¿Hay alguien ahí?

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El timbre sonó de forma estruendosa en la estancia antessilenciosa, amplificando el ruido. El salón estaba en cuasitinieblas exceptuando las sombras anaranjadas que la chimenea llenade leña ardiendo desprendía.

─¡Truco o trato!─ se pudo escuchar desde el otro lado de lapuerta, aunque dentro, nada se movía. El ambiente estabasobrecargado, y el olor a lumbre, humo y estancia cerrada se expandíapor toda la parte baja de la casa, conformando una visión de desganay podredumbre a toda la estancia.

Una vez más el timbre de la puerta hizo su concierto extridente yesta vez algo se movió. Dentro, en el sofá frente a la chimenea-raído y un poco torcido- descansaba lo que parecía ser un hombre,embozado en varios tipos de prendas, sucias y algo raídas. Elamasijo de ropa se movió durante un segundo para luego volver a laparsimonia.

De improviso el timbre volvió a sonar por tercera vez, esta vezincansable y repetidamente, logrando que la montaña de ropa seagitase. Un hombre -si es que se le puede llamar así- surgió de lasprofundidades de ropa. Desaliñado, con barba de varios días -detono oscuro salpicado de vetas blancas- y totalmente calvo. La bataque rodeaba su cuerpo denotaba que había tenido tiempos mejores,ahora llena de lamparones y migajas de comidas pasadas.

─¡¡Truco o trato!!─ esta vez, las voces se oyeron a voz en grito,ya con una nota de impaciencia. Mientras tanto, el hombre de la batase incorporaba, golpeándose la rodilla con la mesita colindante alsofá, de madera y cristal frente a la chimenea. Estaba plagada deenvases de comida basura, vasos de café vacíos y ceniceros arebosar de colillas. La superficie del mueble estaba salpicada degotitas marrones, manchas oscuras y quemaduras.

Malditos críos─ expresó con voz ronca y la boca pastosa yseca. En dos zancadas el hombre se plantó, no sin esfuerzo, en laentrada principal, mientras restregaba el puño en sus ojoslegañosos, llorosos y enrojecidos. Entre tanto, con la derecha serascaba allí donde el sol apenas da.

De un tirón abrió la puerta principal. Tres pasmados niñosvestidos de tortugas ninja lo observaban con la palabra en la boca, apunto de exigir el ''truco o trato'' y su correspondienterecompensa en forma dulces. El hombre, plantado aún en la linde dela puerta, escudriñó a los críos durante unos segundos con elrostro surcado de arrugas y con un rictus de desagrado, para luegodar un portazo. Los jóvenes saltaron por la vehemencia de la accióny el ruido de la puerta cerrada en sus narices. Mientras estos serecuperaban del susto, Jake -pues así se llama el protagonista denuestra historia- se encaminó hacia el ventanal que hasta esemomento tenía las cortinas echadas -de un rojo escarlata con ribetesdorados estampados- y miró furtivamente hacia la calle llena decasas y hojas caídas.

—Míralos tan inocentes, tan inconscientes... tan ajenos aldolor que sus vidas les deparará cuando crezcan —. El desaliñadohombre contemplaba desde el ventanal como los niños se adentraban enla fría noche de otoño. Las hojas se precipitaban lentamente,llevadas por el viento hasta caer sobre el oscuro pavimento. Cientosde calabazas iluminadas por velas adornaban el boulevard lleno deniños -y no tan niños- disfrazados de todo tipo de monstruos depesadilla. En sus pequeños cuerpos se notaba la inquietud festiva dequién tiene prisa por conseguir cuantos más dulces pudiesen.

Jake ya se encaminaba hacia el sofá con intención de volver atumbarse cuando escuchó un ruido; tres pequeños pero audiblesgolpeteos en la puerta. Alguien volvía a estar ante su casa.Hastiado, Jake se volvió hacía la puerta, delizó el pestillo ytiró del pomo vehemente -haciendo sonar la madera, dando a entenderque casi la arranca de cuajo- apunto de soltar improperios a aquéldesdichado que se había atrevido a llamar a su puerta. Pero parasorpresa primero, y desconcierto después, en el umbral no habíanadie... solo una pequeña calabaza anaranjada con una peculiarforma: la del propio Jake.

La pequeña calabaza era la misma imagen del hombre; nariz larga,boca pequeña y severa, y arrugas en los ojos dando a todo el rostroun tono cansado y melancólico. Jake, que seguía petrificado en lapuerta mirando a su propia representación, se sobresaltó al escucharun ruido tras de sí, cuando uno de los guijarros de madera explotóen la chimenea. Durante unos segundos su corazón bailó desbocado ensu pecho, rozando el infarto. Al desaliñado hombrecillo le costó untanto tranquilizarse y que su corazón volviera a su ritmo habitual.Cuando pudo moverse, volvió a mirar a la extraña calabaza sopesandoqué hacer con ella.

Jake traspasó el umbral y miró a ambos lados del porche en buscade la persona que había dejado esa dichosa calabaza, pero noencontró a nadie. Extrañamente el vecindario se encontrabademasiado silencioso en esos momentos. Mosqueado, intranquilo y aúncon el susto anterior en el cuerpo, cogió la calabaza con las manosy cerró la puerta con fuerza -quizás de forma inconsciente, con eldeseo de no tener que volver a abrirla en lo que quedaba de noche-activando los pestillos y seguros. Dentro, la estancia seguía comosiempre. Sólo se escuchaba el crepitar de la chimenea y la luz queésta otorgaba al salón, por lo demás a oscuras.

La calabaza, que no debía medir más de 40 o 50 centímetros, eraextrañamente liviana en las manos de Jake, que se quedó mirándoladurante unos instantes. Cuanto más la observaba, más inquieto sesentía, hasta un punto en que fue insostenible y en un gesto deltodo imprevisible mandó volando la calabaza a las brasas de lachimenea. Si Jake esperaba que con eso todo volvería a lanormalidad, estaba totalmente equivocado. En cuanto ésta tocó lasllamas, un aullido grave y desagradable empezó a oírse por todo elsalón. Desde su posición, y mientras se tapaba los oídos con ambasmanos, Jake pudo ver como la calabaza se movía de forma espasmódicaentre las llamas de la chimenea y como las llamas ahora habíancambiado a un tono verde esmeralda, totalmente antinatural. Comprobócon horror que era la cara de la calabaza -la suya- el origen delaullido. Ver su rostro surcado de dolor en las brasas mientras lacalabaza se consumía impactó a Jake profundamente, que acabó en elsuelo en medio del salón, de cara a la chimenea.

PrimigenioTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang