Y aquí estaba, me había jurado no volver a este lugar, mi mente bagaba entre los recuerdos más dolorosos que las olas del mar me traían, como deshechos recogidos por el mismo Poseidón, que cual secreto en una botella aparecían cuando nadie lo esperaba.
Seguí mirando al horizonte, donde el cielo y el agua parecen unirse, sintiendo la suave brisa tocando mis mejillas, y solo era capaz de preguntarme si mi cara estaba siendo mojada por el choque de la arena y el mar, o por las lágrimas cristalinas que solo sentía salir sin ningún tipo de aviso, se escapaban como si no quisieran ver más ese recuerdo que me atormentaba.
Recuerdo claramente aquel día, en el que juramos casarnos al crecer, que nos prometimos estar juntos toda la vida, recuerdo claramente como sostenía su mano con fuerza cuando él yacía inmóvil en aquella camilla, como le susurraba que nuestra promesa se cumpliría y que todo saldría bien, que siempre estaría con él, que nunca lo dejaría solo... tan solo un momento. Me fui a tomar aire, un día que no tenía el valor para hablarle sin tener respuesta, me quedé sentada en este mismo lugar, preguntándole a los dioses porqué me estaban haciendo esto, y como castigo divino por reprocharles, en ese momento me lo arrebataron, me lo quitaron de las manos cuando yo no lo veía, para que al regresar el doctor me dijera que se había ido y nunca volvería.
Cada día, cada miserable día recuerdo que rompí mi promesa, le juré estar ahí con él y sin embargo no me pude despedir. Me dijeron, que alcanzó a susurrar mi nombre, mientras yo estaba en otro lugar quejándome por no poder estar con quien amo, él me estaba buscado y no estuve ahí.
No hay día que no me culpe por eso, que al ver al mar no recuerde que ese mismo horizonte que veo ahora me quitó lo que más amaba, lo único que tenía, como si de mi corazón se tratase. Siento que desde entonces soy incapaz de respirar, de sentir, de gritar, porque ya nada tiene sentido. ¿Por qué voy a luchar? Si me quitaron mi única razón de vivir.
He pensado en suicidarme tantas veces, pero dicen que ese es un pecado castigado por los demonios, y así no podré verlo, porque estaba segura que él descansaba en el cielo. Como si nuestras almas estuvieran destinadas a estar separadas y lo único que nos uniera fuera lo mismo que nos dividió. Creí haber conocido el dolor pero me equivoqué.
Al volver a la realidad me di cuenta que las lágrimas caían como gotas de lluvia, y sin saber porqué, corrí hacia la orilla del mar, hasta sentir el agua sobrepasar mis rodillas, apretando mis puños, miré con decisión al mismo horizonte y deseando que ese borde entre el cielo y la tierra se abriera para llegar a él, grité con tanta fuerza para terminar de desgarrar mi corazón.
¡Prometo volver a nacer, y cumplir lo que en esta vida no fui capaz! ¡Aún si la otra vida me destruye solo quiero volver a estar junto a ti!
Grité con tanta fuerza que sentí temblar por un momento el lugar, mi garganta hasta ahora negada a expresar mi dolor parecía romperse, mi voz había sonado tan quebrada como mi corazón, y todos mis sentidos se rompieron al unísono.
Como si los dioses me hubieran escuchado, mi vista se nubló y me desmayé, cayendo claramente en el mar, no podía moverme, no podía respirar, pero me sentía tranquila, no era diferente a lo que había sentido desde que él se fue, y entonces cerré los ojos, escuché gritos lejanos y luego... silencio.
Desperté, en una pequeña cama, parecía un hospital, tallé mis ojos y miré mis manos, parecían diferentes, me sentía diferente.
Cuando me iba a disponer a pararme escuché una voz que me congeló por completo, pero que con suavidad me dijo:
¿Pasarías el resto de tu vida conmigo?
KAMU SEDANG MEMBACA
¿Pasarías el resto de tu vida conmigo?
Cerita PendekUna historia corta sobra lo que es perderlo todo, hablando de como la vida te castiga.
