Como cada día, me levantó, me visto y de mas. Todo. ¿Para que? Para asistir a esa cárcel que llaman colegio... en fin. Con cara de malos humos salgo de mi casa. La gente me saluda a mi paso, pero no contesto.
―Espero verte esta tarde por aquí ―no contesto.
―Hola Miriam. ¿Cómo te va todo? ―no contesto.
―¿Te ocurre algo? Tienes mala cara ―no contesto.
―Pequeña, cuanto tiempo sin vernos ―no contesto.
―¿Vas a la escuela? Corre ya vas tarde ―no contesto.
―Buenos días Miriam, pórtate bien en la escuela ―no contesto.
Todo el mundo se empeña en ser amable y yo suelo serlo, pero hoy... hoy no; siento que algo malo va a suceder. No pienso mucho en eso: mis amigas ya se acercan. Ambas vienen con una sonrisa en el rostro que se borra al verme. ¿Por qué? No lo sé.
―Hola Miriam ―me dice Sandra.
―¿Que tal? ―añade Andy.
―Mal ―bufó―, estoy de un pésimo humor.
―Se nota ―confirmó Andy― Tienes un aura maligna.
―Venga no te flipes con tus mistizidades ―me burlé.
―¡Jo Miriam! Siempre te ríes de mí, algún día te voy a salvar el culo con mis “estúpidas” mistizidades, y tendrás que cerrar tu gran bocota ―Estaba irritada.
―Esas son palabras muy feas para una señorita mística―En verdad no sabia porque decía esto, no solía burlarme tanto… y menos de una forma tan dañina.
―Deja ya de burlarte de mí ―sus ojos se inundaron de lágrimas y se marcho corriendo.
―Si no sabe encajar una broma no es mi problema ―me encogí de hombros.
―Esta vez te has pasado ―me reprendió Sandra corriendo detrás de ella. Entonces miré a mi alrededor, todo el patio había visto la escena.
―¡Que miras engendros! ―les grité con una voz gruesa que no era la mía, todos se asustaron y dejaron de mirarme.
Sonó el timbre. Caminé con desgana y notable enfado hacia mi aula, tanto los alumnos como los profesores me miraban con miedo, terror... lo veía en sus ojos, temblaban a mi paso y desprendían un olor a desesperación y temor increíble. No sabia como podía percibir todas esas cosas, pero lo hacia. Entre a mi clase, allí estaba mi peor enemiga, como la odio, estaba enfrente mi pupitre riendo con maldad, me acerque a ella, hasta estar a su espalda, no se había dado cuenta de mi presencia.
―¿Qué se supone que haces? ―pregunté calmada aunque con la voz grave, definitivamente no era mi voz.
―No te importa ―dijo girándose―. A… eres tu ―sonrío con los ojos iluminados, victoria se leía en su cara.
Miré mi pupitre. Todos mis libros rotos, mis dibujos rasgados, mis deberes arruinados y en la mesa una palabra: Zorra.
Recapitulemos, hace mucho le quite el chico que le gustaba, que conste que a mi también me gustaba mucho; por eso nos llevamos tan mal. Solté la mochila justo cuando los primeros compañeros de mi clase entraban en ella, salí corriendo tras ella apartando a mi paso a todo el mundo que se interponía en mi caminó, la alcance en las escaleras y la empuje. ¿Pero que me estaba pasando? Yo no era tan agresiva. La chica cayó rodando por las escaleras y mis pies se movieron solos hasta su lado, comencé a golpearla y ella se retorcía. La gente miraba la escena con pavor, nadie se atrevía a separarme de ella, pues habían visto algo en mi que les asustaba y ni yo misma sabia que era.
―La próxima vez te lo piensas dos veces antes de hacer nada. – le avise saliendo de la escuela, estaba cansada de estar allí.
Caminaba por la calle y otra la gente me miraba con miedo. ¿Qué le pasa hoy al mundo? Solo estoy de mal humor.
―Algo ha cambiado en ti ―escuché en mi cabeza.
―¿Eh? ―pregunté en voz alta.
―Ya no eres la misma ―de nuevo esa voz lejana.
―Buf ―resoplé y continué mi camino. La voz no volvió a sonar hasta que no llegue a mi casa.
No había nadie, que extraño. Mis padres suelen estar en casa siempre. Revisé la casa y no había nadie. Toda aquella situación... el día de hoy... todo había sido diferente, anormal y definitivamente extraño. No entendía porque la gente me temía, ni porque mis padres no estaban allí.
Dormí hasta la hora de comer, esperando a que mi familia apareciera… pero nada. Decidí llamarlos, pero el móvil no sonaba.
―Que extraño ―murmuré.
Paso el día y nadie venia a casa. Por raro que parezca tampoco me importó, y lo más raro era que no me sentía sola, sentía una presencia a mi lado, algo malvado que permanecía junto a mí.
Cené lo que quise (mas bien lo poco que quedaba en la nevera) y me fui a la cama. Estaba quedándome dormida cuando veo a alguien en mi puerta. Me levanto abruptamente.
―¿Quién anda hay? ―pregunto.
―Ya me conoces ―dijo la voz de una chica.
―No se quien eres ―salí de la cama.
―Me conoces muy bien ―la vi sonreír.
―¡Es la última vez que lo pregunto! ¿Quién co*ño eres? ―pregunté ya delante de ella. Fue cuando la sombra se acerco a mi.
―Soy tu ―susurró en mi oído.
―¿Pero que dices? ―pregunté dando un paso hacia atrás.
De repente una luz me cegó y aparecí en una sala de espejos. Raro.... pensé. Di vueltas a mi alrededor, solo veía mi reflejo distorsionado. Me acerqué a uno de ellos y me vi bien.
Ahora entendía porque se habían asustado de mi: Mi piel era pálida, mis ojos rojos y tenían dos pequeñas llamas donde tendría que tener el iris. Y, justo en el centro de mi frente, una cruz boca abajo. Del susto de verme así caí hacia atrás sentada de culo, entonces apareció lo que nunca creí ver. Era yo...
―¿Ahora me crees? ―preguntó con una sonrisa maléfica igual a la mía.
―¿Pero como? ―pregunté.
―Estas maldita ―esas palabras resonaron en mi cabeza.
Estas maldita... maldita... maldita... maldita... La cabeza me daba vueltas, los oídos me pitaban, el sudor bajaba por mi frente y sin más cerré los ojos. Los abrí con brusquedad.
―Solo fue un sueño... ―susurré intentando tranquilizarme.
―Maldita... ―susurró alguien. Me incorporé y la cara de la otra yo chocó contra la mía, con su rostro aún más horroroso que la última vez.
Cerré los ojos y deje de respirar...
YOU ARE READING
Cuéntanos tu sueño (Obra Colectiva)
Short StoryEste proyecto es una recolección de relatos cortos: de sueños. ¿No te has despertado sudando, llorando o riendo alguna vez? Si es así, debió haber sido una pesadilla bastante aterradora o un sueño demasiado satisfactorio. Sea cual sea tu sueño, escr...
