Vallecas, 2019.
El barrio de Vallecas últimamente estaba siendo bastante tranquilo, más de lo que uno imagina tras todos los acontecimientos ocurridos con el paso de los años en aquella ciudad, y sobre todo, tras la trágica muerte de mi padre; Andrés Vargas. Él era un inspector de policía hecho a sí mismo. Impulsivo, irónico, hombre de acción... era un policía con un talento innato y un historial intachable. Algo que le había hecho sonar con ser el próximo comisario, hasta que murió hace exactamente casi siete años, persiguiendo a un asesino en serie, apodado: 'El Carnicero de Medianoche'.
Una noche me encontraba en casa de Manuel Márquez, quien ahora es recientemente pareja de mi madre y también mi compañero de trabajo en el cuerpo de policía. Allí también se encontraban mi hermana pequeña Beatriz, mis amigos y mi novio, Iago, quien es también sobrino de Márquez. Unos meses antes, Márquez había recibido un tiro mientras nos ocupabamos de un caso, el cual lo llevó a estar en coma hasta hace poco, y es por eso, que todos estábamos reunidos en su casa para celebrarlo.
Todos bailábamos, cantábamos en el karaoke, contábamos historias divertidas... lo típico en una reunión tan familiar como lo era esa. Yo me encontraba junto a Iago, tenía el mismo brillo en los ojos que cuando lo conocí por primera vez. Estaba dispuesta a darle un beso cuando de repente, el estruendo de un rayo hizo retumbar las paredes de la casa y al mismo tiempo, una fuerte ráfaga de viento abrió la puerta del balcón del salón.
—Pero bueno, ¿qué barbaridad es esta? Joder, que frío, me estoy quedando pajarito— Dije entre risas.
Mientras tanto, me acercaba a la ventana dispuesta a cerrar, pero ahí fue cuando al mirar al cielo, justo en la azotea del edificio de enfrente, vi la figura de una chica, la cual me miraba fijamente, y con una sonrisa de lo más espeluznante. Me quedé atónita, sin parpadear ni un solo segundo y cuando un nuevo relámpago iluminó el cielo, aquella chica desapareció sin más.
—¿Su? Susana, entra, vas a coger un resfriado— Iago me agarró de la mano.
Me alejé de la puerta del balcón y así cerrarla nuevamente. Seguía con la mirada perdida, pensativa en lo que acababa de ocurrir. ¿Quién era exactamente esa chica?
—¿Estás bien?— Dijo mi madre.
—Si, si , muy bien, es solo que ya es tarde y estoy cansada— Respondí con tranquilidad para restarle importancia.
—Oh, bueno, en ese caso creo que va siendo hora de que nos vayamos a casa, que ya nos hemos divertido suficiente por hoy— Dijo mi madre mientras ya tomaba todas sus cosas, dispuesta a marcharse.
Y así fue, mi madre, mi hermana y yo tomamos todas nuestras cosas para marcharnos de allí. Lo único que necesitaba era volver a casa y echarme en la cama para poder olvidarme de aquella imagen.
—Adiós, buenas noches— Dije antes de besar a Iago y luego abrazar a Márquez, dirigiéndome a la puerta del ascensor junto a mi hermana. Allí me quedé mirando a Iago, con una sonrisa de enamorada, al igual que mi madre que no dejaba de mirar a Márquez ni un solo segundo, dando a entender que necesitaban un momento a solas. Miré a mi hermana boquiabierta, asintiendo con la cabeza para así apartarme del ascensor que todavía no había llegado arriba y dirigirme a las escaleras junto a ella.
—Creo que sobramos muchísimo, Bea, anda vamos, dejemos solos a estos dos tortolitos— Mi hermana se echó a reír mientras me acompañaba escaleras abajo.
Mi madre miró a Márquez, ambos riéndose de aquella situación.
—Laura, quédate conmigo esta noche, por favor— Suplicó Márquez.
—Todavía tenemos todo el tiempo del mundo, mañana te llamo— Respondió mi madre, quien siempre se hacía de rogar mientras entraba en el ascensor.
—Pero Laura...—
—Mañana, mañana te llamo, ¿vale?—
Márquez sonrió y dejó marchar a mi madre en aquel ascensor. Mientras tanto, yo esperaba abajo junto a mi hermana hasta que vi salir a mi madre y me acerqué a ella.
—¿Qué? ¿Qué te ha dicho?—
—¿Qué me ha dicho quien?—
—Anda, va mamá, no te hagas la tonta y cuenta— Suplicó Bea.
—Me ha pedido que me quede con él esta noche—
Me quedé boquiabierta, e incluso la frené para ponerme delante de ella, señalándola con el dedo toda indignada.
—Mira escuchame una cosa, ni a ti, ni a él, os vendría mal echar un polvo, ¡así que espabila y tira pa' arriba ahora mismo!— Exclamé antes de seguir el camino hacia el coche, abriéndolo con el mando.
—¡Susana! Pero bueno, ¿qué es esto? no podéis hablar de mi vida privada, por favor— Mi madre toda indignada pero a la vez muerta de risa, subió al coche junto a mi hermana.
—Es la verdad, ¿cuánto tiempo estaréis sin hacerlo? os hace muchísima falta— Respondí sin dejar de reír, arrancando el coche y saliendo finalmente del aparcamiento para dirigirme hacia casa.
Tras mi coche, una luz de una moto se encendió de repente, la cual empezó a conducir detrás de nosotras. Aquella persona que iba montada en aquella moto, puso a propósito las largas, justo para que me molestara en el retrovisor.
—Pero ¿qué coño...?—
—¿Qué pasa?— Preguntó mi madre.
—Nada, nada, el de atrás que lleva las largas— Le hice un gesto para que las quitase, pero no hizo caso alguno, sino que encima de todo, empezó a conducir más rápido, tan rápido que se pegó al coche.
—Oye Su, está muy cerca— Bea se preocupó.
—Susana, déjale pasar— Dijo mi madre.
—Que pase, si tiene espacio, ¿por qué no pasa?— Estaba confusa, no sabía que era lo que realmente quería esa persona pero ya me estaba tocando mucho las narices.
De repente, la moto ahora se encontraba a un lado de mi coche y justo al mirar hacia la ventanilla, pudo reconocer perfectamente a aquella persona. Era la misma chica que estaba en la azotea del edificio y tenía la misma sonrisa espeluznante en el momento que la miró.
¿Qué era lo que quería? ¿Por qué me estaba persiguiendo? Un millón de preguntas invadieron mi cabeza, pero lo que no sabía que aquello era el principio de una horrible pesadilla y que lo peor, estaba a punto de llegar.
