La brisa salada golpeaba un rostro al compás del graznido de las aves marinas. Sentado en la cubierta, un joven mantenía la mirada perdida en el vasto e interminable mar, arrullado por el ronco y constante rugido del motor de aquel viejo bote de carga.
El silencio que lo envolvía se rompió cuando el marinero a cargo del timón, impulsado por la curiosidad, intentó entablar conversación.
-¿Qué se le ha perdido en esta isla a un hombre tan pulcro? -preguntó el viejo conductor, recorriendo con la mirada las finas ropas del muchacho que contrastaban con la madera desgastada de la embarcación.
Julián no ofreció una respuesta clara. Clavando los ojos en el horizonte, se limitó a responder con una fría indiferencia:
-Vacaciones.
Aunque su voz sonó desinteresada, la pregunta caló hondo en su mente. Fue un golpe directo que disparó un doloroso recuerdo: el eco de los gritos de su padre en la oficina, los papeles del negocio familiar sobre el escritorio y la asfixiante presión de un destino que jamás eligió.
Al encallar en el muelle, Julián se colgó la mochila al hombro y comenzó a caminar. A su paso, contemplaba la cotidianidad de los pueblerinos y los pescadores que remendaban sus redes bajo el sol. Era un escenario completamente ajeno al mundo del que provenía: aquella gran ciudad devorada por el capitalismo, donde la gente solo vivía para acumular dinero; un lugar gris atrapado en colores fríos, donde el blanco, el negro y el gris dominaban tanto el cielo de las madrugadas como los trajes formales de los ejecutivos.
Caminó sin prisa hasta llegar a una vivienda de mediana estructura, cuya fachada lucía un tanto descuidada por el paso de los años. Aquel era el único refugio que le quedaba; el lugar donde residían los recuerdos más puros de su infancia, compartidos con su abuela. Desde que ella había fallecido tiempo atrás, la familia se había olvidado por completo de la vieja casa y de la isla misma, considerándolas una pérdida de tiempo en sus agendas de negocios.
Julián había viajado hasta allí sin un rumbo fijo. No lo había pensado demasiado; ni siquiera se tomó el tiempo de empacar suficiente ropa. En su mochila solo viajaban unas cuantas prendas y su mayor tesoro: su cámara fotográfica. El objeto que tanto amaba, pero con el que ahora se sentía incapaz de plasmar un solo sentimiento.
Bajo la mirada de reojo de algunos vecinos curiosos a los que prefirió ignorar, Julián sacó la llave del bolsillo y abrió la puerta con total familiaridad. Al dar el primer paso hacia el interior, el crujido de la madera y el olor a hogar antiguo lo recibieron. Adentro, el polvo flotaba a la luz del sol, y todo lucía exactamente igual a su última visita. Era como si, a diferencia del resto del mundo, en esa vieja casa el tiempo se hubiera detenido por completo.
Al observar las habitaciones de la polvorienta casa, soltó un suspiro cargado de cansancio. Supuso que no sería tan fácil descansar hoy. Sin pensarlo más, se arremangó las mangas e inició la gran labor de ordenar el lugar.
Al atardecer, cuando el cielo abandonaba su color celeste para teñirse de un vibrante tono anaranjado, Julián por fin se sentó en el viejo sillón. Observó desde la ventana el hermoso cielo que lo acompañaba esta vez; en realidad no había terminado del todo de limpiar, pero se daba por satisfecho con que el espacio al menos pareciera habitable.
Embellecido por la hermosa vista de aquel atardecer y el vaivén del mar, el instinto de tomar su cámara y salir lo consumió por completo. ¿Para qué había venido a este lugar? Ni él mismo lo sabía con certeza. Quizá el arranque de ira del momento o la desesperada necesidad de huir de su hogar lo habían arrinconado a tomar esa decisión. No había un plan concreto que seguir ahora. No le avisó a nadie a dónde iría, y su celular no paraba de vibrar en su bolsillo con llamadas que no quería atender, por lo cual simplemente optó por apagarlo.
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COLORS
Non-FictionJulián está huyendo. Ha dejado atrás una vida de lujos, las sofocantes expectativas de su familia y un negocio empresarial que nunca quiso, cargando únicamente con una mochila y una cámara fotográfica. Su destino es una pequeña isla costera, el refu...
