El Secreto Del Mar

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La suave y blanca arena de la playa se fundió en un apasionado abrazo con las olas. Y Laura desapareció con ellas.

Quería comprobar si la historia que le contó tantas veces su madre cuando era niña era verdad. Una rocambolesca historia que jamás se pudo sacar de la cabeza. Ahora que ya no estaba, quería demostrar que su madre no estaba loca. Aunque en el fondo ella también lo pensaba. Pero podía más ese espíritu aventurero que cosquilleaba en su interior ante semejante azaña.

-La encontrarás bajo los acantilados del oeste, en lo más profundo del Océano, en el corazón del mar donde, no solo el profundo frío de sus aguas te congelará el alma, sino también lo que allí se esconde.

Laura buceó hasta donde el frío casi le impedía respirar y de repente, ante sus ojos, apareció. Ahí estaba. Una inmensa pirámide; algo deforme y cristalizada por aquel infierno helado.
Bajó hasta encontrar la entrada y, como bien vaticinó su madre, aquello era algo más grande de lo que jamás su desorbitada imaginación podía llegar a superar: ante sus ojos seres alados volaban en círculo. Era un espacio compuesto básicamente por hielo, el cuál deslumbraba cuando los cabellos de las sirenas, que parecían los propios rayos del sol, se reflejaban en las paredes.

Había bajado demasiado y eso le pasó factura. Después de estar unos segundos observando, sintió los ojos pesados y perdió el conocimiento.

Cuando despertó se encontraba en el hospital. Recordaba perfectamente todo lo que había visto, pero sabía que no podía decir nada. No sólo porque nadie la creería, sino también porque sabía que el ser humano era demasiado cruel como para convivir con aquella especie tan delicada y hermosa.

Una vez en casa, se dio cuenta de que llevaba un colgante con uno de esos cristales. Parecía brillar con luz propia y se sintió contrariada y a la vez agradecida, porque sabía que no había cogido ella ese cristal. De algún modo había aparecido en su cuello.

Salió una noche a la orilla de la playa y cerrando los ojos, deseó con todo su corazón volver a verlos.

En el momento en que los abrió, el mar empezó a ondear suavemente primero, y más fuerte después hasta formar un gigantesco y estruendoso remolino que, al diluirse, dejó al descubierto a una de las sirenas que había visto. Tuvo que pellizcarse para darse cuenta de que no estaba soñando. Con un gesto la sirena le indicó que se acercase y ella rápidamente y como si estuviese hipnotizada por tanta belleza, obedeció.

-Este colgante es especial-comenzó a hablar la mujer con una voz suave y misteriosa-. Apareció en tu cuello en el momento en que renunciaste a confesar nuestra existencia. Tu madre te lo contó porque nunca creyó que fueses capaz de buscarnos y encontrarnos. Esto es un pequeño presente que te une a nosotros, de un modo muy especial. Si alguna vez te adentras en el mar y te encuentras en peligro, no dudes en apretarlo contra tu pecho y pensar en nosotros. Te garantizo que ni una sola gota te lastimará.

Dicho esto, levantó los brazos juntando las manos, levantó la cabeza y desapareció absorbida por el mismo remolino que antes la había traído.

Laura cerró los ojos y se lo agradeció profundamente. Un torbellino de felicidad y euforia recorría cada centímetro de su ser y sus vellos se erizaron, atraídos por un inmenso escalofrío.

Cuando los volvió a abrir estaba en la cama. Se puso muy triste porque pensó que todo había sido un sueño. Pero cuando se llevó la mano al cuello, el colgante seguía allí.
Sintió entonces,
la certeza de que sus amigos jamás la abandonarían mientras llevase con ella ese incalculable regalo.

El secreto del mar Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora