Midori

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"A veces, está bien ser egoísta, a veces, hay que hacer las cosas que están mal vistas y no dar ejemplo. A veces, tenemos que luchar por nuestra propia felicidad y no hacer lo políticamente correcto."

Midori.

Voy a explicar una historia. Creo que eso es algo lógico ¿no? Es una historia del pasado, de cómo conocí a alguien totalmente diferente al resto, la historia de ella. Pero empezaré por el principio.

Si alguien me hubiera dicho que iba a correr por la estación a las 4 de la madrugada con una chica vestida de maga que me había raptado previamente y que además iba a ser perseguido por un guarda, me hubiera reído.

Me hubiera reído y hubiera mostrado la mayor hipocresía del mundo, pues en el momento que lo viví, más que reír, quería llorar.

Pero para que se entienda bien la situación debo retroceder a aquella mañana, al primer día de curso. Al principio de todo.

Lunes 7:00h 17/09/2018

Me desperté como todos los días, con la boca reseca, los ojos llenos de legañas y unas ganas increíbles de apagar el despertador de los Simpson que regalaban con el periódico.

-¡Javier!- chilló mi madre- Baja de una maldita vez.

Hacía dos minutos que me había despertado y la buena de mi madre ya me regañaba, bien, todo normal.

Porque si había algo que me describiese era eso, normal.

Me presento, soy Javier. Por aquel entonces tenía quince años e iba a cuarto de secundaria. Soy castaño, mis ojos marrones y soy algo blanco. Ni muy bajo ni muy alto, ni muy gordo ni muy flaco, ni muy guapo (ya me gustaría) ni muy feo, ni muy listo ni muy tonto... Sí, normal era mi mejor calificativo. No destacaba en nada y, por eso, usualmente me llaman aburrido.

Bajé las escaleras y me encontré a mi hermana pequeña cantando, a mi padre leyendo el periódico y a mi madre sirviendo las tostadas.

Mi padre, Manolo, era barbudo, rechoncho y sabio. Trabajaba en una empresa china de robots, nunca estuve muy interesado. Mi madre se llamaba Celia, una fan del cotilleo que anteriormente había sido muy guapa. Era morena y de ojos verdes, sus labios eran gordos y su piel más bien pálida. Era conocida mundialmente (la gente del barrio) como la hija de La Mari, Mari era mi abuela. Trabaja como empleada en una carnicería.

Mi hermana Laura era la reencarnación de Satanás, una niña de 10 años que mataba por los Gemeliers y rezaba todas las noches con encontrarse a Martina Stoessel por la calle. Su cabello es marrón y sus ojos verdes, a diferencia de los míos.

Tengo una hermana mayor, Clara. Tenía 22 años e iba la universidad, por lo que no la veía casi nada debido a que se pasaba el día estudiando medicina. Clara siempre había sido alguien poco unido a esta familia. Odiaba nuestra maldita normalidad.

-Es mi último año en primaria- dijo Laura acabándose el vaso de leche- y solo he tenido 6 novios, estoy replanteándome mi vida.

Laura llamaba la atención de los críos, absolutamente contraria a la que yo llamaba con las chicas.

Mi madre empezó a reír y dijo:

-No creo que debas preocuparte ahora por eso.

-Eso le dijiste a Javi y por eso no ha traído a nadie a casa- reprochó ella.

Mi padre empezó a reír y yo dije:

-Ya y por eso te quedaste con papá, porque era el único que quedaba.

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