Capítulo 11.
Cuando abrí los ojos me encontré a un doctor frente a mí. Miré de inmediato a mi alrededor para saber dónde estaba, y entonces vi a Andrew, y a su lado Theodoro. No estaba en un hospital, de hecho seguía en la empresa, en la oficina de la sra. Teresa; ella también estaba aquí. Y la sra. Abigail. ¿Qué? Apénas comenzaba a darle vueltas a mi cabeza cuando el perrazo Thomas habló a mi espalda.
—Bien, ya ha despertado —dijo apareciendo frente a mí. En cuanto lo vi, me quedé estupefacta. ¿A qué se debía esto? Todas estas personas reunidas y yo en medio, me causaba tanto vergüenza como escalofríos.
—Hola señorita —dijo el doctor frente a mí—. ¿Cómo te sientes?
—Bien —dije de inmediato, asintiendo con la cabeza. Quería huir ya de ahí.
—Eso es bueno. Has tenido una baja de tensión, ¿te ha pasado antes?
Nunca había visto al Príncipe bueno y Príncipe malo juntos, así que no.
—No.
—Bien, tienes que descansar ahora. Y, si esto vuelve a pasar, tienes que ponerte en contacto conmigo —me dio una tarjeta personal—. Eres una persona joven, y a esa edad es que comienzan a darse cuenta las personas que padecen de la tensión. Si algo sucede, llámame de inmediato para ponerte en control, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
El doctor se levantó, y el perrazo Thomas lo acompañó afuera.
—Teresa y Abigail, esperénme en la sala de reuniones —dijo antes de salir—. Theo, ven conmigo.
Así que, todos se fueron, y una vez más, éramos sólo Andrew y yo.
Mi corazón se agitó y quise llamar al doctor de nuevo, ¿tal vez iba a sufrir un infarto ahora? Andrew se acercó, y se me secó la garganta, tragué saliva mientras él se sentaba frente a mí. Su cara seria, casi molesto.
—¿Estás bien?
—No —dije, antes de pensarlo—. Es decir, sí... —corregí—. ¿Puedo irme ya?
—Había olvidado que estabas loca —soltó una pequeña carcajada amarga, y algo me dolió.
¿Significaba que me había olvidado, verdad? Haberme dicho que estaba loca no era porque le gustaba, era porque en serio le parecía falta de cordura. De repente me sentí llena de ira.
—Sí, estoy loca. Falta de juicio. Carente de cordura —farfullé, casi con rabia—. ¿Puedo irme ahora?
Él me miró como si me analizara por un momento, y después suspiró.
—Espera, papá ya dará las intrucciones, tienes que esperar, ¿vale? Tal vez te den algún día de reposo, o yo que sé.
—Claro, tú que sabes —seguí reprochando.
—Disculpa, ¿hay algo que me quieras decir? —reprochó él ésta vez.
—¿Qué te hace creer que siqiera quiero dirigirte la palabra?
Andrew pareció atónito. Me miró sorprendido por un momento y luego tragó grueso.
—Así que... me odias, ya veo. Pensé que habíamos quedado en buenos términos...
—No quedamos en nada —ni siquiera sabía por qué estaba intentando ser tan cruel, pero sentí cómo una mantita protegía mi corazón.
—Ya veo —rió un poco—. Tampoco pretendía que fuesemos amigos, aquí la que está falta de cordura eres tú, no yo —y entonces se levantó.
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El Príncipe que yo quiera [Completa ✔]
ChickLitSandra Sheffer soñaba con ser una princesa, pero cuando creció, y terminó siendo una secretaria con vida monótona, se dió cuenta que la vida real no era como en los cuentos de hadas. Sin embargo, pronto se hace evidente que los príncipes existen, y...
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