Luis contaba las horas para que dieran las 12:00 PM para salir de clase, las cuales parecían eternas, no sólo es que el profesor tenía un tipo de enseñanza algo pobre tomando en cuenta el grado de estudios donde se encuentra; y los títulos que el profesor tanto había presumido tener no se notaban a la hora de que impartiera clase, sino que, ¿De qué manera se puede explicar que la clase es aburrida? Vamos hasta el mismo maestro se quería quedar dormido por lo que él mismo decía, y es que, además de todo ello junto, Luis tenía planes para esa tarde.
¿Ir a fiestas? No, ¿Ir a un cine? No, pero no le vendría mal ¿Ir de viaje? No, no tenía los recursos económicos necesarios ni para salir del Estado ¿Salir simplemente al aire libre con amigos? No, parecería extraño para muchos, pero lo que él más esperaba los Viernes era ir a la biblioteca.
La biblioteca representa para él una salida al conocimiento: la teoría y parte de experiencia mezcladas en un conjunto de páginas unidas a un libro que, permiten hacer volar la imaginación: Novelas, Artículos de Investigación, revistas científicas, libros de texto orientados a un tema... no tenía indiferencia.
Luis tocaba una y otra vez con la yema de sus dedos la paleta del banco, de tal manera que no se escuchara el desespero que sentía por retirarse, a diferencia si lo hubiera hecho con la uña. "Ta ta ta ta ta" es lo que escuchaba Luis internamente por el golpear de sus dedos, además de la charla del profesor, pero realmente a estas alturas no le hacia caso.
Luis miraba el reloj que tenía en su celular de manera discreta para ver que tan cerca de las 12:00 estaba, quedando impactado por el tiempo... ¡El profesor se había pasado 10 minutos de su clase! ¿Qué tan dormido se debe de estar para pasarse de una clase? ¿Y en un fin de semana? - (¿Será que no tiene nada que hacer?) - pensó internamente. Fue cuando el maestro del siguiente turno abrió la puerta interrumpiendo al que tenían en ese momento, que la clase terminó... ¡Al fin! Se le había hecho raro que, vez tras vez el profesor del próximo turno estuviese caminando de un lado a otro fuera de las ventanas, se le veía por el poco cabello que su cabeza contenía, tenia solo unos cuantos cabellos unidos como si de Alfalfa se tratase, por eso lo reconoció, pero finalmente todo terminó
Luis recoge sus útiles acomodándolos en la mochila, por lo regular observaba su pupitre desde arriba hasta abajo, para evitar que algo se le perdiera, y en efecto, una libreta casi se le olvidaba, así que, tomándola y colocandola en su mochila, sale del aula, con rumbo a la biblioteca de la facultad que se hallaba casi en el otro extremo de donde se encontraba actualmente, cuando baja las escaleras, un amigo suyo lo aborda.
- ¡Hermanooo! - dice mientras se cuelga de su cuello sin dañarle - ¿Vamos por unos Boneless o qué Luis? - la palabra mágica había salido, lo que le hizo agua la boca, tenía la tradición de comer unos Boneless con sus amigos.* Adoptó esta costumbre luego de que se conocieran en una reta de fútbol.* Tiempo después se vieron durante las clases del semestre, lo que les ayudó a forjar mejor su amistad, sin embargo, fiel a su primer objetivo menciona:
- ¡Por supuesto Rogelio! Sólo iré a por un libro en la biblioteca, ¿Te parece si los veo allá? - dice mientras sonríe señalando hacia donde se hallaba la biblioteca.
- ¡Claro hermanooo! Te vemos allá - dice mientras se despiden temporalmente tomando sus respectivos rumbos cada uno.
Una vez Luis toma el rumbo a la biblioteca, debía moverse por algunos edificios de 2 pisos para llegar a ella, además del estacionamiento que debía cruzar, el cual era un poco extenso, debía subir a través de ellos con cuidado pues no faltaba el estudiante - o profesor - lo suficientemente despistado como para dar un atropello descuidado.
Pasa por una cancha y, observa brevemente como algunos de los compañeros que conocía jugaban fútbol, uno de los que estaban ahí dio un potente zurdazo que provocó que la pelota diera en una pared, que por la dirección en que iba, ésta se fue hacia arriba hasta que la gravedad la hizo caer fuera de la cancha, y claro no faltaba la frase — bolita por favor — Luis ríe ante ése esperado enunciado, así que va hacia donde el balón, y se los devuelve con sus manos, decidió no patearlo para evitar caer en vergüenza en caso de que topara en la pared o cayera en otro lado que no sea dentro de la cancha — gracias Luis — fue lo que escuchó antes de tomar su camino, sin embargo una voz lo detuvo.
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Invadido
Science FictionEl hecho de que un libro te dé poderes debería ser genial ¿No? Bueno, Luis no piensa lo mismo, porque no es el único que quiere tenerlo.
