Prólogo.

967 71 0
                                        

07 de marzo, jueves. 03:07 am.

El sonido de la alarma comenzó a resonar en la institución penitenciaria, despertando a todos los presos que habían conseguido conciliar el sueño a pesar del ambiente en el que se encontraban. Atónitos, se acercaron a las rejas de sus celdas e intentaron vislumbrar a través de la penumbra, encontrándose con un conocido escenario: las puertas del cubículo 284 estaban abiertas de par en par. Ante aquella imagen, los murmullos no se hicieron esperar. Era la cuarta vez en lo que llevaban de año que el mismo preso intentaba escapar, claramente sin previo éxito.

Un amplio número de oficiales se había reunido para rastrear cada milímetro de la prisión, en busca del reciente fugado. De acuerdo a los datos que habían recogido en unos pocos minutos, la última revisión se había realizado a las 2:48 am, por lo que el sujeto en cuestión no podía estar muy lejos. Era de vital importancia dar con él, su perfil de peligrosidad era sorprendentemente alto y no podían arriesgarse a que semejante criminal rondara las calles repletas de inocentes. No encontrarle no era una opción válida en ese momento. Con esa idea en mente, se pusieron en marcha.


Diez, veinte, treinta minutos transcurrieron y seguían sin dar con el paradero del preso 284. La incertidumbre y el miedo comenzaban a hacer mella en los agentes, que perdían la esperanza de atraparle según iban avanzando los minutos. Habían buscado por toda la edificación y alrededores, pero no había manera. Era como si hubiera desaparecido por arte de magia.

Pero no fue así.

Al cabo de una hora el hombre apareció, magullado por la agresividad en la que los oficiales habían arremetido contra él nada más verle. No buscaban hacerle daño, pero sabían que era la única forma de detenerle: o empleaban la fuerza, o lo haría él con sus futuras víctimas. Era una cuestión de preservar el bien común, todos lo entenderían.

El silencio volvió a apoderarse de la institución, en donde se experimentaba una extraña y preocupante paz, aunque no duraría mucho tiempo. Aquello no había terminado, de hecho, solo acababa de empezar.


Intento de fuga número cuatro: fallido. El último que fracasaría. 

Protection.Tempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang