Tapatíos
Introducción:
En busca de al menos rasgar en la imitación de quien es mi autor preferido, Mario Benedetti y su obra Montevideanos.
Libro que a pesar de ser de su autoría se encontraba aplastado por el peso de la información en Medicina y polvo que trae el tiempo. Libro que en mi cotidianidad depresiva me trae a la memoria como solía pasar mi tiempo a solas para perderme en la relatividad narrativa; con todo quiero decir que una vez más he sido rescatado por su obra y a manera de homenaje espero rescatar a un lector o al menos hacerles pasar un buen rato.
Jueves Santo
El despertador no sonó como de costumbre, olvidé que anoche me pareció mejor idea el desactivarlo; hoy no es necesario el susto asqueroso mañanero de una alarma hiriente que me lanza a la carrera del tiempo hasta que llegue a la meta de las 5 pm. Hoy no tengo que verle la cara al imbécil de Augusto –"jefe con complejos de inferioridad"- eso me calma. De la oficina solo extrañaré a Verónica si decide no llegar al café que la invité, o mucho peor, si algo le sucediese que le cambie su rutina. ¡Qué pelota de pesimista soy! -Aún no pongo los pies en el suelo y ya estoy pensando en mal augurios- Miré el reloj y me percaté que solo faltaban 30 minutos para la hora que la he citado y que de no salir de la cama como rayo seré yo quien no llegue. Mis preparativos mañaneros quedan condensados a unos 10 minutos con la esperanza de que en la avenida Montevideo el embotellamiento no sea tan grande. Ya de camino me recuerdo nuevamente que así como yo, la mayoría de la ciudad se encuentra libre gracias al jueves Santo, me doy cuenta que estoy más olvidadizo que nunca y resuelvo que debe ser porque veré a Vero –"llamarla así me encanta"- por primera vez fuera de la oficina. Llegué unos 15 minutos antes al café y decidí que sentarme en la terraza es la mejor opción después de todo no quiero que nos sintamos encajonados en un día libre de oficina. Al mirar la hora nuevamente veo que ya han pasado unos 4 minutos decidiendo en que lugar me sentaría y distraído con cosas banales ocurriendo dentro del café. Maldita sea mi insistencia de mirar tanto la hora si estaba distraído, ahora estoy nervioso no paro de mover las piernas y el extranjero de la otra mesa no para de verme; ¿Tendré pasta dental? Me pasaré la mano disimuladamente; no traigo nada, ¿Estaré mal vestido? Ya ni al caso, no me alcanza el tiempo para cambiarme esta camisa. Solo han pasado 2 minutos ¡Ahora el tiempo trabaja para el gobierno y se mueve lento!
- "Santiago, ella es Verónica, una de nuestras reporteras ejemplares con la que contamos aquí en Tele8" – Así me la presentó Augusto hace unos meses, creo que ha sido la única verdad que le he escuchado decir.
- "Mucho gusto Santiago" – Así no más fue nuestra primera interacción, pero en su rostro tenía una pequeña sonrisa que se escapó al saludar mientras sus mejillas se sonrosaban.
"Ese enrojecimiento en sus mejillas despertó en mi una manera nueva de aplicar el periodismo, quería saber si fue por verme, si fue acaso por el alago de Augusto o peor aún, si en efecto ellos eran pareja. Con el tiempo descarté el absurdo de que fueran pareja, pero uno nunca sabe con las cosas locas que se ven en esta vida."
Volví a mirar el reloj y ya habían pasado 7 minutos al tiempo que la cité, mi ansiedad volvió hacerme victima de ella. "Ya sé que por un embotellamiento no viene tarde, no me ha escrito nada al celular; ¿Le habrá sucedido algo?" Entre medio de la preocupación la veo llegar, viene soltando su pequeña sonrisa y tan solo eso hace que el tiempo de espera valga la pena. Me fijo que viene con un traje blanco y solo puedo pensar "¿Por qué no hay un Padre en este lugar? Es que me arrodillaría, le pediría matrimonio con un "macaroon" de esos que están en la vitrina muy lindos y que ella tanto lleva a la oficina para comerlos poco a poco durante el día. Que el Padre nos eche la bendición y nos case al instante. Yo pago su café como gratitud". Al acercarse me levanto y les confieso que no sabía como saludarle, no sé que protocolo deba seguir fuera de la oficina y no quiero hacerla sentir incomoda. Finalmente decido que un beso y un abrazo son apropiados, lo que no advertí es que nuestro abrazo fuera a durar más de lo usual, se los juro que duró más de un minuto, ninguno de los dos quería dejar ir ese abrazo y como muestra de que sí fue algo fuera de lo normal bastaba la cara del extranjero; no sé si sentía ganas de un abrazo o repugnancia ante lo dulce del momento. Lo que sí estoy seguro es que su expresión es prueba de que no imaginé el abrazo y de que no estoy exagerando lo sucedido.
- "Discúlpame que me haya atrasado, pero pasé por la iglesia a rezar; ya ves que hoy es jueves Santo y me gusta unirme más a Dios en estos días"
Mi ansiedad perdió la batalla, ahora sabía que no fue un embotellamiento y ni que mucho menos sucedió algo.
- "No te preocupes, estaba aquí bien a gusto mirando las flores. ¿No te parece que la primavera está más linda este año?" -Ahora soy el wey más calmado y al parecer soy florista.
- "¡siii! -Exclamó Vero. "Me encanta lo bonito que está todo y deberías ver unas jacarandas en el patio del complejo en que resido."
Solo pude sonreír a la invitación antes de ser interrumpido por el barista para ofrecernos el menú, pero ya de antemano sabíamos que pedir. Vero siempre pide su cortadito con un "shot" solamente y yo siempre pido un latte con leche deslactosada y así sin mucha formalidad le dejamos saber al barista nuestro pedido. Por la interrupción Vero comenzó a hablarme sobre el trabajo y pensé "Que bueno que no me aventé a decirle que me gustaría ir a su complejo para ver en especifico esa sola jacaranda cuando hay miles en la ciudad."
- "Necesitaba tanto estos días libres, últimamente como sabes Augusto no me está dando asignaciones de fiscalización a los políticos, ahora cree que soy solo buena para cubrir noticias pesimistas como los asesinatos que ocurren en la ciudad desde que Fernanda se fue así de la nada del canal." – dijo Vero, como dejando salir al fin una angustia que llevaba en el pecho.
No la culpo al cabo que el jefecito y su nombre no están tan lejos de la palabra angustia.
- "Pobre de ti" -Respondí como un idiota. La verdad no me puedo imaginar bien por lo que pasa cuando mi debate en el trabajo es la competencia entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.
Y así entre desahogos de la Vero nos pasamos 2 horas en el café cuando máximo solo interactuábamos por unos 10 minutos en el trabajo mientras preparábamos el café de la mañana. Ella mira su reloj y me indica que se tiene que marchar, se levanta y nuevamente me da un abrazo muy largo que me permite oler su perfume que al principio no pude detectar por lo nervioso que estaba aún; no sin antes decirme.
- "Tenemos que venir en otra ocasión... "¡Ah! Y tienes que ver la jacaranda del patio."
En ese instante volví a ver esa sonrisa que se le escapó el día en que la conocí y sus mejillas volvieron a sonrojarse y comprendí que en ese día el alago no fue el causante y sí la dicha de habernos conocido.
-Westley Collazo Santana
2019/calle Buenos Aires
