Lentamente el otoño iba avanzando para dar paso al invierno, día tras día la temperatura bajaba para así poder olvidar el bochornoso verano que tanto le disgustaba, aunque en algún punto de su vida dijo atesorar cierto día de aquella calurosa estación. Cómo olvidaría ese 18 de agosto, cuando él estaba frente suyo con la respiración agitada, las manos temblorosas y el corazón latiendo a mil por hora. Aquel día en el que cierta melena rubia no pudo articular palabra alguna pues los nervios no le daban tregua, se sentía incómodo pero curioso ante la actitud de aquel chico que había sido su amigo desde varios años atrás, aquel chico que meses antes de aquel día su corazón había robado pero no se atrevía a decir tal secreto, pues no quería perder tan valiosa amistad. El joven rubio extendió sus manos para entregarle un girasol y con las mejillas coloradas se armó de valor para soltar de repente un:
"Me gustas"
4 años habían transcurrido de aquel entonces, era un joven de primera año en la universidad, era un joven enamorado de la idea del amor, cuyos sueños y aspiraciones ahora no solo le pertenecían, pues pensaba compartirlas con quién creyó pasaría el resto de su vida.
Se levantó de la cama exhausto pues no había podido dormir gracias a las pesadillas que no dejaba de tener, en cuanto retiró la frazada de su esbelto cuerpo sintió el frío recorrer toda su espalda, tomó una liga que se encontraba en el mueble a lado de la cama y se sujetó el cabello, miró hacía atrás para ver dormir al hombre con el que había compartido 4 años de su vida, el hombre al que más había amado y que lograría amar, se veía tan tranquilo, hermoso y con los cabellos rubios por toda la almohada, algo que sin duda alguno extrañaría era verlo dormir. Casi arrastrando los pies se fue al baño, se miró al espejo, había bajado considerablemente de peso, su piel se veía cada vez más pálida y sus ojos carecían de brillo. Abrió el grifo y con sus delegadas manos comenzó a empaparse la cara, el agua estaba helada lo cual lo ayudaría a despertar por completo, se lavó los dientes y salió de allí para dirigirse a la cocina, miró el reloj que estaba pegado a la pared, eran las 6:00 a.m. debía darse prisa en preparar el desayuno para que el rubio no se fuera sin comer al trabajo.
Ese era su papel, el de la esposa amorosa. Tomó dos huevos y los arrojó a la sartén, encendió la cafetera y colocó dos piezas de pan en la tostadora, sabía perfectamente que aquel hombre con el que había pasado 4 años de su vida le gustaba desayunar dos huevos estrellados con la yema ligeramente cocida, su café debía ser cargado pero no muy caliente pues casi no tomaba bebidas de ese tipo, el pan debía estar solo ligeramente tostado por ambos lados y todo debía ser servido en el plato que a él más le gustaba. Era un plato grande y a diferencia de la mayoría tenía cierta forma, era un octágono, a decir verdad a él también le gustaba ese plato y tenía uno parecido pues el suyo era un hexágono. Mirarlos le recordaba aquello que más le gustaba pero que en ese punto de su vida realmente le estaba costando poder terminar.
"Mira, ese plato es un ciclo octano"
"¿Qué es un ciclo octano?
El pelirrojo solo rió bajito, habían pasado por una tienda y en el aparador se exhibían platos un poco fuera de lo normal, llevaban ya dos años juntos y comenzaban una nueva etapa, vivir juntos. Rentaron un pequeño apartamento cerca de la universidad y sus padres les habían ayudado con algunas cosas, sin embargo ellos querían amueblar el lugar a su gusto.
"Cuando una cadena de carbonos toman una forma cíclica, decimos que tenemos un ciclo, en este caso cada una de las esquinas representa un carbono, por ello es un ciclo octano"
