Episodio 1: Antes del viaje

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Era mi primer viaje al otro hemisferio del planeta y mi  primer viaje sola al extranjero también

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Era mi primer viaje al otro hemisferio del planeta y mi primer viaje sola al extranjero también. Viajar (y lejos) era algo que siempre había querido hacer. El trabajo de profesora de español como lengua extranjera me había traído muchas satisfacciones por casi dos años -particularmente porque me había permitido ahorrar algo para viajar-, pero sentía que debía cambiar. Tenía unas ganas enormes de hacer otra cosa y una idea muy vaga de lo que podía hacer. El precio de estudiar en el extranjero era prohibitivo para mí. Había terminado una carrera, pero no calificaba para ninguna beca ni trabajo remunerado. Sin embargo, quería irme lejos y había decidido probar suerte.

Cada vez que podía buscaba en internet algo que me ayudara a cumplir esa meta. Un día, los resultados arrojaron algo sobre un programa de au-pair. Chicas de Perú podían aplicar para cuidar niños en Estados Unidos, Canadá, Noruega, Alemania o Austria. Por su sitio web, la agencia se veía seria y tenía buenos comentarios. El trámite parecía fácil y la inversión inicial no era inmensa. Bueno, sí lo era para mi bolsillo, pero lo podía pagar. Daban informes en la oficina 1012 de un edificio empresarial que quedaba de camino entre mi trabajo y la habitación en la que vivía por aquel entonces. Un buen día de la primera semana de octubre, decidí entrar a preguntar.

La oficina 1012 quedaba en el piso diez. Una puerta marrón conducía a un área reducida, que parecía aún más pequeña por la división en cubículos.

-Buenas tardes. ¿Puedo ayudarte? -me saludó una mujer de mediana edad, cabello negro y rasgos fuertes sentada en medio de un desorden generalizado de archivadores y papeles.

-Vengo para informarme sobre el programa...

-¿De au-pair? -me interrumpió.

-Sí -contesté tratando de sonar segura.

-Claro. Toma asiento, eh...

-Lucero.

-Un gusto, Lucero. Yo soy Violeta.

Violeta me comenzó a explicar en qué consistía el programa y de paso me preguntó tooooodos los detalles de mi vida. Cuando llegamos a la parte de los idiomas, me miró complacida cuando supo que hablaba alemán.

-¿Alemán? ¿Cómo así?

-Aprendí alemán y francés en la universidad.

-Excelente. Entonces te irás a Alemania. ¿Tienes un certificado del idioma?

-No.

-Bueno, pues sacarás uno. Eso no es problema. Además, la familia te pagará un curso para mejorar tu alemán. ¿Cuándo cumples veinticinco?

-En febrero.

-Ajá. Entonces tendrás que estar volando en enero. Llena esto con tus datos y en breve te comunicaremos con qué familia te tocará vivir un año.

Hice como me había indicado. Más tarde, al salir de la oficina, en mi cabeza todo daba vueltas. ¿Alemania? ¿Y la visa? ¿Y el examen? Aunque todo eso era lo de menos. Había crecido sin hermanos, ni primos y había enseñado solo a adultos. Así que nunca antes en mi vida había cuidado a un niño... ¡ni por cinco minutos!

 ¡ni por cinco minutos!

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