| ROUGH LIFE |

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Su corazón comenzó a palpitar con intensidad. Sus manos sudaban y la ansiedad que lo consumió al ver aquélla mujer desconocida, entre los pasillos de la institución, lo confundió, sobre todo cuando no logró apartar su mirada de ella. Era como un imán. Su vista estaba fija en él frente, ni siquiera se dignaba a prestar atención a las miradas curiosas y deseosas a su alrededor. Se veía simplemente irresistible con ese toque de indiferencia y sensualidad, tanto que el cautivador fue cautivado; Valentín Evans estaba pasmado ante despampanante mujer. Había algo en ella, algo magnético. ¿Era misterio? ¿Era peligro? ¿Era su belleza? En realidad lo era todo, destacando él ímpetu que desprendía en cada movimiento que lograba envolverlo más aún. Una intensa atracción se desató en el instante en que esos ojos fríos y grisáceos se oscurecieron, dilatándose peligrosamente ante su mirada. Ella lo observo y centró su atención en él durante unos segundos, debido a su dominante inspección. Ambos comenzaron una desafiante, tentadora incluso adictiva guerra, una que parecía no acabar, sin embargo, todo se ensombreció, cuando ella paso por su lado, volteó los ojos y lo despreció, dejándolo plasmado, fuera del implacable trance en el que se había visto atrapado.

— ¿Quién es ella ?—preguntó Valentín, sintiéndose desconcertado por el asqueado y despreciable gesto que aquella chica se había atrevido a darle. ¿Es que acaso no sabía quién era él? Recuperándose y enderezándose cayó en cuenta de que acababa de ser menos preciado por una mujer y eso no lo permitiría, ni a ella ni a nadie. Valentín indignado se volteó a mirar a sus hermanos y expectante por una respuesta, volvió hablar en un tono de voz demandante. La ira lo consumía.—¿ Quién diablos se creé que es para mirarme de esa manera ?

Alzó la voz y sin darse cuenta, captó la atención de la joven, quién se detuvo a mitad de camino sintiendo la cólera. Mía tampoco permitiría que cualquier imbécil arrogante con aires de niño bonito le hablará de esa manera, mucho menos a sus espaldas. Decidida se volteó y caminó hacía él, dando pasos fuertes y decididos, dispuesta a encararlo. Según el análisis que le había dado, parecía el típico capullo engreído y popular, desesperado por atención. Él idiota que creía que podía intimidar y mantener a todos por bajo de sí, pisoteando, pero eso no pasaría con ella, pues establecería límites hacía los demás y a él, impondría inmediatamente su fuerte carácter y no iba a tener ningún pudor en hacerlo.

—Mía—oyó Valentín a sus espaldas. Aquélla voz fría y escalofriante logró erizar su piel, tanto que al voltearse quedó anonadado y sorprendido por unos segundos. Jamás nadie le había hablado de esa forma tan cruda ¿Cómo debía reaccionar ante eso?—Soy Mía Lightwood ¿Tienes algún maldito problema? Porque sí es así, dímelo de frente.

—Sí, lo tengo. ¿Quién te a dado autorización de mirarme o de hablarme? Sí quiera ¿Es qué acaso no sabes quién soy?—preguntó, casí escupiendo de la ira, manteniendo una postura autoritaria y firme, creyendo que ella se asustaría o se arrepentiría, pero no se inmutó en lo absoluto ante su bramido.

—Yo le hablaré a quién se me de la gana. ¿Quién te crees que eres tú? Estupidez es la único que identificó en tí—se burló Mía, con un tono de superioridad, sin dejar la frialdad en cada gesto o mirada que le otorgaba a Valentín. Lo analizaba lentamente y procuró aumentar su enojó, así que desafiante, dio un paso hacía él, haciéndolo retroceder inconscientemente.

—¡ No vuelvas hablarme así o lo pagarás muy caro !—no logró terminar, cuando sintió la rodilla de Mía impactar contra sus testículos de una manera tan abrupta que casí lo tumbó en el suelo. La jóven aprovechó y con rapidez, práctico una llave contra él, apresando su cuello entre sus brazos, mientras el intentaba forcejear.

—Te advertiré una sola cosa. Sí te atreves sí quiera a mirarme—se acercó a su oído, la piel de Valentín palideció.—Juro que te mataré, así que apártate de mí—espetó Mía, zanjando la situación. Cuando alzó la vista, notó la sorpresa y la diversión en el ambiente. Decidida y digna, se volteó y avanzó. No sin antes lanzar una mirada asesina a quienes se cruzarán en su camino, logrando que muchos retrocedieran y dejarán de reír. Ella intimidaba y asustaba a los demás, ocultaba algo escalofriante, mucho peor de lo que los demás pensaban.

Por otro lado Valentín estaba sorprendido, enfadadísimo. ¿De dónde diablos había salido esa chica? Era la pregunta que rondaba en su cabeza, ignorando él hecho de que todos lo miraban con diversión, sobre todo sus hermanos, quiénes murmuraban entre ellos, sonriendo y soltando carcajadas luego de que Mía desapareciera.

—¡Largo de aquí!—dictaminó Valentín, amenazante y furioso. Aquélla situación había sido lo más vergonzoso que había sucedido en su vida y no permitiría que se quedará así.—¡Dije largo!

Todos terminaron por irse, un tanto asustados y su vez, ansiosos por ese nuevo cotilleo, pues ¿Quién diablos se atrevería a meterse con un Evans? ¿Quién era tal demente para retar y golpear a Valentín Evans? Finalmente el pasillo se vacío y Valentín quedó dando vueltas de un lado al otro como un animal salvaje, enjaulado. Impactó su puño contra los casilleros. Estaba molesto e indignado, colérico a decir verdad. Parecía que saldría humo por sus oídos. Su mandíbula estaba tan tensa, que en cualquier momento se desencajaría. Pero lo peor no era ello, lo más malo y peligroso era que Valentín no le había tomado el verdadero peso a la amenaza que esa chica le había hecho.

—Esa hija...—no terminó la frase, sabiendo que no hablaría mal de una mujer. Su mente ideaba, maquinaba meticulosamente su venganza. Y de un momento a otro se detuvo y sonrió maquiavélico. Había encontrado la forma perfecta que arruinaría a esa chica. Pero como ningún plan puede ser total perfección, éste tuvo sus fallas y su primer error fue no haber tomado enserio la advertencia de Mía Lightwood.

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|ROUGH LIFE| VIVIR 1.Geschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt