Vamos por una caminata...

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- "¡CURRY!" Ladraba un perro de pelaje color caramelo en plena calle. "¡CURRY!" Ladró con más intensidad.

- "¡Ya voy Max, ahora deja de presionarme!" Contestó un gato negro de manchas blancas desde la azotea de una casa cercana.

Era un día como cualquier otro en este barrio donde un perro llamado Max iba a buscar a su amiga gatita, Curry. Era normal y natural que este perro llegara a eso de las 10 de la mañana por su amiga para salir a pasear y discutir algunos temas cotidianos en la vida de estos dos.

Curry brincó ágilmente dese la azotea, aterrizando en el borde de la cerca café obscuro que daba a la calle y de ahí bajando hacia la fría acera de piedra caliza ya muy obscurecida por el paso de los años. Pero el paso de los años no sólo había afectado a la acera, sino también a las casas de alrededor, a las cercas, los techos y las ventanas, a la gente y claramente a esta pareja de amigos.

- "¿Cómo estás, Curry? ¿Ya atrapaste al ratón del otro día?" Preguntó Max mientras comenzaban a caminar por la banqueta.

- "Ya sabes cómo son esos malditos, son demasiado escurridizos. En un momento los ves en la puerta de entrada y un instante más tarde ya están debajo de una silla en el comedor o royendo algo de comida en la cocina." Respondió Curry con un poco de desesperación. "¿Y tú cómo estás Max?"

-"Pues, ya me llevaron al veterinario y el doctor dijo que mañana terminaré mi tratamiento, o eso fue lo que entendí." Dijo el viejo perro con una sonrisa antes de comenzar a toser.

- "¿Estás seguro de eso? Para mi aún suenas todavía muy enfermo." Dijo la gatita preocupada.

-"No, estoy seguro de que para mañana ya estaré mejor. Ya verás." Replicó Max.

Los dos continuaron caminando por la acera hasta toparse con una panadería que visitaban continuamente ubicada a unas cuantas calles desde su punto de partida. Por lo general había gente de buena fe que les donaba una que otra migaja o pellizco de pan, pero por hoy no había nadie que gustara donar a su causa. Esto causo que ambos fueran a la parte de atrás para ver qué encontraban en el basurero.

- "¡Mira nada más lo que uno se viene a encontrar! Una dona de sabor rosa y verde." Dijo Max al encontrar una dona glaseada con moho. "¡AMO LA PARTE VERDE!" Exclamó.

- "Yo no encuentro mucho, cáscaras de huevo, pan quemado... ¡Oh mira, un bolillo!" Curry intentó morderlo, pero éste era demasiado duro para ella.

Este par dejó atrás la comida tras unas cuantas carcajadas por el descuido de Curry y siguieron explorando los alrededores del pueblo mientras discutían algunos temas de actualidad.

- "¿Te enteraste de lo que sucedió a dos cuadras de nuestra calle? Unos perros de pelea estuvieron haciendo de las suyas." Comentó Curry.

- "Me pareció haber escuchado el otro día los ladridos hasta mi casa, pero no podía descifrar lo que decían. Sólo se entendía cosas como 'Vamos...' y 'Piedad...' pero nada tenía mucho sentido." Respondió Max.

- "Con tu edad, Max, escuchar solamente eso tuvo que haber sido una tarea difícil." Respondió Curry sarcásticamente.

- "¿De qué hablas gata tonta? Sólo tengo unos 13 años y aún sigo fuerte y resistente." Contestó el perro de pelaje color caramelo.

- "¡Sobre todo fuerte! Como la vez que intentaste abrir aquella puerta y sólo rebotaste sobre ella hasta que alguien más la abrió por dentro." Dijo la gatita negra de manchas blancas.

- "¡A callar!" Ladró el perro mientras se abalanzaba jugueteando sobre la gatita indefensa.

Tras terminar su pelea falsa, ambos decidieron dirigirse a un pequeño monte con vistas al atardecer ubicado en un parque cercano. Llegando al lugar que acordaron, ambos animales se sentaron para contemplar el atardecer de ese hermoso he increíble día.

Las luces naranjas, amarillas y rojizas que desprendía el sol cubrían los tres cuartos de la bóveda celeste. Dos nubes blancas sostenían al astro sobre sus blandos hombros. El horizonte índigo rodeado por montañas en la lejanía daba un borde para esta espectacular escena de un cuadro que fácilmente pudo haber sido retratado por un gran artista como lo fue Da Vinci, Van Gogh o el mismo Dalí.

- "Es una hermosa vista, ¿no lo crees Curry?" Dijo Max sin duda alguna.

- "No tengo forma de negarte ese hecho." Respondió Curry.

- "¿Aún recuerdas como nos conocimos?" Se preguntó Max.

- "Si, había robado un poco de la comida que te habían dado y me perseguiste por todo el vecindario hasta que me acorralaste cerca de la cafetería." Recordó Curry.

- "Que yo recuerde fue cerca de la panadería." Intentó corregir el viejo perro.

- "No, tu memoria falla, fue en la cafetería porque hasta salió el dueño a atacarnos con una escoba." Remarcó la gatita.

- "Es cierto, tienes razón." Max hizo una pausa antes de continuar mientras miraba el horizonte. "¿Sabes? Estoy muy agradecido con la vida que tengo; he tenido una buena familia, grandes amigos, un buen hogar y nunca me ha faltado comida. He tenido una buena vida y realmente no tengo ninguna queja."

- "Me sorprendería si las tuvieras." Dijo Curry. "Lo has tenido todo: comida, juguetes, ropa y camas. De verdad envidio lo mucho que has tenido. Yo con suerte y tengo este collar y comida cuatro veces a la semana. Eres muy afortunado Max." Curry comenzó a verse un poco triste y Max lo pudo notar.

- "¿Pero sabes qué hemos tenido siempre los dos? ¿Nuestra amistad!" Comentó Max mientras se acercaba con cariño caluroso y consentidor. 

- "Te quiero mucho Max." Contestó Curry.

- "Y yo también te quiero a ti."

Ambas mascotas se quedaron viendo el atardecer hasta que este concluyó con la aparición de la luna en el cielo.  Al aparecer el astro celeste, ambos se fueron cada quien por su lado prometiendo reunirse como lo hacían de costumbre todos los días cerca de las once de la mañana.

Dadas las once del siguiente día, Curry ya esperaba que Max apareciera ladrando por que saliera, pero hoy no fue así. Pasaron algunas horas y el viejo perro no aparecía, por lo que Curry decidió ir a buscarlos a su casa.

- "Seguramente se ha de haber quedado dormido más de la cuenta." Pensó Curry.

Al llegar a la gran casa de ladrillos rojos con algunas columnas blancas y otras partes siendo negras, Curry se asomó a través del gran ventanal del frente de la casa. Max usualmente se quedaba acostado frente al ventanal y sobre una alfombra beige con naranja por que el sol siempre calentaba esta parte de la casa.

Pero en su lugar, se encontraban los dueños de Max sentados en el sillón que hacia juego con la alfombra ahora vacía de la casa mientras lloraban por alguna razón.

La señorita Sara, dueña de Max, hablaba por teléfono con su hijo, mientras ella le contaba la triste noticia sobre cómo el veterinario tuvo que dormir a Max. A su vez, Curry no entendía nada de lo que ocurría ni mucho menos por qué estaba sucediendo tanto alboroto.

Curry no volvió a ver a Max hasta que ella misma también quedó dormida, así como varios otros animales han quedado antes de vigilarnos desde los cielos.

- "¿Curry? ¡Qué gusto encontrarte aquí!" Dijo Max para darle la bienvenida a su vieja amiga.

- "¡Max!" Exclamó Curry mientras corría para volver a ver a su amigo. "Pensé que nunca te volvería a ver."

- "Yo también lo pensé y estoy muy alegre por haberme equivocad." Respondió el perro de pelaje acaramelado. " Ven, vamos por una caminata."

Max y Curry volvieron a estar juntos una vez más. Como alguna vez fue. Y como siempre tuvo que haber sido.

Max y CurryWhere stories live. Discover now