Era uno de esos días grises, que saben a vinagre con sal, que traen entremezcladas, en las gotas de lluvia, esas que parecen reglamentarias de cada séptimo día de la semana, punzadas de maltrato y desazón, reclamando en el reflejo de la cera los logros y Fracasos de los que hablaste la noche anterior, de esa llegada tarde a el trabajo, o cuando un carro pasó y bajo sus ruedas escupió agua sucia que hizo sentir a tu abrigo café favorito humillado, del increíble capuchino que probaste en la semana o la sonrisa de aquel chico que parecía haber conseguido en cielo, ves cómo pasa la gente, corriendo a regresar a sus vidas en medio de los lamentos del cielo, y solo logras pensar en cómo parece, al menos en la superficie, que todas sus vidas son oscuras y sin sentido, tal vez porque tu perspectiva está corrida, tal vez porque solo logras ver lo amargo de cada segundo que se consume en el reloj , pero apenas es un día, una tarde sola en casa, ya mañana tendrás derecho a no sentirte encadenada, a no ahogarte en vasos de agua, desdichada porque no tienes con quien pasar los domingos.
