Picadura de cobardía.

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Había una vez, una princesa muy callada y observadora; siempre observaba fijamente a los animalitos que la rodeaban, siendo muy silenciosa para no espantarlos. Ya que su madre era amante del azul y del verde, de cada animal e insecto, su reino estaba lleno de todo tipo de animales, plantas y vida, de todos los colores y formas.

Un día la princesa estaba, como de costumbre, sentada en el pastizal cuando una serpiente se le acercó y la miró profundamente a  los ojos. Era la serpiente más hermosa que la princesa había visto hasta entonces, brillantes escamas rojas y negras cubrían su delicado cuerpo. Embobada con su belleza, ignoró el peligro que suponía. La serpiente se acercó lentamente hacía la pequeña niña, y sin previo aviso, mordió su muñeca escapando al finalizar.

Sangre brotaba de la herida, y dolía, dolía más que cualquier golpe que la princesa había experimentado anteriormente, pero la niña no lloro, ni una lágrima cayó por sus suaves mejillas, ni un sollozo se escapó de su boca. ¡Oh, ironía! ¿Y cuántas lágrimas había derramado por tonterías? 

***
Cuando llegó la hora de dormir, la reina llevó a la pequeña princesa a su cama, la arropó, la besó en su blanca frente, y sin prestar mayor atención a su inquietud, apagó la vela de su cuarto y dejó la habitación .

Cuando su madre partió, la pequeña princesa cayó en un profundo sueño, tan profundo que cuando se despertó vio la cara preocupada de su madre a su lado.-Haz dormido por dos días entero, amor mío, ¿te sientes mal?-. la niña negó con la cabeza lentamente, una sonrisa suave se formó en su rostro.

Más tranquila, la reina mandó a que le llevarán el desayuno a la cama para que recuperara fuerzas. La pequeña princesa se sentía diferente, no sentía la emoción habitual por ir al jardín a visitar a sus amados animalitos. Sin embargo, cuando su madre se ofreció a llevarla afuera, ella aceptó y se dejo tomar en brazos por la reina.

***

Cuando llegaron  al jardín, la  pequeña princesa sentía una sensación extraña en el estómago, sus manos temblaban y su corazón corría mas rápido que cualquier caballo de su establo. Su madre intentó bajarla de sus brazos, pero ni bien sus  pies tocaron el suelo, la pequeña princesa gritó, gritó lo mas fuerte que pudo, tanto que su garganta dolió.

Su madre, asustada, inmediatamente la levantó del suelo y la abrazó, preguntándole qué pasaba; pero la pequeña princesa no respondió, solo ocultó su rostro en el cuello de la reina y no volvió a hablar durante el resto del día.

***

Años pasaron y la pequeña princesa, que ya no era tan pequeña,  no volvió a pisar el jardín. Sin importar cuántas veces la reina le preguntaba, la princesa se negaba a responder por qué no quería salir. Lo cierto es que, ni siquiera ella tenía una explicación, pero cada vez que pensaba en salir al jardín, su corazón latía como si estuviera escapando de una jauría de lobos, y su cabeza no podía pensar con claridad.

Sin embargo, no era solo cuando quería ir al jardín que pasaba esto.

La no tan pequeña princesa, tenía muchos sueños. Ella quería ser bailarina, como las que veía en el teatro cada vez que iba con sus padres.
Quería confeccionar hermosos vestidos, como los que confeccionaban para la realeza.
Quería tocar el piano, como los sublimes pianistas lo hacían al deleitar a todos los invitados, en las reuniones que el rey hacía.

Pero la princesa sentía ese malestar cuando pensaba que podría caer en el medio del espectáculo, bailando al ritmo de Tchaikovsky. Sentía ese malestar cuando pensaba que los diseños creados por ella no serían dignos, y sería la burla de la realeza.
Sentía esa sensación cuando pensaba que podría equivocarse de notas, y arruinar las obras de sus compositores favoritos, poner en vergüenza a sus padres.

Así que la princesa se reservó sus sueños para sí misma, a la espera de que ese malestar terminara, y ella pudiera cumplir cada uno de sus sueños.

***

Aún más años pasaron, y la ya no tan pequeña princesa, ya era aún menos pequeña que antes. Sin embargo, su malestar jamás mejoró. Ahora estaba profundamente enferma, ya no podía salir de su cama debido a jaquecas que a duras penas podía soportar. Sus padres, ahora ya no tan jóvenes y llenos de vida como alguna vez lo fueron, llamaron a el doctor de la familia, ya que la princesa no podía ocultar más su padecimiento.

***
Resulta que la serpiente había envenenado a la joven con el veneno más fuerte que alguna vez haya existido; el miedo.

La cosa del este veneno era que, mientras más tiempo estaba en el cuerpo, más efectivo se volvía. El doctor le dijo cuál era la cura, e irónicamente, cuando supo cómo terminar con ese sufrimiento, fue cuando más miedo sintió.

Resulta que la única manera quitar el veneno de su cuerpo, era enfrentar sus miedos.

***
Mucho tiempo pasó hasta que la princesa decidió intentar enfrentarlos, cuando lo único que la mantenía viva, era el miedo a morir. Pero lamentablemente, no todos los finales son felices, y cada vez que trataba y fracasaba, el siguiente intento era aún mas difícil. Y ella no pudo soportarlo.

No fue el veneno lo que acabó con su vida, sino su corazón, que con cada intento fallido, se rompía un poco más.

Lo curioso es que la princesa, en todos esos años, no lloró ni se quejó, ni una sola vez. No se saben las razones exactas.  Sospecho que su propio miedo la consolaba, la hacía sentir cómoda, pero no podemos saberlo.

La princesa nunca estuvo resentida con la  serpiente, ella supo, la primera vez que vió sus ojos suplicantes, tristes, que estaba sufriendo al igual que lo hizo ella hasta el último de sus dias, y aceptó cargar con su mochila.

En toda cobardía, existen gotas de valentía y temeridad, siempre están ahí, pero pocos lo notan.

FearWhere stories live. Discover now