Érase una vez, hace un año en específico, una pequeña hada que vivía en una cueva. El lugar era muy frío, solitario, justo como ella. Nadie entraba, pues incluso si tocaban la puerta ella rara vez la abría. Todos hablaban de aquella pequeña hada fuera de la cueva, pero a pesar de tener la puerta cerrada ella podía oírlos. Nunca había entendido qué había mal en ella, pues lo único que oía sobre ella eran cosas negativas. A pesar de todo la pequeña hada se repetía en su cabeza "únicamente no me conocen, hablan desde los ojos de la ignorancia" sin embargo, no le gustaba ser así. Siempre sentía que no encajaba, por alguna razón su humor era muy diferente al del resto. No conocía la lealtad, pues nunca la había recibido ni experimentado. Era cruel con sus palabras, pues nunca nadie le movía el corazón. Era fría, pues jamás había sido cercana a alguien. Nunca la trataron con cariño, no sabía lo que era la empatía mucho menos el afecto, pues nunca se lo dieron.
A pesar de todo, lo intentaba. Muchas veces deseó ser como los demás, encontrar qué había mal en ella y arreglarlo, pero al intentar hacerlo no se sentía ella misma. Quiso cambiar por los demás, pero no pudo. Ser fría y solitaria se había convertido en parte de ella. Para el hada ser así era muy normal pues siempre vivió de esa manera, pero ante la mirada de otros sentía que estaba mal. No entendía qué había mal. El hada no sentía emoción por nada, no le veía el sentido a las cosas, el hada estaba perdida, vacía y rota.
Un día un pequeño duende se acercó a la cueva, ni siquiera tocó la puerta. La pequeña hada se asomó por la ventana y lo vio parado mirando su hogar "¿qué hace aquí?" se preguntó. El hada decidió ignorarlo y esperar a que se fuera. El duende contempló el hogar durante toda la noche y durmió frente la puerta de la cueva. Los días pasaban y el duende seguía allí muy atento a cada detalle. No se iba, solo miraba toda la cueva y sonreía esperando que algo ocurriera. El hada comenzó a sentirse bastante extraña, pues jamás habían observado su cueva con tanta precisión e interés. Un día el hada hizo lo que hace mucho tiempo no hacía, salir de aquella cueva.
Cuando el hada salía de la cueva era cuando intentaba estar con otras personas y sentirse bien, sentirse parte de ellos y bienvenida por los demás. Había dejado de hacerlo hace mucho tiempo ya que se había cansado de fingir. El hada solo salía, pero no se mostraba. "Pueden verme, pero no conocerme" se repetía siempre para recordar no ir más allá que de una simple conversación formal con las personas, nada profundo, nada personal, así evitaba ser juzgada y herida por su rostro y personalidad fría como siempre había ocurrido.
El día en que el hada salió a conocer al pequeño duende que había estado durmiendo frente su cueva se dio cuenta de que él estaba muy emocionado. ¿Por qué? ¿Qué quiere? Se preguntaba mientras lo veía. Al estar fuera de la cueva el hada escucha un gran "AYO!" salir de los finos labios de aquel duende y ante acto tan raro queda sorprendida. Nunca le habían hecho caso estando encerrada en esa cueva tan solitaria. Aún sin entender muy bien el hada decide responder con otro "Ayo!" al pequeño duende. Sonrió. Volvió al interior de la cueva pensando que ya que había salido y el duende le había hablado éste se iría.
Unas horas luego de haber cerrado la puerta de su cueva el hada con mucha curiosidad miró de nuevo por la ventana con la pequeña esperanza de encontrar al duende allí nuevamente, no estaba. Su sonrisa se fue, era obvio que se iría, pensó. El hada se quedó toda la noche en la ventana mirando a lo lejos si alguien se asomaba, cabizbaja y sin una sonrisa quedó dormida.
Al siguiente día se despierta con los rayos del sol golpeando su rostro, era un nuevo día. A penas abriendo los ojos la pequeña hada escucha algo golear su ventana. Frota sus ojos y al ver detenidamente se encuentra al duende abajo dando pequeños saltos y sonriendo. Queda confundida, ¿por qué está aquí de nuevo? se preguntó. De repente, solo sintió un movimiento en su pecho un poco acelerado y un sentimiento de emoción venir desde su corazón. ¿Qué había ocurrido? No lo entendía, pero ese mismo día el hada salió nuevamente a encontrarse con el duende, hablaron un poco, también bromearon. Esa noche al ir a dormir el hada sintió algo que hace mucho tiempo no sentía, comodidad y felicidad.
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The Fairy And The Elf
Romance"De repente la fría y solitaria cueva se llenó de colores. Dejó el gris atrás y el frío fue reemplazado por calidez. Mientras la canción sonaba el hada aceptó su realidad..."
