Gritos del interior

29 3 0
                                        

Era de madrugada, Ethan salió corriendo hacia el patio de su casa. Estaba sobresaltado, se esforzaba mucho para lograr respirar, arrodillado en el suelo el vapor que salía de su boca se mezclaba con el pasto, su sueño lo atormentaba, no era la primera vez que tenía la misma pesadilla, esa antigua grieta en la pared de su habitación lo tenía obsesionado, algunas veces de la misma salía una mancha negra, otras rojas, pero esta vez se abría como la boca de un gran monstruo y se lo tragaba.

Él y sus padres se habían mudado desde la ciudad hacía poco tiempo, esa vieja casona nunca lo había hecho sentir cómodo, quizá muchos cambios para él, estaba comenzando el primer año de secundaria en un pueblo que no conocía y en aquella morada que atormentaba sus noches.

Dentro de ella la fuerza de gravedad tenía más poder, ahí dentro su cuerpo parecía serle más pesado, el aire era espeso, las paredes gruesas parecían estar cargadas de humedad, el eco dispar le hacía confundir los sonidos. Sentado en su dormitorio no se podía concentrar, lo único que podía observar era la pared que separaba su cuarto del pasillo, esta era más ancha que las demás, pero nadie parecía notarlo.

Una noche sus padres fueron invitados a una fiesta.

Ya era grande para quedarse solo, pero todavía se sentía como niño que debía ser contenido y protegido por las noches, tragó saliva, sonrió tímidamente y les dijo a sus padres que vayan tranquilos, que todo iba a estar bien. Esa misma noche no se atrevió a entrar a su cuarto por miedo de ese sueño repetitivo que lo atormentaba, así que luego de recorrer toda la casa sin saber que hacer se sentó en el piso de aquel pasillo, era divertido hacer picar la pelotita de tenis por el piso, la pared y que vuelva a él. De golpe atajó la pelota y abrió muy grande los ojos, quedó tieso por unos segundos, solamente sus pupilas se inclinaron hacia la izquierda, se escuchaba como algo arañaba las paredes, el aire se enfrió de golpe, no lo podía creer, la misma pared en cuestión lo estaba asustando, pero esta vez no era un sueño, tomó coraje y apoyando las manos sobre la pared, también se animó a apoyar su oído, pero los latidos de su corazón se escuchaban más fuerte que cualquier otra cosa, nada más se oyó. Caminó preocupado hacia la otra punta del pasillo, se agarraba la cabeza, la transpiración se deslizaba por todo su ser, sus manos temblaban, miraba hacia todos lados a ver si encontraba alguna solución, necesitaba respirar hondo, pero no lo hacía para no hacer ruido, de repente, otro arañazo se escuchó en la pared y quedó blanco, sudaba frío, como si sus niveles de azúcar hubieran descendido al extremo, con mucho esfuerzo logró poner un pie delante del otro hasta llegar a la pared, otra vez escuchaba un suave rasguido en aquel muro, volvió a apoyar la oreja, pero antes de poder concentrarse, un grito estremecedor lo ensordeció provocando que quede paralizado, estando así al borde del desmayo, hasta le pareció sentir que flotaba en el aire, que estaba levitando, cuando logró recuperar la respiración corrió aturdido hacia afuera. Otra vez igual, arrodillado en el pasto, todo su cuerpo emanaba vapor, y sin mucho esfuerzo el vómito salía en cantidades de su boca, mezclándose con los mocos y lágrimas, le costó mucho recuperarse, respiró hondo, trataba de lavarse la cara con sus propias lágrimas, tratando de acomodar en su cabeza lo que había ocurrido, tratando de encontrar la lógica de convencerse a sí mismo que lo que en verdad le había pasado no era real.

Luego de unas horas escuchó que sus padres volvían, corrió hasta su cama, se tapó y fingió estar dormido.

A la mañana siguiente sus padres le contaban en el desayuno lo bien que la habían pasado en la fiesta, el los escuchaba y compartía sus risas, ocultando la amargura que tenía adentro. Lo ocurrido la noche anterior, nunca se lo contó a nadie.

Pasaron veinte años, nunca más volvió a escuchar ni soñar nada de eso. Su madre viuda había empezado a perder la razón, por lo que estaba internada en un centro psiquiátrico, otra vez se encontraba solo en aquella vieja mansión. Una noche recostado en su cama respiró profundamente, otra vez después de tantos años volvió a sentir aquel olor, esos recuerdos inundaron su mente, tan frescos como si hubieran sido ayer, con la diferencia que esta vez el miedo no iba a apoderarse de él, ya no era un niño, volvió a escuchar los ruidos en la pared, aunque la piel se le puso de gallina, agarró una masa y un corta-fierros y comenzó a romperla, empezó por esa rajadura, estaba desesperado, quería ponerle fin a eso que lo estaba afligiendo desde principios de su adolescencia, hasta lograba arrancar con sus manos ladrillos enteros. Cuando la nube de polvo se disipó, pudo ver un cadáver, todo su cuerpo se tensó al ver de quien se trataba, lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, lo que había visto era algo que jamás habría imaginado, de quien se trataba, encerrado en aquella pared, aquellos restos putrefactos yacían allí, volvieron a su mente recuerdos olvidados de la noche de la fiesta, su padre golpeando a su madre, el tratando de frenar la situación, el arma de su padre apuntando a su cabeza, volvió a respirar profundo, ese olor es la pólvora del disparo. Noche fatídica. Los recuerdos otra vez, viendo como su madre de a poco iba poniendo veneno a la comida de su padre, día tras día, en ella el dolor, el remordimiento, su mente no pudo soportarlo, y esa fue la causa de su locura, sí, lo recordó, en la noche de la fiesta no regresaron tan contentos como él creía, el disparo impactó en su cabeza, su último recuerdo fue la ira y desesperación en los ojos de su padre, quien luego decidió encerrar el cuerpo en esa espeluznante pared.

Cortos terrorWhere stories live. Discover now