Caminando despacio

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Caminaba despacio por la calle. Con cada paso una mueca de dolor añoraba en su rostro. Notaba con cansancio el rostro de los demás. Estaba a punto de desfallecer, pero cada paso parecía animarlo más a continuar, aunque daba la impresión de que eso no lo hacía muy feliz. Era como si con cada paso echaga a la suerte si seguir caminando o no.

El cuello de su camiseta estaba sucio, sucio y húmedo por el sudor de la jornada. Un suspiro mudo salía de su boca y acompañaba la mueca, seguida de un quejido de dolor. Sin embargo, todo esto quedaba dentro de sí. El rostro de las demás personas permanecía inmóvil, indiferente ante el hombre moribundo que caminaba entre ellos.

Un transeúnte tropezó con una grieta en el suelo, era inminente su caída, y en un acto reflejo de apoyó en los brazos del hombre moribundo, en sus brazos sucios y sudados. Este hizo una mueca casi exagerada, dejó escapar el aire como una olla de presión, y se quejó como si le hubiesen clavado una aguja entre la uña y el dedo. Una lágrima amenazó con derramarse, pero más pido el dolor, el dolor avivado por las gotas de sangre que ya resbalaban por su rodilla herida.

El hombre que tropezó hizo una mueca de repulsión, un resoplido de superioridad, y un quejido de asco. Se apoyó en el moribundo solo para reconbrar el equilibrio. Le dió una última mirada con el ceño fruncido, y se perdió entre la multitud indiferente. El moribundo siguió caminando despacio por la calle, con el rostro cansado y lleno de dolor, rumbo a un lugar que no era mejor que en el que estaba.

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⏰ Last updated: Nov 23, 2019 ⏰

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El moribundoWhere stories live. Discover now