no hubiera reparado en él. Yo pensaba en socorrerlo, pero vi que alguien más lo ayudó.
El segundo encuentro que tuvimos fue cuando estaba en mi trabajo, una cafetería. Yo estaba detrás del mostrador listo para atender a cualquier cliente con el rostro pétreo e impenetrable.
─Hola, pediré un mocca ─creí que olvidaría su rostro, pero no fue así.
Solo fue una simple frase, pero fue la frase que inició todo.
─Sin azúcar o con azúcar.
─Con azúcar ─dijo sin pensar.
─Chocolate negro o leche.
─Chocolate negro.
─Lo prefieres grande, mediano o chico.
—¿Cómo?
—El moca ─Adrián se había puesto muy rojo y entonces supe lo que él estaba pensando. Ese día yo había sonreído y hacía mucho que no lo hacía.
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Siempre A Tu Lado
RomanceUna historia de amor. Psdt: Encontré este One-shot en borrador. Lo escribí en noviembre del 2019, me había olvidado de la historia pero me gustó mucho y quise seguirla.
