𝘇𝗲𝗿𝗼.

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Aguantando el frío, el escuálido cuerpo de Kenma avanzaba torpemente intentando no enredar sus pies y caerse en el intento

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Aguantando el frío, el escuálido cuerpo de Kenma avanzaba torpemente intentando no enredar sus pies y caerse en el intento. Esa mañana era su turno de limpiar el recinto, y, a pesar de que no estaba en sus cinco sentidos debido a la fiebre, se levantó como pudo a hacer sus quehaceres, puesto que, si le pedía a madre que lo dejara quedarse en cama llamaría demasiado la atención de los demás; y aquello era algo que detestaba. Ser el centro de atención no era lo suyo.

Continuando con su tarea, tomó la escoba del cuarto de limpieza, y comenzó a barrer el pasillo de las habitaciones disfrutando del silencio que envolvía todo el orfanato. Sin embargo, esto no duraría por mucho tiempo más. El sonido de una puerta se escuchó, y por inercia el rubio encogió su cuerpo en señal de protección, comenzando a respirar pesado hasta que una voz conocida se escuchó, dándole fin a la serenidad de la madrugada.

- Cálmate Kenma, soy yo. - El mencionado levantó la vista y observó de hito en hito como la madre le observaba de brazos cruzados. - Son las 6AM en punto, dentro de poco tus hermanos comenzarán a levantarse y aún no está listo el desayuno. Deja eso; yo limpiaré, y tú pondrás la mesa.

La mujer tomó la escoba y, con su mano, hizo un ademan para que se dirigiera al comedor. Kenma, tambaleándose, siguió su camino. La madre lo miró preocupada, pero justo cuando lo iba a mencionar, el cuarto número uno se abrió de golpe y una cabellera anaranjada hizo su acto de aparición. Era Hinata, quien desbordando energía por los poros la envolvió en un abrazo.

Una vez que terminó de poner los cubiertos de menor a mayor por orden de edad, suspiró con pesadumbre. Aquello podría sonar ridículo, pero así es como a madre le gustaba. A través del ventanal del comedor pudo divisar como un auto blanco se adentraba al orfanato. Un chico de cabello oscuro bajó primero, y luego una mujer mayor. De repente, su visión comenzó a volverse borrosa y lo último que alcanzó a ver fueron los ojos de aquel chico posarse en él. Tras ésto, el panorama fue cubierto por un manto negro.

...

En cuanto abrió los ojos, se mantuvo quieto analizando la situación. Acto seguido, abrió los ojos lo más grande posible y rápidamente se sentó en la cama; revisó el lugar y definitivamente no era su hogar. Todo alrededor era blanco - sin embargo, a diferencia del orfanato, estas paredes eran pulcras y lisas. Se levantó y miro por la ventana, había más chicos fuera del recinto jugando voley. Para su sorpresa, reconoció al pelinegro, quien últimamente le salía hasta en la sopa. Todos estaban vestidos de blanco excepto aquel chico; él llevaba una camiseta negra, y pantalones de chándal rojos.

El rubio revisó el reloj en la pared, -eran las 8PM-, lo que significaba que era la hora de la cena, y mamá lo regañaría si no estaba a esa hora en el comedor. Tenía que buscar una salida de alguna u otra manera. Huyó de la habitación, y caminó por largos pasillos, sin embargo, todos llegaban a una sólida pared. Se lo pensó un poco y vio a un ratón pasar por allí, -al cual siguió-, quizás de esa forma podría encontrar un conducto de ventilación, o alguna medida de escape, como hacían los protagonistas en las películas de acción que solía ver a sus diez años con sus padres antes del accidente.

Su intuición no fallo, y con una pinza que usaba en su cabello para recogerlo, quitó la tapa victorioso. Gracias a su delgada complexión, logró pasar sin dificultades.

...

- Eres audaz, pero no lo suficiente. - Detrás de un ordenador, y con un sinfín de cámaras alrededor, un chico manejaba un pequeño robot que llevaría a su presa directo a la trampa. Mamá Umme estaría orgullosa de él, y así ganaría puntos.

Cuando vio al pequeño caer dentro de la biblioteca -justo donde mamá se encontraba-, sonrió esperando la señal para salir de su escondite.

...

- Veo que has caído fácilmente en la trampa de Kuroo, si sigues así no duraras nada aquí. - Dijo con sorna la mujer, mientras que detrás de los estantes el chico con chándal se hacía presente.

- ¡¿Dónde estoy?! - gritó Kenma, sorprendiéndose a si mismo.

- Ukiyo, también conocido como el mundo flotante. Aquí es donde vienen todos los huérfanos con 18 años de edad que nunca fueron adoptados. En un mundo sobrepoblado, aquellos sin educación no son tomados en cuenta. Básicamente, madre te sacrificó para poder incluir más niños al programa y ganar más dinero, pero no está todo perdido. Si eres bueno podrás reencarnar y empezar una nueva vida en la Tierra, disfrutando tu infancia como corresponde. De lo contrario, estarás obligado a servirme para siempre, ¿no es así, Kuroo?

 De lo contrario, estarás obligado a servirme para siempre, ¿no es así, Kuroo?

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