Es tarde...
De hecho, son casi las cuatro de la madrugada y tú, aún no apareces. Se ha vuelto una costumbre tuya el llamar para avisar que llegarás un poco mas tarde de lo que imaginabas. Con tu tono, que se ha vuelto indiferente, me pides que te disculpe —aunque estoy segura de que en realidad no lo sientes— pero que en breve, lo más pronto que puedas, estarás conmigo en casa; esa que compartimos desde hace casi tres años, cuando decidimos vivir juntos.
Recuerdo que estabas muy emocionado, tus ojos brillaron con mayor intensidad apenas cruzamos la puerta. —¡Es perfecta! — exclamaste cuando llegamos al jardín que, aunque evidentemente necesitaba mucho trabajo, era realmente grande, fresco y hermoso, tengo que decirlo.
—¡Un ventanal!— dijiste mientras chasqueabas los dedos repetidas veces —No... ¡Una gran puerta de cristal! —decidiste un segundo después y giraste dándome la espalda por un momento —Desde aquí tendremos una vista increíble al jardín. Sé que lo dejarás muy hermoso. Tus manos...—tus largos pasos te llevaron hasta mi en un par de segundos —tus manos hacen magia...—Dios mio, Dimash... ¿Cómo no amarte?
De verdad quisiera saber dónde quedó todo aquello.
Extraño al Dimash que despertaba a mi lado con esa sonrisa gigante enmarcada por aquellos suaves y bellos labios; aquel con el que podía reír durante horas una vez que explotábamos en carcajadas; el Dimash al que tomaba de la mano todo el tiempo, sin importar lo que estuviéramos haciendo. Siempre podía disfrutar de tu cálido contacto. Realmente extraño mucho al hombre que gustaba de experimentar conmigo en la cocina preparando platillos que, aunque a veces no tenían el mejor aspecto, siempre resultaban deliciosos por el simple hecho de haber sido preparados estando con él.
Nuestras charlas de café eran lo mejor porque siempre te queda delicioso. Esa es tu arma secreta y no dudas en usarla contra mi, porque sabes que no puedo rechazar una taza; sobre todo si tus manos la han preparado. Me cuesta mucho encontrarnos en esta situación. Te amo tanto... Desde nuestra primera taza de café.
Era un día helado. No podría haberte conocido de otra manera. Siempre lo había imaginado así: que el hombre de mi vida aparecería con el invierno haciendo travesuras por toda la ciudad. Me gustaba pensar que aparecería como un regalo de la época, quizás sonará muy cursi —de verdad me gustaría conocer el verdadero significado de esta palabra—, pero así lo soñaba e inesperadamente fue así como se dieron las cosas. Te encontré por una feliz coincidencia aquella noche nevada en la que sólo una taza de buen café podía devolverme un poco de calor al cuerpo. Apenas cruzaste la puerta, un par de empleados se acercaron a saludarte y noté como les correspondías con una cortesía admirable. Me di cuenta porque no podía apartar mis ojos de ti ¡Eres tan increíblemente apuesto! Quizás esto es lo que las demás personas llaman amor a primera vista. En ocasiones llegué a sentirme como una fanática, cuando te admiraba desde lejos. Si, digo en ocasiones, porque después de aquella noche en que te vi por primera vez, volví con más frecuencia con el deseo de cruzarme contigo nuevamente y de verdad que fui afortunada porque casi siempre podía encontrarte.
Solías sentarte a la mesa del fondo del lugar. Estaba justamente al lado de una de las dos grandes ventanas desde las que podías ver a la calle; sus luces brillantes y festivas, el ir y venir de las demás personas, los autos que pasaban por ahí, el hombre disfrazado como el viejo bondadoso de cabellos de nieve, con ese traje de un brillante color rojo al que todos los niños saludan animados. Por estos días parecías completamente absorto en la escena del exterior y yo me encontraba en las mismas condiciones mientras estabas frente a mi. Ahora que lo recuerdo, me siento como una acosadora y no puedo evitar reír por ello.
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La más amarga de todas (Dimash Kudaibergen)
FanfictionEstar sin ti, es como beber café amargo; como beberse la taza más amarga de todas...
