Era una noche particular, bella por sí misma, una noche brillante, que bañaba amantes a luz de luna, con horizontes inexplicablemente anaranjados, con el aire soplando con la intensidad perfecta, resonaba y rugía imponente, se escuchaban algunos automóviles, ni tan rápido, ni tan despacio, estaba drogado, lo suficiente como para que fuese divertido y no desgarradoramente triste, le tome gusto a los 13, aproximadamente, en la secundaria.
-Weyes, conseguí marihuana.
-De seguro es orégano, pendejo.
-¿Como chingados vas a conseguir Marihuana tu?, Eres un pendejo.
-Yo ya la probe, mis hommies me invitaron hace un chingo.
A la salida, seguimos el mismo camino de siempre, bajando las escaleras, derecho hasta una nueva inclinada y extensa pendiente, pero no seguimos el empedrado, caminamos hacia la senda, un pequeño camino de terracería que atravesaba el cerro, a la mitad del camino había un tronco caído, un árbol torcido y rocas lo bastante grandes para ser usados como asientos
-¿Y bien?
-Si, sácala, ¿o era puro verbo?
-Eso hago idiotas
-¿Y en que chingados vamos a fumar?
-¿Alguien tiene una Cana?
-No
-Nel
-No madres
-¿Que es una Cana?
-No wey
-Yo traigo la mota
-¿Entonces en que puta madre vamos a fumar?
-Yo traigo cigarros, ¿destripamos uno?
-Va wey, destripa el tafo, en lo que vemos si es mota o nel
La bolsa pasó de mano en mano, todos la oliamos, como si todos supiéramos de que se trataba, hasta que llegó a sus manos
-No chingues
-¿Que wey?
-¿Si es o nel?
-Si es
La exitacion nos invadió rápidamente, algo tan tentador y prohibido, tan pecable para nuestras pequeñas y estupidas mentes, el fruto prohibido de la adolescencia, aquello que tanto deseábamos probar, al alcance de nuestras manos
-Zancudo, descamocha
-Sacala pues pinche cuellon
-¿Ya acabaste de destripar el tafo?
-le falta poquito wey, lo de hasta abajo
-Enano, ayúdale a descamochar
Los de más solo veíamos, esperando que el cigarro estuviese relleno.
-Listo, destripado papá.
-Pasen lo que tengan descamochado.
Así se llenó de poco a poco, mientras a nos daban un poco de marihuana a nosotros, para comenzar a molerla y llenar el cigarro más rápido, y así fué.
-Listo weyes, ya está bien lleno
-¿Quien le da el primer jalón?
Lo haría quien trajese un encendedor
-Quien traiga un sincho ¿No?
-Yo tengo uno
Dije
-Ah perro, vas a darte el primer toque
-Si sabes cómo ¿No wey?
-No mames obvio sabe, es el único que puede sacar el humo por la nariz
Lo encendí, tenía un sabor tan extraño, me desagrado al principio, me comenzaba a arder la garganta, Dios, era peor que el cigarro, comencé a toser escandalosamente, todos comenzaron a burlarse
-JAJAJA ¡al Tiro wey!
-No mames denle agua JAJAJA
Lo disfruté bastante, sabía que les pasaría lo mismo y que iba a burlarme igual
-¿Que se siente wey?
-¿A qué sabe?
-¿Ya ves cosas?
-¿Quieren saber?
-¡QUE SI CABRON!
-Dense un toque pa' que vean que pedo
Lo fuimos pasando, de mano en mano y de boca en boca, un jalón y un jalón, para cuando se acabó, todos teníamos una estúpida sonrisa en la cara, algunos, incluído yo, teníamos los ojos un tanto irritados, me sentía muy ligero y tranquilo, alegre, con un poco de sueño, de muy buen humor, y por lo visto, todos sentíamos lo mismo, comenzamos a reír espontáneamente, a todo pulmón, felices de estar ahí, de ser amigos y de estar drogados, tanta fue la emoción, que decidimos hacer otro
-¿Tons que putos?, Armamos otro
-Yo lentro' wey
-Camara, se hace
-Va va va
-Saca la mota pues
-Yo pongo el sincho
Nos volvieron a repartir un poco a todos, comenzamos a moler, y a sacar el tabaco del cigarro, fue un poco más rápido que la primera vez, pero también, mil veces más torpe.
-Listo, ya está lleno.
-Bauticenlo pues.
-Saca el sincho.
Y así lo hice, lo encendí y de nuevo, fui el primero en fumar.
El tiempo pasó increíblemente rápido, estábamos tirados sobre la hierba y la tierra, riendo, felices, no conseguía enfocar, todo se movía muy rápido, moriamos de hambre y de sed, eran las 5 de la tarde.
-Vamos por un bajón.
-Y luego a la chingada.
-Va.
-Va.
-Hagan paro, saquen 5 varos pal' bajón.
Caminos el resto de la senda, hasta llegar a una tienda que conectaba con el camino empedrado, entramos todos, papas, refrescos, galletas, pan, cualquier cosa era buena para calmar el hambre insaciable que teníamos, aún nos reíamos un poco al bajar, cansados, hambrientos, reprobados, amenazados, sentenciados castigados, regañados, reportados, señalados, los de hasta atrás, auténticos idiotas siendo ellos mismos, irrepetibles, inigualables, caos, tranquilidad y felicidad.
Nos separamos en el puente, casi todos llendo a lugares diferentes, nos despedimos fríamente, creíamos que eso nos hacia ver más maduros, más hombres, idiotas.
Subí al camión, me puse los audífonos, con música a todo volúmen "Virus - Dame Una Señal", maldita sea, que bien se escuchaba, tan bien como se escucha esta noche, una noche tan igual a hace tantos años, con la noche anaranjada bañando todo en luz de luna, tan bella e imperturbable, calmada, pero imponente, cual emperatriz, tan solitaria y acojedora, tan hermosa que apenas estoy vivo.
O tal vez, volví a fumar demasiado, otra vez
YOU ARE READING
Renacido
Non-FictionUn hombre que de la nada ha vuelto, no piensa quedarse mucho tiempo
